Los amigos de Pablo Casado ya no se llaman Cayetana. Tras meses de conflictos internos y excentricidades externas, el líder del PP cesaba a uno de sus primeros y más flamantes fichajes: Cayetana Álvarez de Toledo dejaba de ser la portavoz parlamentaria del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, pese a lo que pueda parecer, el hecho en sí queda minimizado por la avalancha posterior.

Lo que debía haber sido, por lógica y contexto, una operación reseñada en los medios pero llevada en silencio por parte de los implicados, se convirtió en menos de dos horas en un tema espectacular, marcando la agenda informativa en redacciones y sedes de partidos, y pasaría a incendiar (aún más), las redes sociales. Lejos de llevar el asunto con sobriedad, la ya ex portavoz se personaba ante los leones del Congreso para proclamarse “verso libre” ante los micrófonos, con un discurso que de improvisado no tenía nada.

Más de 30 minutos de comparecencia que arrojan muchas y muy importantes claves tanto políticas como comunicativas y estratégicas, la mayoría de las cuales gira en torno a una idea principal: Cayetana no piensa irse de la primera línea. En primer lugar, destaca el encuadre físico: situarse EN el Congreso, pero no DENTRO del Congreso representa un gesto simbólico fundamental, dibujando que, pese a lo que se haya decidido por parte del partido, su impulso es el de “seguir allí”.

Su tono duro, dirigido contra el actor principal de su destitución, Pablo Casado, es utilizado para repasar una por una las razones por las que el líder popular habría decidido cesarla de su cargo, contraargumentándolas con la ventaja de no tener enfrente una respuesta inmediata. Como analizaremos a continuación, cada una de ellas será un arma que Álvarez de Toledo utilizará sucesivamente para reforzar su propio perfil, convirtiendo una situación que parecía adversa en un altavoz ideal.

Según la ex portavoz, el abulense habría reprendido su “sobreexposición”, lo que aprovecha de dos formas: por un lado, presenta a un Casado débil, que necesita quitarse las voces fuertes para que no le hagan sombra, tildándolo sutilmente de dictatorial; y por otro, se erige a ella misma como figura relevante a la que estima que hay que tener en cuenta. Le acusa además de una tremenda falta de visión política, esgrimiendo su supuesta libertad como diputada, haciendo hincapié en que desde Génova se pretendía mantener un control férreo sobre el grupo parlamentario, algo con lo que ella no habría estado de acuerdo y contra lo que, argumenta, habría luchado en más de una ocasión, solicitando por ejemplo la ruptura de la disciplina de voto.

Defiende no sentirse parte de ninguna corriente interna, y se desmarca de lo que llama visión “binaria” dentro de un partido, aludiendo a que su cese se debe, entre otras causas, a su posición respecto a la “necesaria heterogeneidad” dentro de la organización: “Siempre he creído que la discrepancia no es sinónimo de deslealtad, que la libertad no es indisciplina y que el pensamiento propio no es un ataque al a autoridad”, justificaba, añadiendo a su botín personal el posicionamiento de la cúpula del PP como un núcleo despótico. El hecho de buscar que se la vea como alguien independiente, alejada de las decisiones que tome el partido, puede ser fundamental para mantenerse con una exposición mediática y política alta, ya que podrá criticar todas las acciones controvertidas sin las ataduras aparejadas a su anterior cargo.

Otra de las claves que sutilmente deja caer, aludiendo indirectamente a su futuro, es su posición con respecto a Vox. Se desmarca completamente de sus posiciones, rechazando lo que podría haber sido una anexión importante para el partido de Abascal, y aprovecha la coyuntura para atacar frontalmente las supuestas posiciones moderadas de algunos líderes populares, aludiendo a que ella es tildada de radical, pero “son otros los que gobiernan con Vox”. Importantísimo cambio, pues hasta el momento, todos los altos cargos del PP, incluida ella, habían defendido que no gobiernan CON, sino con el APOYO DE la formación verde.

En la misma línea, trata de pasada temas relevantes para el votante tradicional de derechas, como es por ejemplo la elección de cargos judiciales, mostrándose enfrentada en todos ellos a lo que decide la parte alta de Génova, para tratar así de buscar una afinidad fuerte con el electorado de base del PP. Juega también el papel de víctima, aludiendo a que Casado ya ha rechazado que se utilicen fondos del partido para su defensa contra la querella que presentó Pablo Iglesias después de que ella llamase “terrorista” a su padre.

Finalmente, trata también de representarse como la opción real de moderación de cara a las negociaciones parlamentarias, pues acusa directamente a la dirección popular de ni siquiera plantearse un pacto a gran escala con el PSOE “que les hiciera romper con Podemos”, algo que ella habría planteado y a lo que llega a llamar Gobierno de Concentración (la retórica del 23F aparece de forma clara, voluntaria o involuntariamente).

Y ahora, tras la tormenta, llega la calma, aunque sea de forma momentánea. El rechazo a Vox y a anunciar aún cual será su futuro político, unido a la cantidad de alusiones a que seguirá en primera línea solo le dejan dos vías antes de verse diluida en el grupo parlamentario si mantiene su escaño: una plataforma propia, similar al Más País de Errejón, con escasa incidencia pero manteniendo su exposición (aunque habría de esperar a las siguientes elecciones, con lo que podría mermar su efecto); o el camino más extremo pero también el más beneficioso para sus aspiraciones, que sería el de retar directamente a Pablo Casado y forzar al partido a convocar unas primarias. Esta última opción tendría lógica y base, pues la historia reciente nos demuestra que, el voto de la militancia, aun con el aparato en contra, puede determinar hacia dónde se inclina la balanza. Y es que las ruedas de prensa no ganan elecciones, pero encumbran candidatos.

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