Guillermo del Toro, una eminencia en el mundo del cine; conocido por películas como El espinazo del Diablo, Hellboy o El laberinto del fauno; sigue haciendo de las suyas. Sus creaciones son un parpadeo plagado de seres extraños, que en algunas ocasiones se acercan a la mitología, y en otras, al futuro más lejano e imaginario en el que poder adentrarte.

La forma del agua es, de nuevo, una de estas maravillosas creaciones; un sueño hecho película. De la mano de actores como Sally Hawkins, que interpreta a Elisa, la protagonista de la historia; Doug Jones; Octavia Spencer o Richard Jenkins; cuyo papel representa la cara sensible de los hombres de la época.

Cómo en todo sueño; existe un vulnerable bicho raro que espera ser “rescatado” por la sensibilidad inaudita de otro ser, que comparte rasgos con el anterior, aunque pertenezcan a mundos diferentes. Una composición que a simple vista puede parecer plana y sencilla, pero que Del Toro armoniza y pervierte hasta convertir en una verdadera obra de arte.

Nos situamos en plena Guerra Fría, donde los enfrentamientos entre Estados Unidos y la Unión Soviética estaban a la orden del día, y surgían en cualquier campo; incluyendo el científico. Ambos competían por la supremacía, el poder, el reconocimiento.

En este contexto, el hecho de encontrar un hombre anfibio, supuso el recelo por parte del otro bando y, al mismo tiempo, la gran responsabilidad de hacer lo correcto con el susodicho.

Lo que no esperaban, ninguno de los dos bloques, era que apareciese en este devenir de decisiones, el más poderoso de todos los bienes terrenales; el amor.

Me gusta especialmente el papel que le es otorgado a la mujer: Transformemos la idea de que debe ser un príncipe quién tiene que rescatar a la princesa, y subrayemos, de una vez por todas, nuestras capacidades y valentía para afrontar cualquier situación. Elisa, la protagonista, es la figura encargada de dar un giro de trescientos sesenta grados; la que arriesga su vida, la que se enfrenta, ayudada de manera crucial por su amiga, a la crueldad de aquellos que únicamente respiran su propio aire.

Una melodía sensorial que despierta la más recóndita de nuestras fantasías. Personajes muy especiales, con un trasfondo sincero y altamente conmovedor.

Ganadora de cuatro estatuillas en los premios Óscar; mejor dirección para Guillermo del Toro; mejor película; mejor diseño de producción; y, finalmente, mejor banda sonora, de Alexandre Desplat.

En definitiva; una prodigiosa pieza cinematográfica, de la que saldrás… empapado.

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