Este fin de semana los aficionados al deporte y más concretamente del fútbol fuimos testigos o al menos nos bombardearon las noticias con la derrota (una vez más) del Real Madrid ante el Atlético de Madrid en el mismo corazón del madridismo en lo que viene siendo desde hace ya varios encuentros una victoria en el estadio Santiago Bernabéu.

Más allá de la crónica deportiva y la ya saturación de información que tenemos día a día aprovecho este espacio que poseo no sólo para dar mi opinión, sino para hacer clara una postura que con el paso del tiempo va haciendo surgir otra faceta que cada vez conozco menos del que hasta hace no muchos años hubiera sido un gran hincha atlético, esta vez y para variar un poco me refiero a un servidor.

No recuerdo la fecha exacta en la que empecé a sentirme poseído por los colores y por la euforia que inunda todavía en parte a este país y que tanto tiene que ver con nuestra cultura propia: Hablo del fútbol y de nuestra posición hacia un equipo. En este caso, como ya oí hace tiempo la maldita euforia atlética fue la que caló hondo en mí mismo e hizo calar hondo en mi corazón la semilla de la unión que siento hacia ese equipo y que estará ahí por toda mi vida.

No recuerdo haber disputado muchos títulos por mucho tiempo y sin embargo recuerdo el descenso a segunda división. Fueron tiempos en los que era muy difícil ver a algún compañero atlético por la calle. Y ni pensar tan siquiera una camiseta o unos colores.

Choca ahora con estos tiempos en los que uno mismo no es capaz de administrar esta nueva resurrección del equipo iniciada con el todavía entrenador Quique Sánchez Flores y con el actual y figura más importante a petición de este redactor de reseñar a Diego Pablo Simeone. No sólo como aquel gran personaje y profesional que supo levantar de nuevo a un equipo que no creía reponerse de las salidas que sufrió y que vio como el fin de una etapa el declive tras la Europa Legue años atrás.

Diego Pablo Simeone está trascendiendo día a día de la que fuera su etapa como jugador en el Atlético de Madrid y sin duda alguna está desarrollando una labor impagable y desde luego histórica de conseguir convertirse en una pieza clave entre el vestuario y la afición. Dato que con la edad que va recogiendo mi cuerpo pido prudencia al resto de Atléticos y que no nos dejemos acostumbrar por tanto éxito.

Más allá de todo este despliegue de euforia y palabrerío propio de un pequeño hincha tengo que resaltar que el tiempo y la edad están cambiando mis propias posiciones con respecto a este tema en concreto del fútbol.

Opino como ya otros han dicho multitud de veces (no es un tema ni mío, ni nuevo) que estamos haciendo del fútbol no sólo un elemento deportivo donde los equipos no compiten entre ellos.

Me perdonarán la inocencia con las que pronunció estas palabras, pero convengo en que el “fútbol” no sé si alguna vez lo fue, pero desde luego no es sólo fútbol.

Venimos atribuyéndoles toda una serie de valores que nos impiden de vez en cuando prestar más atención a otro tipo de cosas más del día a día y que a opinión mía también requieren nuestra a atención y nuestros asuntos.

Me alarma demasiado el ingente espacio informativo que inunda cada día nuestra prensa escrita y nuestros medios informativos donde muy pocos espacios hablan de otra cosa que no sea fútbol. Ya no de deportes, sino de fútbol. Clásico esto, derbi el otro. Que si Messi está o no al 100%. Que si Cristiano opina que el resto del equipo debería jugar a su nivel.

Este tipo de noticiarios que inundan los medios de comunicación y que saturan las redes de comentarios no hacen sino que disminuya cada vez más la atención que este humilde redactor realiza sobre el fútbol y desvirtúa el deporte día sí y día también.

Estamos transformando el deporte en otra cosa, que cada día está más cerca del esperpento que de un enfrentamiento entre dos clubes de fútbol.

A lo mejor lo que no me pregunto, es si alguna vez fue de alguna manera distinta o si esta pequeña reflexión que se me ocurre le ha surgido a más gente como yo a lo largo de nuestra Historia.

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