Mayo es un mes de finales en el fútbol. De finales de Liga, de Copa y de Champions, pero también de finales de carreras de jugadores magníficos. Tal es el caso de Juan Carlos Valerón, uno de los grandes genios del fútbol español de la última década que se retiraba el pasado sábado, con 41 años y tras 20 años al máximo nivel. El canario, escueto siempre fuera de la cancha, ha sido todo lo contrario dentro: un derroche de calidad, estilo y eso que los franceses llaman savoir faire aplicado al deporte rey en cada aparición.

Tras una buena temporada en el Mallorca, el “Flaco” no fue capaz de despuntar en el Atleti del descenso. Fue en sus años en el Depor cuando los aficionados al fútbol nos enamoramos perdidamente de su juego y los que hicieron que muchos en el Calderón le silbasen cuando volvía, preguntándose con sus pitos “¿por qué aquí no jugaste así?”.

Tres citas nos bastaron para jurarle amor eterno a su manera de conducir el balón y de meter pases imposibles: el Centenariazo, aquella final de la Copa del Rey ganada al Real Madrid en el Bernabéu contra todo pronóstico, donde los galácticos corrían desesperados tratando de frenarle; la gran victoria ante el todopoderoso Arsenal de Thierry Henry y cómo no, el 4-0 del Depor al Milán en 2004, en la vuelta de unos cuartos de final que obraron el milagro, tras el 4-1 de la ida en San Siro, donde el canario lideró magistralmente a los Victor, Pandiani o Luque. Somos muchos los que nos lamentamos de por qué no fuimos a ver aquel partido a Riazor, de por qué no nos quedamos un día más en la Coruña para asistir a una de esas batallas que se recuerdan toda la vida. Mala suerte, supongo.

Valerón, como tantos otros grandes jugadores de la primera década de los 2000, cuelgan las botas con una espina clavada. No pudieron ganar el Mundial y las Eurocopas que alzó la siguiente generación de jugadores españoles. Sin duda,  hubiera sido el broche de oro a una carrera que las lesiones impidieron que fuera mucho mejor. Quién sabe hasta dónde hubiera llegado el mago de Arguineguín de no haber tenido que estar tantos minutos fuera del campo. No es difícil aventurar que seguramente muy lejos.

Con su retirada en la U.D. Las Palmas, el equipo que le vio nacer como futbolista y que le ha permitido ser profeta en su tierra, acaba la trayectoria de un jugador irrepetible, único en la rara especie de los genios de este deporte. Los que disfrutamos de ti hoy estamos tristes, pero será inevitable que se nos dibuje una sonrisa en la cara cuando recordemos tus genialidades. Y es que siempre podremos presumir ante quien sólo te verá en video de que nosotros te vimos en el campo, de que nos tomamos la última contigo. Gracias por todo, Flaco.

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