Mercado de San Miguel en Madrid
Mercado de San Miguel en Madrid | Fuente: iStock

Con el inicio del curso llegan los nuevos propósitos de cada año: apuntarse al gimnasio, comer de manera más saludable, ser más organizados…

Apostar por el comercio de proximidad en detrimento de las compras en grandes superficies u online puede ser uno de estos nuevos hábitos que nos hagan poner nuestro granito de arena por una economía más sostenible:

Compra en mercados locales

Sí, no vamos a negar que es verdaderamente cómodo ir al Carrefour o a cualquier hipermercado o supermercado y comprar en él los productos procesados, la carne, el pescado, la fruta, la verdura…

Pero lo cierto es que esta comodidad es un gran perjuicio tanto para el Medio Ambiente como para los pequeños comercios.

Y es que entre comprar en el ‘hiper’ de las afueras y en una tienda de ultramarinos llamada «La Colonial», hay un punto medio.

Si bien el café, el detergente o la pasta de dientes nos vemos obligados comprarlos en las grandes superficies, podemos apostar por  los mercados municipales o las tiendas especializadas (fruterías, carnicerías, pescaderías…) para los productos frescos.

Puede que no encontremos una frutería abierta un domingo a las 23:00, pero debemos retomar la sana costumbre de planificar un día de compra para elegir cuidadosamente y conforme a nuestras verdaderas necesidades.

Éstas son algunas de las ventajas:

Ayudamos al Medio Ambiente

Frutas envasadas en plástico en un supermercado
Frutas envasadas en plástico en un supermercado | Fuente: Greenpeace

Las grandes superficies utilizan grandes cantidades de plástico (a veces hasta lo absurdo) y tiran mucha cantidad de productos simplemente porque no «brillen».

Mientras, los mercados municipales, como en el caso de Madrid, están obligados a separar y reciclar papel, vidrio, plástico y orgánico. Esto lleva a que sean cada vez menos los puestos que dispongan de bolsas de plástico y opten por el papel o, directamente, ir metiendo los productos en las bolsas de rafia de los clientes.

Ahorraremos cada mes

Existe la falsa creencia de que las grandes superficies nos ofrecen siempre los productos más baratos. Pero lo cierto es que las subidas de precios han terminado por acabar con este mito en favor de los precios de los mercados.

A esto se unen los productos a granel: aunque son cada vez más habituales en las grandes superficies, siguen siendo una «especie autóctona» de los mercados, con precios mucho más bajos y libres de envases de plástico.

Repartimos mejor la riqueza

Sí, nos puede sonar a comunismo bolchevique, pero mientras en un súper todo el beneficio va a una gran compañía (oligopolio), en un mercado lo repartes entre varias familias sin intermediarios. Lo explicó Bob Pop en Late Motiv.

Ganamos confianza con los comerciantes

La gran volatilidad de los puestos de trabajo en las grandes superficies ha terminado por cosificar a los dependientes, que habitualmente obtienen ese trabajo de manera temporal, precaria y sin tiempo para relacionarse con los clientes por culpa de los pluses de productividad.

Mercado de Chamberí (Madrid) | Fuente: Madridiario.es

En los mercados, donde los puestos pasan, incluso, de padres/madres a hijos, siempre encontraremos al mismo dependiente, que terminará por conocer nuestros gustos y, en caso de habernos metido en la bolsa algo que no nos gusta, no dudará en mejorar para la próxima.

Luchamos por un mercado laboral más digno

No es que las fruterías o las carnicerías sean el paraíso de las ventajas laborales, pero sí que muestran una mejor situación laboral que las grandes superficies. A las ya mencionadas condiciones laborales, se unen unos horarios desmedidos que han terminado por responder a la excesiva comodidad a la hora de comprar, con horarios que han llegado a permitirnos comprar detergente un martes a las 3:00 en un Carrefour 24/7.

Los mercados, debido a su regulación municipal, no abren los domingos, «obligando» a descansar a los trabajadores.

 

Apuesta por las librerías

Volverse loco buscando un libro por toda la ciudad es ciertamente más incómodo que recibirlo en tu oficina a través de Amazon. Pero también es más inhumano.

Ha sido este efecto el que ha obligado a echar el cierre a tantas librerías por toda España, incluso a las más centenarias, como la Librería Nicolás Moya de Madrid, fundada en 1862. Sólo algunas librerías muy especializadas o los gigantes como La Casa del Libro consiguen sobrevivir.

Librería Librería Miguel Miranda (c/Lope de Vega 19, Madrid) | Pinterest

La pregunta es, ¿de verdad hemos dejado de tener tiempo para algo tan maravilloso como es comprar un libro? ¿De verdad no tenemos tiempo para ojear sus páginas pero sí para pedirnos uno, dos tres o hasta cuatro gin tonics una tarde después de trabajar?

La respuesta es clara: no. Hemos perdido la paciencia para esperar 24 o 48 horas en que la librería del barrio nos consiga la novela que queríamos en caso de no tenerlo.

Actualmente, las librerías, no son ajenas a la transformación digital. La mayoría disponen de sistemas para encargar los libros a su proveedor con dos clics o servicios para avisarte por un mensaje de texto de que ha llegado.

La simpatía, los consejos y el pasear entre sus estanterías sigue siendo, de momento, gratis. ¿Amazon te deja hacerlo por su centro logístico?

 

No descuides el pan

El 1 de julio entró en vigor el Real Decreto 308/2019, o, lo que es lo mismo, la nueva «Ley del pan». Una norma que busca poner freno, en la medida de lo posible, a los engaños y la mala praxis en la venta del pan en España. Es decir, que si un pan se vende como «integral», debe estar hecho realmente con harina integral y no ser un pan normal con un poco de salvado por encima.

En los últimos años estos engaños se han unido a los bajos precios de un pan de cada vez peor calidad servido por los supermercados en detrimento de las panaderías tradicionales. ¿El resultado? Un mercado en el que el cliente se debía debatir entre la barra congelada de 40 céntimos o un pan considerado gourmet de 2 euros.

Nuevamente, en el punto medio se encuentran las panaderías de barrio. Es cierto que nuestras leyes aún no son tan estrictas como las francesas que, por ejemplo, sólo permiten llamarse «panaderías» a los locales con horno propio, pero todo se andará.

Todavía resisten en nuestro país cientos de locales donde la masa madre o el olor a verdadero pan no son características gourmet, sino que han sido siempre normas de la casa. ¿Lo mejor? El pan recién hecho y unos precios que nos hacen despedirnos del pan de molde o las insípidas baguettes de los supermercados.

A pesar de que muchas han desaparecido, en los últimos años muchos emprendedores han buscado en un pan asequible y de calidad la razón de ser de su proyecto, como es el caso de el Obrador de San Francisco, en Madrid. En El País crearon un interesante top 10 de estos negocios el año pasado.

 

 

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¿Te apuntas a una compra más sostenible este 2019/2020?

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