Por fin. Salir del cine con la sensación de que la película te ha enseñado muchas cosas. Reconforta.

Pensar. Pensar en todos los mensajes que ha intentado transmitir Matt Ross, el director, con esta inusual historia. Demasiados para contarlos en una crítica de cine sin desvelar nada. Suficientes como para empezar a hablar del pensamiento. Eso que parece que tenemos olvidado pero que tanto hace por nosotros cada día. Pensar. Demasiadas cosas que hacer al día como para intentar desarrollar un poco la imaginación. Demasiados conocimientos almacenados en el cerebro y borrados al instante. El triste argumento de una vida normal, contrapuesto a la filosofía de vida de unos niños, los protagonistas, que aprenden a base de leer clásicos,  y razonan lo que leen con sus propias palabras. Que aprenden música improvisando melodías, y entrenan para sobrevivir en el bosque.

Es difícil aprender a pensar. Muchas personas ni siquiera saben. Van por el mundo con la certeza de que son conocedores de la más absoluta verdad, que tienen la clave para todo sólo por saber más que los demás y tener datos que muchos desconocen. Y ¿de qué sirve tener conocimiento si no tienes pensamiento propio, si todos esos datos no te sirven para elaborar tu propia teoría? Ya lo dijo Aristóteles, “La inteligencia consiste no solo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”.  Y ya lo dijo Einstein; “La imaginación es más importante que el conocimiento”. Y el padre de estos niños, ese capitán fantástico, les enseña a pensar.

La mayoría de niños y adolescentes en la actualidad aborrece la filosofía porque le cuesta entenderla; considera absurdas las teorías de unos hombres que desarrollaron un pensamiento distinto en una sociedad determinada donde dominaba el analfabetismo. Y mientras, los peculiares niños de la película, celebran el día de Noam Chomsky, una de las figuras más destacadas de la lingüística del S.XX, cuya aportación fue clave para el pensamiento contemporáneo, en vez de celebrar la navidad. Una vida poco corriente que sitúa esta historia, y todas las ideas que encierra, en el culmen de la controversia por parte del país más masificado del mundo; Estados Unidos.

La imposibilidad de vivir como viven los protagonistas, nos hace preguntarnos si realmente lo estamos haciendo bien, si no seremos nosotros los que estamos equivocados, y no ese padre que trata de educar a sus hijos  de una manera poco convencional pero definitivamente válida. Mostrándoles la verdad sin tapujos, pero a su vez, haciéndoles vivir al margen de la sociedad y la civilización; algo que acabará pasándoles factura.

Finalmente prima la idea de un equilibrio que permite a los niños relacionarse con los demás, pero seguir manteniendo esa esencia que sus padres les han inculcado desde pequeños. Lo que nos hace de nuevo recapacitar, siendo conscientes de la importancia que tienen los padres en la educación de sus hijos. Que son ellos los que pueden marcar la diferencia entre la mediocridad y la brillantez.

En la película se tratan temas comprometidos, basados en la problemática que surge en la familia cuando la madre de los niños muere. El agridulce momento en que caen en la “realidad” y se dan cuenta de que vivir alejados de la sociedad también les hace desconocedores de lo que ésta entraña.  Cómo le ocurre al hermano mayor al enamorarse.

Una constante pelea entre lo ético y lo moral, lo supuestamente correcto, y lo que no lo es. La idea clave de; no por ser diferente tienes que ser mejor, y no por ser igual al resto tienes que ser bueno.

Una concepción diferente sobre la vida y sobre la muerte despierta nuestras dormidas mentes, nos hace ver que muchas veces, de nuevo, no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Que la felicidad no podemos depositarla en los objetos que nos venden por la televisión, porque se termina. Es una felicidad fugaz que provoca que tengas la necesidad innata de seguir comprando cosas absurdas que ni siquiera vas a utilizar. El miedo de no ser aceptado por los demás cae como una losa en la conciencia de todos nosotros, y la rebeldía de esta familia  y su aparente libertad, nos hace olvidar por un momento la vida real en la que estamos inmersos.  Nos acerca un poco a la naturaleza, que tanto desconocemos, y en esencia, critica la mayoría de las cosas que nosotros hacemos, para terminar diciendo que claramente, no podemos vivir como animales, pero sí aprender a pensar por nosotros mismos y no dejarnos manipular por muchas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor.

Por eso para mí la idea central de la película es reflejar de manera radical la realidad. La realidad vista desde fuera. Vista desde la perspectiva de una familia que se sale del canon y que por tanto es un cebo perfecto para hablar de lo que al director le preocupa; la importancia de la educación y el uso aberrante del móvil que hacen los adolescentes hoy en día, la pérdida de valores como el respeto o la generosidad, la necesidad de escucharnos, la necesidad de perseguir aquello que queremos, el respeto a las decisiones que alguien ha tomado antes por nosotros…

En conclusión, una fabulosa y cautivadora historia que trata de enviarnos un mensaje, capitaneada por el magistral Viggo Mortensen, que por cierto, está estupendo.

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