Aunque estemos acostumbrados, en nuestros días, a ver en los medios numerosos líderes ineptos que se alejan con sus políticas de las realidades sociales y los problemas populares, no debemos creernos en un momento de ineptitud política único e insólito. Lo cierto es que, a lo largo de la historia muchos han sido los líderes que no supieron gobernar y se ganaron el desafecto, no solo del pueblo, sino también, de todos sus delegados y subordinados, llegando, incluso, a ser asesinados por estos.

Aunque es imposible, en un artículo como esté, contemplar a todos los lideres ineptos que la historia nos ha dejado, vamos a intentar hacer un recorrido breve que muestre algunos de los líderes más irreverentes y surrealistas.

Calígula

El más conocido de todos los emperadores romanos, y no precisamente por sus conquistas y sus avances políticos. Pese a ser descendiente de la dinastía Julio-Claudia, su futuro estaba abocado a la locura. Su nombre real era Cayo Julio Cesar Germánico, pero recibió el apodo Calígula (botitas), algo que francamente detestaba. Fue el 27 de marzo del año 37 de la Era Común, cuando el Senado transfirió a Calígula todos los poderes del principado. Aunque para Suetonio, la barbarie que corría por sus venas ya se había dejado ver en alguna que otra ocasión, fue al acceder al poder cuando Calígula se desató como un líder perturbado y violento.

El sexo fue una de sus debilidades, algo natural en una sociedad como la romana, sin embargo, lo llamativo, era la práctica del incesto con su hermana Drusila, de quién estaba enamorado locamente, así como la relación de “amor” que mantenía con su caballo Incitatus, a quién llegó a nombrar cónsul, además de construirle un establo de mármol y un pesebre de marfil.

No podemos hacer una lista del abigarrado número de personas que mató o mandó asesinar, pero, si es posible mencionar algunas de sus crímenes más destacados. Según Suetonio, fue él quien mató a Tiberio para acceder al poder, sin embargo, esto es algo que no está probado. En el año 38, mandó matar, sin prueba ni juicio a Macrón, uno de sus fieles, y a la mujer de este, con la que mantuvo una relación amorosa antes de hacerse con el poder de Roma. Marco Lépido, el marido de su amada hermana Drusila, fue también asesinado por los hombres de Calígula cuando está murió, sin saberse muy bien cuáles fueron las razones. Entre otras muertes, destacan la de numerosos mensajeros, embajadores y senadores romanos.

Imprescindible mencionar algunas leyes impulsadas por el loco emperador como la pena de muerte a quién le observase desde lo alto cuando este paseara por Roma o la prohibición de pronunciar la palabra cabra en su presencia. Entre otras cosas, mando cortar el pene del gladiador Longino porque era más grande que el suyo y violó a numerosas mujeres de senadores y altos cargos romanos.

Su locura, llegó a su máximo exponente cuando en el año 40 se autoproclamó Dios, divinizándose y vinculándose con la deidad solar, para después decapitar todas las estatuas de los dioses que ornamentaban los edificios institucionales de Roma.

Todas estas barbaridades, y muchas otras que no caben en un pequeño artículo como este, propiciaron que en el año 41 fuese asesinado por la guardia pretoriana bajo las ordenes de Casio Querea y con el consentimiento de un Senado inundado en odio hacia el loco emperador romano.

Leopoldo II de Bélgica

Si nos alejamos un poco del mundo clásico y nos acercamos a nuestra historia contemporánea, observaremos que los líderes con rasgos psicópatas no escasean. De este modo Leopoldo II de Bélgica fue uno de los mayores genocidas de nuestra historia. Con el auge del expansionismo colonial de occidente en África en la segunda mitad del siglo XIX, Leopoldo II – gracias a las medidas de reparto acordadas en el Congreso de Berlín (1885) – logró hacerse con un territorio muy valioso como es el Congo.

Al contrario que otras colonias africanas, gestionadas como nuevos territorios que se sumaban a los europeos, el Congo se convirtió en una propiedad privada del monarca belga. La gestión del territorio fue tan deplorable que se dice que cerca de diez millones de indígenas murieron asesinadas por los colonos de Leopoldo II y por las epidemias y hambrunas del momento. El auge del comercio de caucho, hizo que Leopoldo convirtiese el Congo en un territorio de explotación, sin atender las necesidades de los nativos que allí vivían y asesinando a todo aquel que se negase a colaborar con sus mandatos. Para dar rentabilidad al negocio del caucho, los colonos belgas utilizaban la mano de obra indígena esclava, en tanto que, resistirse al trabajo era impensable; los hombres nativos que se negaban a trabajar, veían como sus manos y las de sus familiares eran amputadas. El nivel de crueldad fue tan alto que se dice que las manos mutiladas llegaron a convertirse en moneda de cambio entre los colonos belgas.

En 1909, después de más de dos décadas de explotación privada del Congo, la producción de caucho se extendió por otros territorios coloniales lo que hizo que Leopoldo perdiese el monopolio adquirido en 1885 y descendiese la rentabilidad de la colonia congoleña. De esta forma, Leopoldo II terminó por vender sus posesiones del Congo al gobierno belga, quién administró la colonia hasta su independencia en 1960.

 

Foto: Gaius Julius Caesar Augustus Germanicus.Busto en la Real Casa del Labrador de Aranjuez| Manel (Flickr)

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