Buscar respuestas. Qué absurdo y a la vez qué humano. Buscar el por qué, desquiciarnos si no lo encontramos. Tener la sensación de que no lo controlamos todo, y querer hacerlo. Querer hacerlo.

Consiste en eso. Si no puedes controlarlo, intenta luchar contra ello. Intenta que no domine tu vida, para que no pueda controlarte a ti, de ninguna manera.

Que simple resulta decirlo, pero que complicado es llegar a conseguirlo. Pocas personas asumen los problemas desde el principio. Los problemas graves necesitan una gran reflexión. Una reflexión que puede sumirte en el más profundo vacío, o hacer que resurjas. Si hace que resurjas, seguramente todo vaya mejor de lo que esperabas, si por el contrario, el vacío se apodera de ti, puede que estés perdido.

¿Y sabes lo que importa entonces, y siempre? Las personas que tienes cerca.

Esta historia trata, otra vez, de personas. De compañeros que se apoyan. Habla de la vida y de las injusticias que vienen pegadas a nuestras suelas, sin que nosotros podamos hacer nada. La suerte, el destino, las casualidades… puedes creer en lo que quieras, pero no hay nada como la realidad. Y darse de bruces contra ella es algo muy habitual, y a la vez, muy jodido.

Así se siente nuestro protagonista, Ramón, interpretado por Dani Rovira. Frustrado, pero con ganas de enfrentarse a lo que por casualidad o por destino, le ha tocado vivir.

Dani Rovira, un actor que está demostrando una versatilidad innegable, que parecía anquilosado en el lado cómico del cine, pero que se auto descubre con este papel, más trágico, pero a la vez esperanzador, se mete de lleno en la preocupación del protagonista y consigue, desde mi punto de vista, llegar a empatizar con él y sostener la interpretación de principio a fin.

De alguna manera la mayoría de actores españoles que me fascinan, lo hacen precisamente por eso; la capacidad de saltar de un género a otro sin problemas, presentando una calidad admirable en cada uno de los registros. Algo que, sin embargo, no vemos tanto en el cine internacional, dónde los actores suelen estar encasillados en un género del que pocas veces se atreven a salir.

La película da un giro de 360º cuando el suegro, interpretado por Karra Elejalde, decide ayudar a Ramón. De alguna manera, ambos, consiguen robarnos el corazón con cada una de las escenas. En todas ellas se muestra la importancia de tener a alguien. Tan sencillo como eso. Tener a alguien que confíe en ti, que te diga “tu puedes” cuando no tienes fuerzas para moverte.

Ambos personajes necesitan ese apoyo, complementándose a la perfección, hasta llegar a significar un mundo el uno para el otro. Regalándonos momentos emotivos, pero sobre todo, graciosos, demostrando una vez más nuestra capacidad innata para reírnos de las adversidades, de nosotros mismos, de nuestros preciosos defectos.

Por eso, si tuviese que describir la película en una palabra, simplemente diría; lección.

Es una nueva lección. Es las ganas de comerte el mundo teniendo esclerosis múltiple. Es “uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”. Es “la unión hace la fuerza”. Es “todos para uno, y uno para todos”.

Es “100 metros no es nada” y “tú puedes con todo”, de la mano de grandes actores, y un equipo que ha conseguido su objetivo; plasmar el esfuerzo de todas estas personas, y la necesidad de no perder nunca la esperanza.

Porque la suerte, el destino, las casualidades…pueden existir, o no. La realidad, sin embargo, es lo que tenemos. No podemos escapar de ella, pero hay muchas formas de asumirla. Y tenemos que ser capaces de encontrar, siempre, la mejor.

 

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