Raúl Arévalo, el joven y camaleónico actor, conocido por películas como Primos o La isla mínima, se estrena como director en este thriller, Tarde para la ira, completo a la vez que atroz.

Pinceladas de La isla mínima se dejan entrever en los escenarios en los que se desenvuelve la trama; el bar, el campo, la carretera…así como en el ambiente oscuro que desemboca en un final desesperanzador para todos los protagonistas.

Tarde para la ira es un relato difícil y trágico, compuesto por personajes corrientes, de un barrio humilde, interpretados a la perfección por actores como Antonio de la Torre (Grupo 7, Que dios nos perdone), que se pone en la piel de José, un cliente habitual del bar del Juanjo (Raúl Jiménez) que tiene algún que otro asunto pendiente; Luis Callejo (Kiki, el amor se hace, Cien años de perdón), un ex convicto que sólo desea reunirse con su mujer y su hijo; Ruth Díaz (Behind, Mañana no es otro día), Ana, que desempeña un papel fundamental en el embrollo principal, etc. Actores escogidos minuciosamente por el director, pero que a la vez nos tienen algo cansados.

Con una parsimonia impropia de las películas de acción, se van descubriendo los verdaderos intereses de los personajes, sacando a relucir un argumento fundamentado en ese sentimiento de ira, sobre el que va a girar la mayor parte de la historia. Una historia de venganza utilizada muchas otras veces en el cine, pero en la que se advierten matices muy diferentes a las películas en las que estáis pensando. Y es que, la película permanece siempre en un mismo pentagrama. Hay sobresaltos que el espectador prevé fácilmente, pero que no parecen tener mayor importancia, ya que en seguida se vuelve a un sepulcral silencio que roza la naturalidad, y que nos mantiene sumidos en una atmósfera que el director ha sabido crear de manera excelente.

Vemos así como Arévalo ha aprendido de sus ex directores, entre los cuales encontramos a Alberto Rodríguez y  Rafael Cobos (La isla mínima) o Daniel Calparsolo (Cien años de perdón),  desentendiéndose del papel de actor que a menudo le corresponde, para embarcarse en un velero diferente, siendo él mismo el capitán. Un buen resultado, que no sobresaliente, que quizá nos advierte de la llegada de nuevas películas bajo su dirección. De momento, un seis sobre diez para Arévalo.

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