La “belleza”, según la Real Academia Española de la Lengua, es la cualidad de lo bello. Cómo ocurre con muchas otras palabras, describir algo bello es completamente subjetivo. Cada uno de nosotros es capaz de apreciar la belleza en algo, en alguien. Y en mi opinión, esta apreciación está muy ligada a la sensibilidad, a la observación; cualidades que, sin duda, posee la directora de esta magnífica película, Carla Simón; capaz de crear “la explicación de la belleza”, en el cine.

Verano 1993, rodada en catalán, se desarrolla en un pequeño pueblo cerca de Barcelona. Sus protagonistas representan lo cotidiano, lo que hace que la película sea  un reflejo constante de cómo precisamente lo cotidiano, es en su sencillez, extraordinario.

La pequeña Frida, interpretada por Laia Artigas, se enfrenta al primer verano con su nueva familia; sus tíos y su prima Ana, que quiere ser partícipe de las aventuras de Frida, sin dejar de ser la preferida de sus papás.

“La vida desde los ojos de una niña que ha perdido a sus padres”; esa es la esencia de la película. No es necesario buscar florituras, buscar escenas impactantes, o una historia más allá; es en la mirada de la niña donde la película encuentra su sentido. Por eso la buena interpretación es esencial. El papel de las dos niñas cobra una importancia vital en el desarrollo de la narración. Una narración que pasa por todo; duda, avaricia, enfado, rebeldía, felicidad, tristeza, amor… Una montaña rusa de emociones que termina con la eclosión de todas ellas.

Me quedo con los preciosos planos de la vida en el campo, la ropa de la época, recordando constantemente los largos veranos que pasábamos en el pueblo. Veranos calurosos y felices  en los que nuestros abuelos se convertían en nuestros padres por unos días, los juegos imaginarios de las niñas, los bailes en la plaza…

Una representación magnífica de la importancia de la familia en nuestras vidas, de que la unión siempre hace la fuerza, y de que, pese a las dificultades, hay a quién va a estar ahí para levantarte, eternamente, aunque no lo puedas ver.

Una muestra sincera de amor y entrega, encargada de representar a España en los Óscar en la categoría de “mejor película de habla no inglesa”; algo que no ocurría desde 2004 con el film Mar adentro protagonizado por Javier Bardem, que también estuvo nominada y además, obtuvo la estatuilla.

En conclusión, Verano 1993: vayan a verla.

 

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