Ya decía Jean-Luc Godard que un travelling es cosa de moral. Y una línea de guion. Y un personaje. Ese otro aspecto del cine, el de las implicaciones discursivas que tiene tomar cualquier decisión referente a la producción de una obra, es inescapable. Así, el más inocuo y neutro de los thrillers acaba acusado de algo que sus creadores no pretendían, pero que el film representa igualmente.

Con esto se ha topado The Outsider, el nuevo largometraje distribuido exclusivamente por Netflix que se estrenó el 9 de marzo. En la dirección está Martin Zandvliet, cuya última cinta (Land of Mine, 2015) tuvo un remarcable paso por festivales como Rotterdam, y fue nominada al Óscar a mejor película de habla extranjera: a pesar de ser primerizo en la plataforma de VOD, no estamos ni mucho menos ante un novato. Sin embargo, la crítica ha vapuleado el largo del danés por su whitewashing, su tendencia al blanqueamiento de una historia que no debería girar –pero gira– alrededor de un varón blanco.

En una coyuntura en la que es muy pertinente la deconstrucción del concepto de cine palomitero, The Outsider acaba limando las aristas de un relato puramente autóctono, tratando de hacerlo apto para el consumo de un público general. El film protagonizado por Jared Leto ha acabado metiendo la pata en el mismo agujero en el que ya la introdujese El Último Samurái (Edward Zwick) hace 15 años. Pero la nueva cinta de Netflix aborda aún menos, si cabe, el tema de la inserción del veterano de guerra estadounidense en la comunidad nipona, en este caso el entorno yakuza. El único momento en el que puede verse en el personaje de Leto cierta intención de mimetizarse es en el que se corta dos dedos como muestra de arrepentimiento hacia el líder de la organización; pero el resto de la cinta es una mera suavización de una realidad mucho más áspera, y no explora la integración del gaijin o extranjero en ese ecosistema japonés.

Los aspectos más estéticos tampoco despuntan en The Outsider. A pesar de los lentos ritmos, la cinta no sabe aprovecharlos para recrearse y exprimir el potencial expresivo de esas pausas. Hay también bastante juego de miradas, pero ni el trabajo de montaje ni la construcción de personajes previa a dichos momentos dan la talla para que, de nuevo, esas secuencias más detallistas lleguen a aportar algo verdaderamente útil. Sin la tensión que realizadores como Sergio Leone sabían generar en situaciones así, convirtiendo los agujeros de las pupilas en cañones de un Winchester, los ojos de un Leto bastante correcto aquí no miran a ninguna parte.

Después de hitos como las presentaciones de Okja y The Meyerowitz Stories en Cannes, el prisma desde el que se contemplan los largos más o menos exclusivos de Netflix es, sin duda, muy distinto. Es evidente que la concepción de película de plataforma online ha evolucionado; sin embargo, con cintas como esta, Netflix parece seguir sin alcanzar unos ciertos estándares de calidad exhibidos más a menudo (no siempre, ni mucho menos) por el cine de distribución convencional.

A fin de cuentas, The Outsider es una obra que consigue remontar algo en sus últimos minutos, pero que no acaba de explorar con suficiente profundidad el concepto del gaijin, alrededor del cual gira. Su trama, medianamente atractiva, no deja de tropezar con un director poco sembrado y un relato organizado de forma nada brillante. El nuevo film de Netflix supone, por tanto, un enfoque distinto del mundo de la yakuza; pero la perspectiva que The Outsider ofrece no es elogiable, ni fructífera, ni necesaria ahora mismo.

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