Se habla mucho últimamente de la poca afición de los jóvenes de hoy a leer, muchos directamente culpan a los videojuegos o a la televisión, pero yo les pregunto ¿es eso realmente cierto?

Estaba yo paseando hace unos día por la calle y escuché de unos chavales de unos 15-16 años, una frase que me hizo pensar: «Tío, el libro que nos mandó la de Lengua es un tostón, casi que mejor me miro un resumen por Internet que paso de leerme este tocho.». Al llegar a casa me puse a pensar y llegué a una conclusión que quizás sorprenda a más de uno y es la siguiente: La culpa, de que en términos generales, los jóvenes dejen de leer libros es tanto de los padres como de los profesores.

En casa se debería de fomentar la lectura no solo en los primeros años para aprender, sino también en la infancia para que, al ser adolescente y adulto, tenga imaginación y librepensamiento, y ser asimismo menos influenciable por el mundo que le rodea, ya que fomentando la lectura el adulto educado de esta forma tiende a ampliar sus conocimientos e ideas.

Hay muchas herramientas para fomentar la lectura en la niñez, en mi caso fueron comics de Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez y El Hobbit de J.R.R. Tolkien, pero cada caso es diferente y los padres deberían descubrir lo que a sus hijos les gusta ya de pequeños, y así mismo despertarles la pasión por la lectura y crear, en un futuro, un adulto pleno.

En el otro lado, muchos profesores (no digo que todos sean así) también ponen trabas a la lectura, proponiendo trabajos de libros que no son adecuados para la edad de sus alumnos, o simplemente ponen los que les son más fáciles de calificar por ser los «básicos» o «los que siempre te enseñan en el colegio o instituto», libros que sencillamente, no son válidos a mi entender porque la mayor parte, son del S. XVII o anteriores, algunos dirán: «Pero también hay que enseñar a los jóvenes la literatura de antes, no solo la de ahora.» No digo lo contrario, pero creo que para fomentar la lectura, es mejor un tipo de libros más acordes con los tiempos y que, si el fomento de la lectura es la meta, sean más interesantes a los ojos de nuestros jóvenes lectores.

«No hay olor más refrescante que el del papel de un libro la primera vez que lo abres, ni mundos que no puedas descubrir, ni personas que no puedas conocer en sus páginas.»

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