A estas alturas si no te has enterado de lo que pasó ayer en Cuéntame como pasó es o porque no ves la tele, no lees las redes sociales o simplemente porque no estás en España.

La serie nacional más longeva de nuestra televisión despidió ayer a uno de sus personajes más emblemáticos: Miguel Alcántara. En un episodio de infarto en el que por fin se resolvía el secuestro de Diana, la hija mayor de Miguel y Paquita, el De Gaulle de los Alcántara nos dejaba.

El único hijo vivo de Doña Pura aparte de Antonio, que vio junto a éste a los 12 años morir a su padre fusilado por los nacionales por celos del cacique local, había dejado el ficticio pueblo manchego de Sagrillas («en Albacete pegando a Cuenca», según relata Antonio en un episodio). Como muchos otros jóvenes de la época, quiso buscar una mejor suerte más allá de los Pirineos.

En la Francia de la V República, que a tantos españoles acogió, encontró trabajo en la fábrica de Citroën (en España no hubo una en 1958, en Vigo). Allí, como obrero, comenzó a tomar contacto con el PCE en el exilio y se casó con Marie Chantal, con quien tuvo a su primera hoja Françoise.

Como tantos otros españoles residentes en el extranjero, cuando la familia visitaba la arcaica España de Franco fanfarroneaba de su vida en un país mejor, aunque estuviesen tiesos. Pero ese personaje fanfarrón enseguida se incorporó al elenco habitual de la serie donde conocimos al Miguel cocinero, colchonero y «eurocomunista, de los de Santiago Carrillo». Donde conocimos, sobre todo, al hombre mayor que enamoraba a la joven Paquita y formaban juntos una familia, para su desgracia, cada vez mayor.

Durante 18 temporadas hemos disfrutado ni más ni menos que de Juan Echanove. Sí, porque el actor siempre ha confesado que ha sido el personaje con el que más tiene en común. Quizá por eso en secuencias como la que Paquita le cortaba la bufanda del Atleti le salían tan sinceras las palabras de dolor…

Durante la pasada temporada el personaje daba un giro de 180º al convertirse en un nuevo rico gracias a la herencia de su suegro, el Matamulas, que había hecho fortuna con una arrocería en Benidorm. El Miguel defensor de la clase trabajadora, humilde y enemigo del capitalismo se convertía en el prototipo de rico «cutre» y hortera. Habían comenzado a cargarse el personaje.

Y como en televisión los spoiler están a la orden del día, todos estábamos haciendo apuestas a ver en qué capítulo y cómo se cargaban a Miguelón.

Lo que desde luego ni yo ni nadie nos esperábamos es que fuese de forma tan vergonzosa. Los últimos capítulos en los que el personaje fanfarroneaba en Sagrillas de su dinero, algo completamente atípico en su rol, han supuesto el forzar un desenlace de la manera más vergonzosa que podría imaginarse.

Como los cisnes que cantan cuando ven cercana su muerte, Miguel se sinceraba con Antonio y prometía dejar atrás la opulenta vida levantina y se desplomaba sobre una roca del campo manchego. Se podría decir que semejante teatralización (en el buen sentido de la palabra) era hasta un guiño al papel de Quevedo que Echanove está interpretando en Sueños tras hacerlo maravillosamente en Alatriste.

Cuando un actor muere mientras interpreta a un personaje de una serie, se le debe buscar un final improvisado. Así pasó con Luis Cuenca (el padre de Clara), Toni Leblanc (Cervan), Roberto Cairo (Desi) o Amparo Pacheco (la kioskera). Juan Echanove ha sido durante 16 años Miguel Alcántara. Quizá el mejor actor del panorama español ha sido uno de los personajes más queridos por su humor y su bondad. Sí, Echanove, Miguelón, se merecía más, mucho más.

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