Las obras de la calle del Duque de Alba obligan a rehacer el camino para poder acceder al lugar que acogerá el encuentro con Marina. Faltan quince minutos para las 18:00 y El Imparcial se encuentra prácticamente vacío —es tarde para el turno de comidas y pronto para el servicio de cenas. Sólo algún café compartido ocupa los sillones que abrazan las mesas distribuidas por el espacio.

Marina llega puntual. El inconfundible tinte azul de su pelo permite reconocerla a lo lejos. Me presento y le confieso las ganas que tengo de pasar un rato con ella. Me lo agradece con una sonrisa tímida. Entramos al local y escogemos una mesa en una esquina solitaria, con el fin de hablar pausadamente de las experiencias que han definido el primer año que la joven vive con el abrigo de la popularidad y el éxito. El punto de partida tiene nombre propio: Operación Triunfo.

Al mencionar el programa, la expresión de su cara torna en una sonrisa nostálgica, y  reconoce, pensativa, la tremenda evolución personal que ha supuesto para ella el concurso: Creo que sigue quedando un poco de la inocencia, esa inocencia por todo […] Antes ya era bastante madura, por circunstancias de la vida, pero creo que ahora lo soy más incluso. De la Marina que cantó en la primera gala de Operación Triunfo no queda demasiado“. La joven afirma que fue su madre la que insistió en que se presentara al concurso y que no lo había hecho antes porque “no era el momento adecuado.

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“Llegamos con las maletas y una meta que alcanzar” es la frase que canta en Camina, el himno que compuso junto a sus compañeros para contar en forma de canción la experiencia más importante de sus vidas. Marina asegura que llevaba esas maletas cargadas de ambición y expectativas: Tenía clarísimo llegar mucho más lejos de lo que realmente llegué. Eso al final lo pensamos todos, nadie se espera salir el primero ni tampoco salir el último”. Sin embargo, confiesa que su principal objetivo era evolucionar y aprender. “Nunca había tenido la oportunidad de dar clases de canto y me hacía muchísima ilusión todo.

La cantante recuerda emocionada el lugar donde pasó un mes entre partituras y pianos: “Es mi casa”. No obstante, asegura que en ocasiones llegaba a sentirse sobreprotegida. “Cuando íbamos a ensayar al plató, por ejemplo, si necesitábamos ir al baño nos acompañaba una persona del staff”. Y como consecuencia de esta sobreprotección, al salir “era un cambio súper drástico”. Un cambio en el ámbito profesional pero también a nivel personal. “Pasar de no ser nadie a ser alguien es abrumador”, sentencia.

La sevillana asume con sensatez el aspecto negativo de la fama repentina y reconoce que “a veces da miedo”. Más aún, admite que las redes sociales pueden actuar como un arma de doble filo en la situación de vulnerabilidad que atraviesan tras exponer su vida en el programa. “Algo malo que hacemos es autobuscarnos en redes. Debo decir que ya no lo hago, pero hay veces que llega a un punto que es como una necesidad, como un vicio. Y si te autobuscas estás exponiéndote a leer lo que la gente no quiere que leas realmente. Es una manera de hacerte daño a ti mismo”.

“Tenía clarísimo llegar mucho más lejos de lo que realmente llegué. Eso al final lo pensamos todos, nadie se espera salir el primero ni tampoco salir el último”

Operación Triunfo concluyó su novena edición el pasado mes de febrero con un éxito abrumador. Una auténtica e inesperada revolución que se lanzó a la calle en forma de firmas de discos. Marina recuerda el primer contacto de masas con sus seguidores como “una de las cosas que más me gustaron”, pero reconoce que fue “un poco raro porque yo siempre he sido muy fan” y ahora estaba al otro lado. “Todo el mundo quería un minuto de tu tiempo, un abrazo, las miles de cartas que tengo en casa, que he leído una a una y piensas: alguien se ha tomado un momento de su vida para escribirme algo a mí”.

Sin embargo, parece que el mayor regalo que le dio Operación Triunfo fue recorrer la geografía española en una exitosa gira con sus compañeros. “Literalmente no me lo creía”, confiesa Marina. Pero cuenta que le relajaba pensar que “estaba haciendo lo que siempre había querido hacer, y encima con gente que me quiere y a la que quiero muchísimo”. La joven recuerda con especial cariño la noche en la que se subió al escenario en su ciudad, Sevilla. “Estaba saliendo y todo el mundo gritaba mi nombre. Cuando íbamos a una ciudad de uno de nosotros siempre era como estar en su casa […] Me acuerdo que vinieron todos hacia mí diciendo: ‘¡Marina, que están gritando tu nombre, que gritan tu nombre!’ Fue muy guay”.

Risueña, sensata y comprometida con las causas sociales, Marina reconoce ser “una persona que se exige muchísimo” y que aún le cuesta ver las galas de la nueva edición del programa. “Lo echaba tanto de menos que, aunque el plató no era igual, me hacía darme cuenta de que ya se había acabado”. No obstante, define a la nueva tanda de triunfitos como “maravillosos  y súper simpáticos”, y admite que el mejor consejo que puede darles, aunque “tendría que pensarlo más”, se condensa en una palabra: “disfrutar”.
 

Drinking like I’m sober

“Necesitaba cambiar”. Con estas palabras, Marina justifica la elección del nombre con el que se lanza al panorama musical. “Necesitaba ponerme un nombre artístico porque si no iba a seguir siendo Marina de OT durante toda mi vida. […] Me dio por mirar en los cantantes que me gustan y empecé por Amy. Amy es Amy Jade Winehouse, y fue como… Marina Jade, suena guay, tampoco suena tan mal”.  Asimismo, la nueva identidad de la extriunfita guarda un profundo significado en su lectura en castellano: “El jade es un mineral chino azul verdoso y se caracteriza por ser una piedra muy dura y resistente. Lo que yo creo que soy también”.

Reconoce que tomó la decisión de debutar con una canción en inglés “porque quería ser diferente” y reivindica la importancia del idioma en la música española. “Me parece un poco absurdo cuando nos cerramos en que hay que hacer la música en castellano porque vivimos en España […] No queramos poner barreras cuando podemos avanzar y sacar cosas distintas”. Compuesta con Ruth Lorenzo, Drinking like I’m sober es un canto a la superación. Para Marina es una clara referencia a su historia personal, pero asegura que la escribió con la idea de que “cada uno se lo llevara a su terreno, ya sea como superación personal, de una amistad, de una ruptura o de una pérdida. Creo que eso es lo bonito de la música, que cada uno se lleva la canción a lo suyo”.

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Los colores pastel y los elementos mitológicos protagonizan el videoclip de su single de presentación. Una pieza audiovisual cargada de simbología. “La tarta es la sociedad […]. Y bueno, el arcoíris es por el LGTB […] La cabra representa al dios de la música salvaje. Con una sonrisa nerviosa, la joven  admite que no se había planteado la posibilidad de cantar Drinking like I’m sober en los conciertos de Operación Triunfo que se celebrarán en diciembre en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Pero expresa sus sensaciones con la actitud inocente y humana que la define: “Yo creo que voy a llorar”.
 

Referente LGTB

La gala que culminó con la expulsión de Marina comenzó con los concursantes cantando La revolución sexual de La Casa Azul. Después, la sevillana defendió su permanencia en el concurso cantando en solitario. Acto seguido, su novio Bast irrumpió en el plató para sorprenderla, y se fundieron en un beso tan ingenuo como aplaudido. Al día siguiente, fue puesto de ejemplo en el Congreso de los Diputados. “Fue demasiado raro. Estaba mirando el móvil y me meto en Twitter y veo ‘Noticias del momento’ y aparece una señora con mi foto besando a Bast y pone: ‘Marina, de OT y su novio Bastian están en el Congreso’. Llevaba solo unas horas fuera y era todo como ¿qué ha pasado en el mundo? No tenía ningún sentido y era muy raro. Pero fue muy guay”.

“Ahora mismo tengo una voz que no me la he dado yo, me la ha dado la gente. Es súper importante usar esa voz y usarla bien”

Desde aquel momento, la historia de Marina ha sido un vehículo de visibilización de la diversidad sexual. Asegura que sentirse un referente, en ocasiones, es muy complicado. “Yo no lo sé todo.  Me voy a equivocar, obviamente, y la presión de cuando te equivocas es que la gente no te da margen a poder equivocarte.  Antes lo soltaba todo por la boca, ahora lo planteo todo pensando en si está bien, que no haga daño y que no ofenda a nadie”, añade. “Pero también me gusta equivocarme y aprender, porque es la única manera de avanzar”.

Sin embargo, afirma que siempre utilizará su posición para defender las causas que considera justas. “Ahora mismo tengo una voz que no me la he dado yo, me la ha dado la gente. Es súper importante usar esa voz y usarla bien”.
 

Un año intenso

Marina confiesa que aún no es consciente de haber formado parte de una revolución social que ya es historia de la televisión. Al fin y al cabo, para ella Operación Triunfo “no es un fenómeno, sino una experiencia personal”. Además, considera “un poco estúpido” que les desprestigien por iniciar su carrera musical en un programa de televisión. “Cada uno sale de donde sale y a cada uno le viene el golpe de suerte de donde le viene. A mí me vino con el programa como me podría haber venido tocando en el metro. Y no por eso soy menos que nadie”.

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La joven afirma haber encontrado numerosos obstáculos en el proceso que le ha llevado al momento en el que se encuentra actualmente. “Ha sido un poco difícil porque yo soy una persona que tiene muy claro lo que quiere hacer y no doy pie a un moldeo. […] Es complicado tener una idea clara y hacer ver a la gente por qué tienes esa idea y por qué no se puede cambiar”. No obstante, asegura que no cambiaría ninguna de las decisiones que ha tomado, porque de hacerlo “no habría aprendido lo que he aprendido”.

Marina mira hacia el futuro con esperanza y más ganas que nunca. Y aunque aún desconoce cuáles serán sus próximos pasos profesionales, afirma que le gustaría “seguir haciendo música, haciendo conciertos… Poquito a poco”. Sólo tiene 20 años y toda una vida por delante para triunfar, pero su comienzo en el panorama musical ha sido cuanto menos, diferente y especial. Y precisamente eso es lo que define a esta joven sevillana: la confianza en que lo diferente también puede ser sinónimo de triunfo. El camino de Marina Jade sólo acaba de empezar.

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