Manifestación-feminista-en-Sevilla
Sevilla, 10 de marzo de 2018; Marcha feminista por las calles sevillanas | Getty Images

Sí, soy feminista radical. Y antes de que os echéis las manos a la cabeza pensando en misandria, os diré que el feminismo radical es aquel feminismo que indaga en las raíces de la problemática patriarcal y busca su total abolición. Es decir, esquiva la frecuente trampa de “la mujer es libre para hacer lo que quiera” cuando nos atrapa en los vientres de alquiler, la pornografía, etc.

Tras esta pequeña introducción para principiantes, toca definir quién es el sujeto político del feminismo. Esta es fácil, ¿no? Las mujeres. Pues, aunque no lo parezca, todavía hay quien tiene alguna duda.

Los primeros en cuestionarlo siempre son, cómo no, esos hombres que pretenden monopolizar todo aquello que se les escapa. “El feminismo es igualdad. Así que yo soy feminista porque busco la igualdad”. Amigo, el feminismo es una lucha de las mujeres por las mujeres. Esta es nuestra batalla y, por tanto, es nuestra fuerza la que acabará ganando la guerra. Pero, como en cualquier contienda, se necesitan aliados. Y eso es precisamente lo que tú eres: nuestro aliado. Te necesitamos para que frenes las bromas y comentarios misóginos de tus amigotes, para que no nos hagas sentir intimidadas cuando caminamos por la calle, para que nos contrates, nos leas, nos incluyas, para que no nos maltrates, para que no nos violes, para que no nos mates. Y necesitamos este apoyo sin paternalismos, sin que nos expliques cosas y sin que nos infantilices. Estos dos ojos míos han visto a hombres explicar a mujeres lo que es el feminismo… ¡en plena manifestación del 8M! Pude ver a mujeres marchando a mi lado y siendo atosigadas por la innecesaria explicación de un hombre que necesitaba ser el centro de toda sabiduría. Nosotras somos autosuficientes para crear nuestras redes y aprender entre nosotras, así que no: no expliques feminismo a mujeres a no ser que ellas te pregunten.

Y, tras mencionar lo de “nuestras redes”, toca hablar de otro de los puntos calientes con el que estos hombres ególatras pierden la cabeza: los espacios no mixtos. Sí, amigo, los espacios no mixtos existen y, por el momento, son necesarios. A mí me gusta definirlos como un grupo de terapia. Jamás se te ocurriría irrumpir en una sesión de terapia grupal para personas con agorafobia diciendo que, aunque tú no lo vives, te sientes discriminado por no poder entrar, ¿verdad? Esto es exactamente lo mismo. Los espacios no mixtos son lugares seguros donde podemos aprender y compartir nuestras experiencias sin que nadie nos invalide, donde nos entendemos y apoyamos y, además, donde ningún hombre va a tacharnos de histéricas ni va a acaparar nuestro tiempo de comunicación. Todo esto sin contar con que, a menudo, los hombres no se molestan porque realmente les interese entrar sino porque no pueden. Y, antes de que me tachéis de imaginativa, os diré que esto lo he vivido en mis propias carnes, con hombres que se sintieron muy ofendidos por no poder acceder a una charla que les interesaba pero que, cuando se subió a YouTube, ni siquiera se molestaron en abrir el vídeo. Otro ejemplo sería el famoso Gaming Ladies, que quedó cancelado por la presión de hombres que, en caso de que no hubiesen sido vetados, ni siquiera se hubiesen molestado en asistir. “¿Asistir yo a un evento de ladies? Ni de broma”.

Y esto de los hombres discriminados nos lleva directamente al otro extremo: los que buscan su medalla. Existe un grupo de hombres que, con su falsa intención de ser aliados, luchan fervientemente por acumular medallitas de “chico bueno”. Se deshacen en auto-halagos por lo mucho que respetan a las mujeres, por los libros que han leído, por los artículos que han escrito o simplemente porque “ella estaba borracha y yo fui bueno y no la violé”. Sin embargo, suelen estar poco comprometidos cuando se dan la vuelta: hipersexualizan a las mujeres, son paternalistas y defienden a capa y espada la libertad de la mujer siempre y cuando sea para todo aquello que les conviene (prostitución, pornografía y demás).

Y a partir de aquí, sabiendo que hay personas que pretenden decir a las mujeres quiénes son y quiénes dejan de ser, encontramos a alguien más juzgándonos: las mujeres que disfrazan de feminismo su discurso de odio.

Ya hemos dicho antes que el sujeto político del feminismo es la mujer exclusivamente, pero existe cierto grupo de feministas que se dedica a excluir a aquellas mujeres que no representan sus ideales cis, blanco y burgués. Creen tener el derecho de decirle a una mujer trans que no es mujer o a una mujer racializada que se deje su raza en casa cuando quiera hablar de feminismo. Quiero creer que, de alguna manera, se sienten intimidadas por esa falsa creencia de la “acumulación de opresiones”, cuando, realmente, es mucho más sencillo entender que se generan realidades diferentes. La misoginia sufrida, por ejemplo, por una mujer discapacitada cis es distinta a cualquier otra. Concretamente, la misoginia que sufre una mujer discapacitada cis que se llama Marta puede ser distinta a la misoginia que sufre Raquel, también discapacitada y cis. De cara al movimiento feminista, es imposible para una mujer separar su condición de mujer de, por ejemplo, su negritud. De su discapacidad. De su pobreza. De ser trans. De ser cis. Todo ello genera realidades diferentes unidas por un nexo común: el ser mujer. Aun así, siendo todo esto muy fácil de entender, hay quien prefiere difundir su odio y ejercer violencia (sí, negarle a una mujer trans su condición de mujer es violencia) sin pensar ni un solo momento en que el enemigo a combatir es el patriarcado y que la existencia de las mujeres es un hecho y no una opinión. Tanto es así, que no tienen problema alguno en difundir información de medios de derecha y ultraderecha e incluso aliarse con hombres misóginos cuando les interesa, todo con tal de sustentar sus argumentos. ¿Qué es lo que ocurre cuando las feministas nos negamos a compartir espacios con ellas? Se nos tacha de liberales y se utiliza nuestra sororidad como arma para desacreditarnos. “¿No quieres ir a un acto benéfico organizado por Vox? Entonces es que la gente necesitada te importa poco”. Así sonáis, amigas.

Por tanto:

Hombres, utilizad vuestro privilegio para difundir nuestros mensajes. Respetad a todas las mujeres, no por ser vuestras hijas, hermanas, novias y madres sino por ser seres humanos. Escuchad a las feministas y, si algo de lo que decimos no os convence, probad a indagar en la cuestión tanto como hemos hecho nosotras antes de jugar al abogado del diablo sin ningún argumento.

Compañeras, si una noche me cruzo con vosotras en una calle de Madrid y veo que un hombre no deja de molestaros, os defenderé a cualquier precio. Si un día en el Metro un hombre os incomoda, me levantaré y daré la cara por vosotras. Pero si un día os sorprendo intentando expulsar a una mujer trans de uno de nuestros espacios, la protegeré como a cualquiera de mis hermanas.

Y que no se nos olvide lo más importante: todo esto va de mujeres.

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