Te veo danzar, deslizarte como brisa de primavera. Conecto hasta el sexto sentido cuando tu aroma se introduce por mis orificios. Te he visto acercarte, sin certeza imagino lo que piensas, te imagino, cerca, muy cerca, tan cerca que no corra ni el aire entre los dos. Pero calma, solo nos estamos observando.

Ansío conocer-te, del verbo conocer, saber porque sonríes cuando pasas, descubrir tus puntos fuertes, asomarme al vacío de tu boca, sin la sensación de estar en caída libre, observar en tus ojos todo lo que tienes que decir.

Ansío conocer-te y a poder ser sin ropa. Allí, donde la calma se convierte en cama y alma. Donde no existan palabras justificadas que rompan la magia.

Aunque por pedir, pido que seas tú la que vengas a conocer-me. Así, todo será más intenso, dejando lo que habías pensado de mí a un lado, y agarrando lo que ya conoces.

Y de no poder ser así, que tú y yo no coincidamos nunca más allá de la rutina, solo te pido una cosa: ¡No dejes de cortarme el aire al pasar! No dejes nunca de pasar.

 

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