Día de lluvia en Sevilla
Día de lluvia en Sevilla | Flickr de Juan Jiménez Martínez (CC)

La vida es enfrentar los problemas cara a cara. La vida es hablar diciendo verdades. La vida no es callar gritando mentiras, ni contentar a las personas con palabras vacías que dicen mucho.

La vida no es responsabilizar a los demás de lo que nosotros mismos no queremos ver. La vida no es querer poseer a nuestro entorno, ni dar libertad a lo que ya debe ser libre de por sí. La vida no es contabilizar el cariño por las redes sociales.

La vida es ansiedad por vivir. La vida es querer de todas las formas posibles, hasta en los días grises, hasta en las peores rachas, hasta cuando se toca fondo y te tumban en el último asalto.

La vida consiste en no tirar la toalla.

La vida son reveses, altibajos, dimes y diretes, escaleras que te llevan del infierno al paraíso y viceversa. La vida es mantener el equilibrio sin aferrarnos a la barandilla o al pasamanos.

La vida es lo bueno y lo malo, la salud y la enfermedad, la luz y la oscuridad. La vida es saber saborearla. La vida es saber despedirte. La vida es mirar a los ojos y ser capaz de mostrarte como eres, de destapar tu identidad, de dejar de actuar para el conformismo de los demás.

La vida es saber hacer las cosas, fallar y actuar en consecuencia. La vida es dar la cara por lo que nos importa realmente. Por enfrentarnos a quienes más queremos por motivos más justos y honestos.

La vida no es poner buena cara, ni maquillar los disgustos con buenas palabras. La vida es
gritar verdades a los cuatro vientos. La vida es rodearte de más vida, y alejar la hipocresía.

La vida es ser independiente hasta de uno mismo.

La vida no es dejar la puerta entreabierta dando falsas esperanzas a los que perdieron las ganas de vivir. La vida no es ser quien no eres, no es callarte lo que piensas por el miedo al qué dirán.

Y la vida, pese a todo, es seguir aprendiendo para no cometer los mismos errores.

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