En esta habitación fría me pregunto qué es de ti.

Me pregunto si tú, también te acordarás de mí. Yo nos recuerdo perfectamente.

Recuerdo que sentí la primera vez que te vi. Recuerdo que solo deseaba que fueras en el mismo camino que yo. Recuerdo lo nerviosa que estaba, cómo lo ansiaba.

Creo en el destino. Creo cuando digo que te metió en ese autobús por alguna extraña razón. Creo que todo era un plan, que estaba todo perfectamente planeado para que tú y yo acabáramos en el mismo camino.

Tal vez, el destino no quería que me sintiera más sola en este viaje que es la vida. O, simplemente quería hacer que recuperase la esperanza perdida.

Pero fuese como fuese, hoy te echo de menos. No sé por qué, ya ha pasado tanto tiempo, pero te extraño y me da miedo admitirlo.

Lo más gracioso de todo acabó como mismo empezó, sin palabras. Simplemente con una sonrisa. Una de esas sonrisas que no se olvidan, que quedan grabadas en tu mente.

No nos despedimos con un ‘’para siempre’’, sino todo lo contrario, fue más como un ‘’hasta pronto’’. Lo preferí, porque siempre me han dicho que los ‘’adiós’’ conllevan un ‘’hasta nunca’’, son como promesas rotas y vacías. Pero, terminó con una promesa. Una promesa que perdura en el tiempo.

Y hoy, sí hoy, te echo de menos.

Echo de menos cómo me sentía cuando te miraba. Echo de menos cómo me ruborizaba cuando sabía que estabas cerca. Echo de menos lo fuerte que era contigo. Echo de menos la persona que era antes de tu partida.

Sí, te echo de menos.

Pero, no miento cuando digo que ya no espero nada.

Porque al fin y al cabo, fue solo una aproximación.

Fue solo un »y si» que se quedó sin respuesta. Fue un sueño que no se cumplió.

Recuerdo que me prometí dejar de soñar, porque llegué a la conclusión de que todo lo que soñaba, nada se cumplía. Por eso, dejé al destino seguir jugando su partida, y que sea él, quien mueva las fichas.

Que yo me quedaré aquí, esperando sin esperanzas ni expectativas a que nos crucemos otra vez.

Nos despedimos, en aquella sala que tantos besos, lágrimas, gritos y momentos había visto y vivido. Nosotros éramos dos más de las miles de personas que habían pisado ese suelo. Fuimos dos extraños más que se despidieron sabiendo que tal vez no volverían a encontrarse más.

A lo lejos se aprecia una voz en off diciendo: »Se despidieron, sabiendo que no volverían a verse más. Pero pase lo que pase mañana tuvieron el hoy. Eso era lo más importante».

Cierto es, en este cuarto, escribo unas palabras que nadie leerá. Escribo sin esperanzas ni expectativas. Escribo acerca de una aproximación, que marcó un antes y un después. Qué cabrón fue el destino al ponerte en mi camino, y al quitarte impidiendo que volvamos a cruzarnos.

Con Lonely Boy de The Black Keys, termino por hoy, esperando a que nos volvamos a ver en un futuro lejano, o próximo, ya eso como tú veas.

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