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Seamos como niños esta noche, o toda la vida4 minutos de lectura

por Andrea López
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Qué tontería creer en la magia. Qué tontería sorprenderte por algo, llorar por una película o sentir demasiado. Qué tontería. Qué tontería no tener los pies en el suelo, vagabundear por tus sueños sin un plan definitorio. Qué tontería descuidar tus apuntes perfectos, limpios, cuidados, para asistir a una simple charla sobre escritura creativa. Qué tontería semienamorarse. Qué tontería ir a clases de teatro, perder el tiempo bailando frente al espejo.  Qué tontería creer que algo grande puede pasarte cuando tan insignificante eres. Mira a tu alrededor. ¿No estás viendo lo mismo que yo? Es tristeza. Y nadie puede cambiarla. Deja de pensar que algún día cambiarás algo de lo que ocurre porque no es así. La vida es muy dura, y debes empezar a darte cuenta. Tonterías. Son solo eso. Despierta. Esto es el mundo real y no una de tus encantadoras historias.

Crece.

Crecer. Me asusta tanto. Parece que demasiadas cosas permanecen  implícitas en esa palabra que me da escalofríos solo de pensarlo.

Pero ahora lo sé, y no es cierto.

 Crecer no tiene porqué significar nada. Puedes tener millones de responsabilidades, puedes por un minuto comprender que nada volverá a ser lo que era antes;  que no volverás a ponerte esos zapatos de payaso gigantes mientras balbuceas unas cuantas palabras despistadas, propias de alguien que no es capaz de vivir sin imaginar, de no crear a cada paso que da.  Que tendrás que conformarte con vivir una vida aburrida, simple y desaliñada, corriente, agridulce, siendo alguien demasiado racional y tratando de hacer lo correcto cada minuto. Y no. No tiene por qué.

 He descubierto que crecer no va con algunas personas. No está en sus bobinas.

Nunca dejar de ser un niño, piénsalo; incapaz de prejuzgar, dispuesto a ayudar, sin desconfiar, con ganas siempre de sentir, con demasiada imaginación como para poder aburrirse,  con suficiente empatía. Piensa en un niño que todavía no ha aprendido nada, recién salido de un cascarón, que aún no ha sido clasificado, que no ha sentido la necesidad de ser mejor que nadie, que no ha sido rechazado, que no ha perdido todavía. Piensa en un niño que sabe perdonar porque desconoce otra forma de querer. Piensa en un niño que ama sin condiciones, sin barreras.

Qué ingenuos seríamos si después de que nos hayan roto el corazón y con  él hecho añicos volviésemos a confiárselo a alguien porque de eso trata la vida. Qué inocentes y pobres seríamos si después de que un amigo nos traicionase fuésemos capaces de perdonarle, volver a tenderle la mano, y seguir tratando absolutamente igual a todo el mundo. Seríamos tan idiotas que ni siquiera el mundo nos comprendería. Se reirían de nosotros.

 Y por desgracia, amigos, después de todo esto, nos clasificamos. Eso es lo ocurre; crecemos demasiado rápido, olvidando poco a poco lo valiente que sería comportarse como un niño.

Y ojalá. Ojalá  no creciésemos demasiado rápido. Ojalá tuviésemos siempre esa preciosa chispa azul que brota de las lágrimas de un niño cuando llora, porque siempre lo hace de verdad. Ojalá tengamos  las ganas suficientes, y seamos capaces de perseguir aquello que tanto anhelamos. Ojalá no tengamos sueños sencillos, que nos coman si es necesario, pero que en ningún caso se desplomen. Ojalá que la vida sea un espectáculo, pase lo que pase, y dure el tiempo que dure. Que la huella sea eterna. Ojalá que las palabras no se las lleve el viento esta noche, porque desearía de verdad, ojalá, volver a ser lo que siempre he sido; No tener prejuicios, no competir por puestos de trabajo insanos que pretenden robarme el ápice de locura que me queda. Ojalá ser siempre capaz de pararme por la calle a ayudar a alguien que lo está pasando mal. Ojalá mirar durante siglos la gran vía con el único deseo de entrar a uno de esos teatros y contemplar con mis ojos la maravilla del mundo, y todo lo que él puede ofrecernos, todo lo que somos capaces de hacer. Ojalá nunca se apaguen las pantallas de cine, y Tim Burton siga creando obras de arte en movimiento para que yo pueda seguir escribiendo versos vacíos, pero definitivamente llenos. Ojalá la ternura de nuestros corazones, el romanticismo, la picardía, las insensateces, no se pierdan nunca; porque entonces…habremos crecido.

 Y eso, amigos, no se lo recomiendo a nadie.

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