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¿Cuántas veces has contestado a un mensaje por alguna de tus redes sociales, incluyendo la aplicación de mensajería WhatsApp, con un emoticono? ¿Somos consciente de que usamos en nuestro día a día una potente herramienta de comunicación? ¿Seríamos capaces de prescindir de ellos?

Hasta los partidos políticos y determinadas instituciones de gobierno hacen uso de los emoticonos en los mensajes difundidos a través de sus redes sociales. Hace poco cuestionaba y preguntaba a través de una encuesta en mi perfil de Twitter (@Pablo_Espword) el sentido y significado que adquiría un mensaje político si éste venía acompañado de emoticonos, dependiendo de si su origen era un partido político o una institución gubernamental. El 61% de las personas que respondieron ve con buenos ojos el uso de emoticonos tanto en los partidos políticos como en las instituciones de gobierno, mientras que el 36% cree que no deben usarse en ninguno de los casos. Sólo un 4% cree que los emoticonos son únicamente adecuados para los mensajes de carácter partidista, pero no institucionales. Lo que se puede resumir de estas breves conclusiones es que el debate parece estar muy polarizado, no hay opiniones medias mayoritarias, sino que en este caso sólo caben dos colores: el blanco y el negro. Todo o nada.

¿Pero tan importantes son los emoticonos para que el debate sobre su uso esté polarizado en función de su práctica y seriedad en el mensaje? Para comenzar, el uso del emoticono es fundamental en el mundo tecnológico de la comunicación del siglo XXI. Los emoticonos, en la mayoría de las ocasiones, dan tono a las conversaciones escritas y digitales que mantenemos a diario, e incluso pueden ayudar a entender mejor determinados contextos: por ejemplo, figuras retóricas de nuestro lenguaje, como es el caso de la ironía, la hipérbole, la personificación, el retrato, etc. No es algo nuevo que su uso despierta la creatividad de muchas personas, jugando a adivinar el nombre de determinadas películas o canciones mediante la combinación de emoticonos o en esas cadenas (odiosas, por cierto) que nos llegan para que tengamos suerte en los próximos diez años.

De hecho, no nos debería sorprender el uso y lógica que damos a nuestras palabras a través de los emoticonos, pues hacemos exactamente lo mismo con los colores a través la psicología: el rojo o amarillo suelen tener siempre connotaciones negativas, y el azul o verde, por el contrario, positivas. El ejemplo más claro lo tenemos en los semáforos, que además de jugar con los colores también nos muestra un “emoticono” con el cual damos significado a una prohibición o permiso.  Otro caso muy familiar es el famoso ‘Like’ de Facebook, donde puedes compartir algo que te gusta poniendo una mano con el pulgar hacia arriba, y con el dedo hacia abajo si no es de tu agrado.

Todas las redes sociales han ido incorporando progresivamente la posibilidad de integrar emoticonos en sus mensajes debido a las necesidades de cambio y competencia. Sin embargo, hay partidarios de que el uso de esta herramienta sólo debe adecuarse a situaciones y contextos informales, lo cual excluiría (al menos) a las instituciones gubernamentales. Pero también debemos reconocer que las cuentas oficiales que usan los emoticonos lo hacen para dar frescura, modernidad y un toque de humor a su mensaje. Los ejemplos más cercanos están en las cuentas de Twitter de la Policía Nacional (@policía) y la Guardia Civil (@guardiacivil), que además lo combinan con imágenes humorísticas y animaciones de formato gráficos, conocidos como GIF:

Exactamente lo mismo ocurre en las cuentas de Twitter de los partidos políticos más importantes de España, donde sus últimos tweets vienen acompañados de emoticonos con el que complementan su discurso y llegan a sus seguidores de una forma más cercana:

Pero también se debe mencionar que, por ejemplo, las redes sociales del Gobierno de España y de los Ministerios si se ajustan más a los parámetros clásicos de comunicación y no introducen emoticonos en la mayoria de sus publicaciones. Parece imperar el sentido de la responsabilidad en las cuentas de los partidos políticos, pues usan emoticonos en función del contexto político y social. Sin embargo, tenemos el ejemplo contrario en los períodos electorales, donde el ingenio de los responsables de comunicación interactúa directamente con los usuarios y posibles votantes a través de GIF, emoticonos, respuestas con humor, etcétera. En este último caso es donde el ingenio y/o la rápidez a la hora de dar una respuesta sin pensar en las consecuencias políticas pueden jugarte una mala pasada con la imagen que transmites a los votantes en una determinada red social.

Como conclusión, elaborar mensajes y discursos políticos para las redes sociales con emoticonos que faciliten la lectura y comprensión de posibles votantes y de personas desinteresadas en la política es todo un reto. Es hacer más atractivo el mensaje que quieres transmitir; es cuidar la reputación de la institución, partido o empresa a la que representas y para la que trabajas. Los emoticonos son como los detalles y gestos en la comunicación no verbal, logras transmitir cómo te sientes fuera de tus fronteras y con personas que no hablen tu mismo idioma.

La moraleja es que no se debe echar toda la carne en un único asador, al igual que no todo es poner emoticonos en Twitter o Facebook. Los emoticonos deben ser un medio secundario y complementario para nuestro medio principal que es el discurso con el que llegamos a un público objetivo del mundo digital, siendo éste nuestro objetivo principal.

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