Protestas en Barcelona (20/09/2017) | Flickr Toshiko Sakurai

La cita del encabezado pertenece a Unamuno, que tras ver los horrores que provocaba la insurrección a la que había apoyado, cambió de parecer. Estas últimas semanas hemos vivido un golpe de Estado peculiar. Desde Barcelona, una declaración unilateral de independencia que no va a ningún sitio, y desde Madrid, la usurpación de un gobierno legítimo.

Hemos llegado a un punto donde se aplaude la no voluntad de diálogo de ninguna de las partes, en el que se ve con buenos ojos el uso de un artículo de la Constitución cuya finalidad final es acabar con la voluntad de un pueblo. Hemos comprobado como el nacionalismo no entiende de izquierdas ni de derechas, su único fin real son los votos, de otra manera buscarían una solución dialogada y que pueda estar reconocida internacionalmente.

Usando la represión contra las urnas, el gobierno de España hizo más por la independencia de Cataluña que toda la CUP en la anterior legislatura. Simplemente se podría haber dejado votar y luego no dar por válidos los resultados, que ya no tenían validez jurídica. En lugar de eso, dieron el casus belli que necesitaban los secesionistas para declarar la República catalana, que es poco más que un estado mental, pues acataron el 155, aceptando la autonomía y huyendo el Govern.

La ineptitud de nuestros representantes ha ocasionado un problema político que desembocó en un problema social afectando incluso a la economía y enfrentando a la ciudadanía. Larguísimas jornadas de debates que solo pretenden seguir con el monotema de Cataluña, evitando así hablar de la Gürtel o del 3 per cent. Esto culmina con la simplificación de buenos y malos, en la que el gobierno central nunca pierde.

El pasado día 27 de octubre fue un día tristemente histórico, no solo se proclamó la república de Cataluña basándose en un referéndum sin garantías, sino que horas después se destituyó a todo el Govern desde Madrid. El partido más corrupto de Europa y más residual en Cataluña, ahora gobierna en la región por obra y gracia de la carta magna, para colmo argumentan que lo hacen en nombre de la legalidad. La ley es importante, pero lo es más interpretarla de acuerdo con los principios democráticos. La jornada acabó con la convocatoria de elecciones autonómicas el 21 de diciembre, en las que el bloque independentista podría revalidar su mayoría y continuar su hoja de ruta, en cuyo caso habría que ver si Moncloa acepta los resultados.

No se construyen puentes cerrándose al diálogo, evitando pactar un referéndum o una reforma de la Constitución. No ayuda lo rápido que ondees la rojigualda o cuantos productos catalanes hayas dejado de comprar, tampoco amenazar con judicializar a todo un gobierno y a los dirigentes de asociaciones. Es el momento de olvidar siglas y pensar en un modelo que pueda contentar a todas las partes, como podría ser el caso del federalismo, crear consenso y pactar.

Parafraseando al escritor que da título a este artículo, le mando un mensaje a los constitucionalistas: ”Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España.”

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