Un restaurante y un instituto demoscópico tienen algo en común: ambos necesitan una cocina para funcionar. El cuatro de diciembre comenzó la campaña electoral, y como siempre ocurre, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó el estudio pre-electoral de las elecciones generales previstas para el 20 de diciembre. Como siempre, lo más esperado de este estudio por parte de los medios de comunicación fue el pronóstico de la distribución de voto y escaños, lo que se llama la estimación de voto. Y también, como siempre, han sido muchos los que los últimos días han hablado de la “cocina de las encuestas”.

¿Qué es la cocina de una encuesta electoral?

Lo que popularmente se conoce como la “cocina de una encuesta” son los procedimientos que se utilizan para transformar lo que los entrevistados declaran que harán el día de las elecciones en una estimación del resultado electoral. Esta serie de transformaciones son necesarias, ya que normalmente los datos están incompletos.

La intención directa de voto

El CIS llama a la puerta de hogares seleccionados aleatoriamente, selecciona a una persona y le pregunta: en caso de que mañana hubiera elecciones ¿a qué partido votaría usted? Como os podéis imaginar, no es raro que muchos entrevistados respondan: “a ti no te lo voy a decir”. El voto siempre ha tenido algo de íntimo. O que otros, a los que les gusta decidir el voto de camino al colegio electoral, suelten un “no lo sé”. También, algunas veces, los que tienen un partido decidido pero les da vergüenza decirlo se unen al grupo del “no lo sé”. Esto suele pasar en España con los votantes del PP. En otros casos, directamente, declaran que no van a ir a votar. Incluso algunos dicen que van a ir a votar pero el día de las elecciones se van a la playa, a la montaña o de romería, y al final, se quedan sin votar (¡Pero ellos querían votar!). Por último, una parte de los entrevistados, estos sí, suelen declarar su preferencia por un partido. Fruto de las respuestas a esta pregunta se produce el gráfico 1 que está basado en el estudio pre-electoral del CIS para las elecciones del 20-D. Como se puede ver, más de un  25% de los electores “no saben” o “no contestan” a un mes de las elecciones (los datos se recogieron en noviembre).

 

 

La receta de la estimación de voto

El día de las elecciones, las opciones de “no sabe” y “no contesta” no existen. La gente toma una decisión sobre si ir a votar, y en caso de acudir a las urnas, decide a qué opción votar. Por ello, para hacer una estimación del resultado, partiendo de la intención directa de voto, primero es necesario averiguar quiénes son los que realmente irían a votar en unas elecciones. Después, de entre los que irían a votar, hay que determinar a qué partido votarían aquellos que “no saben” o “no contestan”.

De la misma forma que en cada casa de España, el domingo, la paella se cocina con una receta distinta, cada instituto de investigación tiene su propia metodología para decidir quiénes son los que irían a votar en unas elecciones, y  a qué partido votarían aquellos que se posicionan en el “no sabe” o “no contesta”. Y como pasa con las recetas en muchas casas, la metodología para realizar las estimaciones de voto no suele divulgarse. Sí, sé lo que estás pensando, la falta de transparencia sirve para alimentar las acusaciones relacionadas con la “cocina”. Y es verdad. Pero imagínate por un momento que te dedicas a la cocina de manera profesional, y tienes una receta que te hace ganar dinero. Puedes publicarla, pero es compresible que no lo hagas. Otra cosa distinta es en el caso de los institutos públicos como el CIS, que pagamos entre todos, y que por lo tanto la metodología debería estar disponible para que cualquiera la pudiera consultar.

Aunque la metodología para la estimación de voto se mantenga en secreto, sabemos los principios generales. A aquellos que se posicionan en el “no sabe” o “no contesta” se les asignan una opción en base a otra información que está disponible en el cuestionario, como por ejemplo, la simpatía que tienen por los diferentes partidos políticos. Parece razonable que si alguien está indeciso pero el partido que le genera más simpatía es Independientes por Illescas, al final termine votando a este partido. Otra información que también se puede utilizar para ubicar a los indecisos es la valoración que hacen de los candidatos, el partido al que votaron en las últimas elecciones, o su posición ideológica. Como os podéis imaginar estos ajustes no están libres de error, especialmente cuando existe un volumen elevado de electores que se sitúan en el “no sabe” o “no contesta”.

Algunos institutos de investigación advierten de los errores que se pueden derivar de la aplicación de esta metodología. En el caso del CIS, aunque no se publique en los medios de comunicación, la estimación de voto va acompañada del siguiente mensaje:

Dado que los datos de los indicadores “intención de voto” e “intención de voto + simpatía” son datos directos de opinión y no suponen ni proporcionan por sí mismos ninguna proyección de hipotéticos resultados electorales, en este anexo se recogen los resultados de aplicar un modelo de estimación a los datos directos de opinión proporcionados por la encuesta. Este procedimiento conlleva la ponderación de los datos por recuerdo de voto imputado y la aplicación de modelos que relacionan la intención de voto con otras variables. Obviamente, la aplicación de otros modelos a los mismos datos podría dar lugar a estimaciones diferentes.

Una vez aplicados los ajustes explicados en el párrafo anterior, se genera la estimación de voto, que se presenta en el gráfico 2 (estudio pre-electoral CIS). Las diferencias son notables si se compara con el gráfico 1. Primero porque mientras que la intención directa de voto se expresa sobre el total de la muestra que representa a todos los españoles mayores de 18 años (el 100% del censo electoral), la estimación de voto se expresa sobre aquellos que irían a votar en unas elecciones (normalmente 65%-75% del censo electoral). Segundo porque, como se puede apreciar, el “no sabe” y “no contesta” no aparecen en el gráfico 2. Esto quiere decir que nada más y nada menos que a un 25.2% de los entrevistados se les ha imputado su comportamiento electoral probable. Este hecho ya nos indica que debemos ser muy cuidadosos con la interpretación que hagamos de la estimación.

Pero, ¿por qué el PP suele salir beneficiado en las estimaciones y partidos como Podemos o IU perjudicados en comparación con la intención directa de voto? En la próxima entrega daremos algunas indicaciones sobre los problemas que existen en la actualidad para transformar la intención directa de voto en la estimación y cuáles son las claves para interpretar las estimaciones de voto en estas elecciones.

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