Abuelos andaluces Cataluña

La campaña de las elecciones autonómicas del 27-S en Cataluña comenzó sacudida por las declaraciones de Pablo Iglesias apelando al voto de aquellos que “no se avergüenzan de tener abuelos andaluces”. Aunque este mensaje se salga de los cánones de lo políticamente correcto, había un objetivo claro, los catalanes cuyas raíces están fuera de Cataluña. Es bien sabido que la sociedad catalana es diversa, lo que ha dado lugar a fenómenos particulares como, por ejemplo, la entrada del Partido Socialista Andaluz (PSA) en el Parlament con dos diputados en las elecciones autonómicas de 1980. Esta diversidad también es utilizada en campaña para dirigir mensajes, como hizo el líder de Podemos, pero ¿Cuántos catalanes tienen sus orígenes fuera de Cataluña? ¿Cómo se sienten los catalanes con origen fuera de Cataluña? ¿Está relacionado este fenómeno con su visión de la organización territorial?, y lo más relevante, ¿Están relacionadas las raíces de los votantes con el voto el próximo domingo?

Antes de empezar que queden claras dos cosas. Todos los datos que aquí se presentan provienen de la encuesta pre-electoral del CIS, una encuesta no deja de ser una fotografía en un momento determinado. Los datos de esta encuesta fueron recogidos entre el 30 de agosto y el 4 de septiembre. La realidad que se refleja en la fotografía puede haber cambiado desde entonces. Lo segundo es que, aunque este artículo se centre en la influencia de las raíces y la identidad nacional sobre las actitudes políticas, no hay que olvidar que otros factores, como la clase social o el nivel educativo también son relevantes.

¿Cuántos catalanes tienen sus raíces fuera de Cataluña?

Los datos dicen que entre el 60% y el 65% del electorado tiene sus raíces total o parcialmente fuera de Cataluña. El estudio pre-electoral del CIS para las elecciones catalanas del 27-S incluía una pregunta sobre el origen de los padres del entrevistado. Además  también se preguntaba sobre la lengua hablada normalmente en el hogar. Para este análisis hemos decidido combinar ambas; la práctica totalidad de los electores con ambos padres de origen catalán hablan catalán en casa, mientras que lo contrario ocurre cuando ambos padres son originarios de fuera de Cataluña, sin embargo, en el caso de que los padres sean uno de fuera de Cataluña y el otro catalán, hay una división entre los que usan el catalán como lengua habitual y los que usan el castellano o ambas. El gráfico 1 (G1) muestra la distribución de los electores catalanes según el origen de sus padres y el idioma hablado en casa.

El gráfico muestra la estimación del tamaño de cada grupo entre los ciudadanos con derecho a voto en las elecciones del próximo domingo. Entre el 35% y el 39% de los catalanes con derecho a voto cuentan tienen ambos progenitores de origen catalán (y hablan catalán en casa). El porcentaje de electores con padres de diferentes orígenes pero que hablan catalán en casa está entre 8% y el 10%. El caso contrario, los potenciales votantes con padres de diferente procedencia pero que hablan castellano o ambas lenguas en casa suponen entre un 8% y un 11%. Por último, el grupo más voluminoso es el de catalanes con ambos padres provenientes de fuera de Cataluña, este grupo supone entre el 42% y el 47% de los electores.

 

¿Cómo se identifican los catalanes según su origen y la lengua hablada en casa?

La mayoría de catalanes se sienten tan españoles como catalanes. La Tabla 1 presenta, para cada grupo de electores según el origen de sus padres y la lengua hablada normalmente en casa, su sentimiento de identidad nacional. Así, en el grupo de los electores con ambos padres de origen catalán, la mayoría (43.7%) se sienten únicamente catalanes, mientras que un 35.7% se siente más catalán que español. En el caso de los censados con padres de diferentes orígenes pero que hablan catalán en casa, la mayor parte (37.8%) se sienten más catalanes que españoles, aunque también hay un 34.5% que se siente tan español como catalán. Tanto en el grupo de padres de diferentes orígenes pero que hablan castellano o ambas lenguas en casa, como el de ambos padres fuera, la mayoría dicen sentirse tan españoles como catalanes (60.6% y 59.8% respectivamente). Como se ha visto en algunas encuestas en los últimos días, la mayoría de los catalanes con derecho a voto se sienten tan catalanes como españoles, principalmente, por el peso que tiene en la sociedad catalana el grupo con sus orígenes fuera de Cataluña.

¿Qué piensan del modelo de organización territorial?

Existe un consenso entre los diferentes grupos de que el modelo autonómico actual está agotado. Sin embargo las diferencias aparecen al posicionarse sobre si se debe caminar a un modelo con mayor autonomía o si es preferible un estado en el que las comunidades puedan convertirse en estados independientes. La Tabla 2 presenta las preferencias de los electores sobre diferentes modelos de organización territorial. Entre los electores con origen catalán u origen mixto pero que hablan catalán en casa hay un amplio consenso acerca de que el modelo ideal es en el que las comunidades puedan independizarse y fundar un estado propio (73.4% y 64.4% respectivamente). En el grupo de electores con progenitores de diferentes orígenes que hablan castellano normalmente, existe un empate entre los que apuestan por un sistema autonómico reforzado y los que opinan que las comunidades deben tener derecho a fundar estados propios (40.9% y 39.9% respectivamente). Por último, entre los electores con raíces totalmente fuera de Cataluña, la opción preferida es que se amplíe el actual régimen de autonomía (35.7%), sin embargo, como vemos en los porcentajes, el nivel de acuerdo está lejos de alcanzar el consenso que existe en los grupos con origen catalán o mixto, que hablan catalán en casa, acerca de que la comunidades tengan la posibilidad de independizarse.


¿Y qué tiene que ver esto con cómo piensan votar los catalanes el próximo domingo?

Al afrontar unas elecciones en las que la identidad nacional y el modelo de organización territorial están en el centro del debate, el hecho de que entre los grupos que hemos definido haya diferencias sustanciales, hace que estás diferencias se vean reflejadas también en el comportamiento electoral. Así, por ejemplo, la candidatura de Junts pel Sí, nacida de la unión de diferentes partidos y organizaciones pro-independencia, entre ellas ERC y CDC, el partido de Artur Mas, sería la más votada entre los electores con ambos padres de origen catalán (60.1%), entre aquellos con padres de diferentes orígenes pero que hablan catalán en casa (53.9%), y a bastante distancia, también entre los censados con padres de diferentes orígenes que con castellano como lengua habitual (27.2%). Sin embargo, en este último grupo habría una mayoría de voto a los partidos contrarios a la independencia, es decir, PSC, PP, Ciutadans, Catalunya Sí que es Pot y Unió frente a Junts pel Sí y las CUP (44.2% frente a 35.1% – el resto hasta sumar 100% corresponde a otros partidos, voto blanco, abstención y no sabe/no contesta). Entre los votantes cuyos padres provienen ambos de fuera de Cataluña, habría un cuádruple empate entre Ciutadans (17.2%), Junts pel Sí (16.9%), Catalunya Sí que es Pot (16.0%) y el PSC (15.9%). Los márgenes entre estas cuatro formaciones en este segmento son tan estrechos que no podemos saber cual era la opción preferida en el momento en que se realizó la encuesta. Lo que sí queda claro es que las fuerzas que no apuestan por la independencia cuentan con una clara mayoría en este grupo: 57.6% frente al 20%.

Otro dato interesante que arroja la tabla es que tanto el volumen de la abstención-blanco-nulo como el del no sabe/no contesta cambia para los diferentes grupos. El grupo de votantes con ambos padres nacidos en Cataluña es el más movilizado, la abstención solo alcanza el 6.5% en este grupo, sumando los no sabe y no contesta, el porcentaje alcanza el 14.7%. Este porcentaje es mayor en los otros tres grupos, con valores en torno al 20%.

Esto quiere decir que la victoria en número de votos de la coalición pro-independencia estará condicionada principalmente por dos factores. Por un lado, la movilización que los partidos contrarios a la independencia hayan conseguido durante la campaña en sus grupos más receptivos, los votantes que hablan castellano en casa y, por el otro, el volumen de voto que la coalición pro-independencia pueda conseguir entre los grupos de votantes con padres de diferentes orígenes. En cualquier caso, parece que el líder de Podemos sabía muy bien a quien dirigía su discurso, sus potenciales votantes.

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