45 revoluciones
Los actores Carlos Cuevas, Guiomar Puerta e Iván Marcos, protagonistas de "45 revoluciones" | Atresmedia

En un universo sesentero de vinilos y alcohol, tres jóvenes desatan su ambición por triunfar en el hermético panorama musical de la época. El miedo de las grandes esferas de la industria (encasillados en Marisol y Juanito Valderrama), la visión conservadora de los progenitores y la dificultad femenina por triunfar más allá de las fronteras de la mesa de secretaria chocarán con las aspiraciones del trío. Este es el cóctel temático que ofrece 45 revoluciones, la nueva apuesta de Antena 3 para la noche de los lunes.

La serie (producida por Bambú Producciones) inaugura una nueva iniciativa de Atresmedia, que en su afán por adaptarse a nuevas formas de consumo, va a trabajar únicamente con series de 50 minutos. Junto a ello incorpora el modelo de publicidad 3×3 (tres pausas publicitarias de tres minutos cada una). Así, el triángulo protagonista parece repartirse el peso de la trama y evita historias secundarias de relleno que desvíen al espectador de lo importante. Y todo este conjunto de elementos, ambientado en un paisaje musical y empaquetado en dosis más cortas de lo habitual, funciona. Al menos en el primer capítulo.

45 revoluciones va a toda velocidad. Los movimientos de cámara son rápidos, y los personajes hablan tan rápido que en algún momento cuesta entenderlos. El montaje aporta más velocidad aún, con pantalla partida en varias ocasiones para mostrar diferentes planos y acelerar la trama a ritmo frenético. Es el ritmo del rock, del pop y de la revolución musical de los sesenta. De los sueños de juventud en tiempos de represión.

Trailer de “45 revoluciones”

Se agradecen las caras nuevas en el reparto. Carlos Cuevas (que vuelve a un papel protagonista año y medio después del final de Merlí) da vida a Robert, un melómano empedernido que choca con la oportunidad de su vida mientras se cuela a dar un concierto de forma ilegal. Este golpe de suerte, con bigote y cigarro en mano, es Guillermo Rojas, interpretado por Iván Marcos, que intentará romper los patrones de la música de la época para impulsar el estilo que gusta a la juventud. El trío de personajes lo completa el personaje de Maribel, interpretado por Guiomar Puerta, que regala el punto álgido del primer episodio con un speech feminista que grita libertad en tiempos de opresión (y más que nunca, necesario).

En los últimos minutos del capítulo llega la primera píldora musical. La pantalla informa: “2 de diciembre de 1962. Primer concierto”. Robert sube al escenario con gafas de sol opacas y guitarra en mano. Suenan los primeros acordes de Human de The Killers, con un arreglo sesentero para que no chirríe en los cuidados universos de ficción a los que la fusión entre Bambú y Atresmedia nos tiene acostumbrados. La serie compone su banda sonora con canciones contemporáneas (del Bad Romance de Lady Gaga al Hey Soul Sister de Train) para conectar la realidad del espectador al ritmo de vida de los sesenta. Y el resultado, aunque peculiar, es eficaz.

45 revoluciones arranca bien. Pese a que el ritmo acelerado en ocasiones resulte agotador y reste naturalidad a la historia, el primer capítulo ofrece más pros que contras: la duración de 50 minutos, la reducción de personajes secundarios o el trio protagonista. Y la música. Porque versionar a Lady Gaga en los sesenta puede ser muy guay. Sobre todo si es Carlos Cuevas quien canta.

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