A la atención del próximo estreno de La Bella y la Bestia, en versión de carne y hueso, pero con la esencia del cuento infantil creado por Walt Disney, me tomo la licencia de hacer una breve reflexión sobre el papel de la mujer en estas historias.

Poco o nada hemos avanzado en el rol principal que toma “la princesa” o protagonista femenina, en las películas que progresivamente se han ido estrenando desde que comenzara la saga con Blancanieves en el año 1937. Y si es cierto que los modos de comportamiento han ido evolucionando, así como el trazado del dibujo o los mismos efectos especiales en las películas. Algo que sin embargo sigue estando en el mismo punto son las canciones principales, que siempre tienen espacio en estos films y que son cantadas por los personajes principales. Así, junto con los vestidos más característicos de sus personajes, es como se suele recordar las películas: “El ciclo sin fin”, “Bella y Bestia son”, “Un mundo ideal”, “Bajo el mar”, “Suéltalo”. Pero volviendo a los roles y guiones de vida de los personajes, y más concretamente de ellas, es evidente que siempre representan la dulzura, paciencia, tesón, educación o habilidad, belleza, juventud, madurez…

El porqué de este argumento hilado me surge a razón de ver uno de los trailers de La Bella y la Bestia.

Ella hermosa, joven, paciente, amante de la naturaleza, los libros, creativa y protectora de sus seres querido. Él adulto, transformado en bestia por su egoísmo y como castigo, reservado, cabezota, descuidado, introspectivo, impetuoso, infantil.

En el fondo ninguno de ellos encarna la maldad, que por el contrario si se ve reflejada, aunque solo en parte porque se trata de una película infantil, por el personaje de Gastón, el joven guapo y presumido que quiere casarse con Bella.

Las primeras protagonistas eran princesas que vestían harapos de doncellas, jóvenes soñadoras o escondidas herederas en busca del amor verdadero. Cenicienta, la Bella Durmiente y Blancanieves son sus principales ejemplos. Con la Bella, Ariel y Jasmine comenzaba la apertura, muy lenta, de la mujer como defensora de valores de libertad e independencia, que terminaban de materializarse con Pocahontas.

Mulán y Tiana marcaban un antes y un después al representar el lado mas “guerrero” y luchador, por encima del sentimiento romántico. Recordemos que Mulán desechaba la idea de casarse y tener que realizar todo el rito que lo acompañaba, en el que no se sentía precisamente como pez en el agua. Tiana por su parte anteponía la idea de crear una empresa, su propio restaurante, en vez de formar una familia.

Mérida y Rapunzel eran las últimas incorporaciones que se sumaban a la lucha por hacerse un hueco entre las mujeres reales. La primera que se presentaba ella misma como pretendiente a su propio casamiento (con la idea de que si ganaba el torneo en el que se disputaba la mano pudiera quedarse soltera y hacer lo que conviniese). En esta historia no hay presencia masculina importante, sino que la historia gira en torno a la relación madre-hija. Por parte, la princesa encerrada en torre, de largo pelo dorado, terminaba por quedarse con un corte garçon para poder librarse de su poder-maldición.

Y con las hermanas del reino de hielo hemos llegado a la máxima evolución femenina hasta la fecha. Comienza como cualquier otra película, y lo que parece ser la clásica historia de amor se convierte en un canto a la amistad, la familia y al verdadero amor verdadero, no el platónico sino el que se cultiva día a día.

 

Y con eso aún estamos lejos de lo que queremos conseguir, pero hay muchos temas que se mezclan en este aspecto: el debate sobre si desde los cuentos e historias infantiles deben colocarse ciertos valores que solo los adultos son capaces realmente de asimilar.

Quizá un paso sería contar la historia de un chico o una chica, no necesariamente de sangre azul, con pasiones e ilusiones, que persiguiera un sueño y que por el camino encontrase amigos fantásticos que le ayudaran en los obstáculos hasta conseguirlos. Sin héroes, salvadores, malhechores… Y mientras recordaremos clásicos reinventados pero con la esencia original de que “La belleza esta en el interior”

Elena Marticorena
(Madrid, 1989) Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM y Máster en Comunicación Política y Empresarial en la UCJC. Redactora para departamentos de belleza y parafarmacia. Fotógrafa y periodista de investigación para Majadahonda TeVa. Apasionada de la cultura, la escritura creativa y la danza.

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