La historia política del Paraguay contemporáneo ha pasado por la dictadura militar más longeva del Cono Sur en el siglo XX, una transición con intento de golpe de estado, un neogolpe por juicio político exprés y lo que ahora pareciera un régimen democrático en consolidación.  

Todo ello reúne un denominador común: la Alianza Nacional Republicana o lo que es lo mismo, el Partido Colorado. Y es que este actor cuenta con la peculiaridad de haber sido en todo este mejunje de regímenes políticos varios, el partido de y en el poder excepto en dos períodos: 1940-1946 y 2008-2012. Es la mayor fuerza política del país en número de votos y en número de afiliados. Pero además, en tantos años de poder, se han generado dinámicas conspiranóicas en el seno del partido: golpe de Estado a la dictadura, escisiones, intra derrocamientos, luchas de poder, asesinatos, exilio y otros cuentos, siempre en sintonía y de la mano de las Fuerzas Armadas paraguayas. 

Antes de referirme a la actualidad, es pertinente remontarse al origen que ha condicionado el momento actual. Una dictadura de 35 años no deja impune a un país. Remar la transición a la democracia cuando la dictadura establece las bases ideológicas de los futuros actores políticos, patrimonializa – en un sentido weberiano – el Estado para el uso personal y le declara la pobreza a millones de ciudadanos, previa concesión de la riqueza a su casta política, se hace a contracorriente.

El stronismo

El General Alfredo Stroessner, miembro del Partido Colorado, asumió el poder político del Paraguay en 1954 mediante un golpe de Estado al presidente Federico Cháves del Partido Colorado también. Consolidó un régimen militar autoritario, personalista, de Partido Único, reelección indefinida y bajo régimen de excepción, lo que permitió la limitación de derechos políticos y civiles, los abusos y persecución política de opositores al régimen. 

El stronismo fue un autoritarismo represor que generó torturas, desapariciones y el exilio de miles de paraguayos. Pero también una casta cercana al régimen que se benefició del reparto de tierras, cargos administrativos, y demás patrimonio estatal, generando una situación de estancamiento en el poder de las elites políticas y económicas. El Estado stronista fue un caso de estado patrimonial que afianzó en el poder presidencial al dictador, bajo la alianza del Partido Colorado con las Fuerzas Armadas y la complicidad del poder económico.  El reparto de tierras acomodó a la clase política cercana al poder de Stroessner que legitimó el régimen desde su acomodo ilícito. 

En 1989 el general de las Fuerzas Armadas y miembro del Partido Colorado, también, y consuegro de Stroessner, lideró un golpe de Estado que depuso del poder a Stroessner, quien se exilió en Brasil hasta su muerte en 2006. Lo paradigmático del derrocamiento del régimen mediante golpe de Estado, fue la intención de iniciar el proceso hacia la transición democrática por este medio. 

Una escisión del régimen, decidió el cambio de rumbo. Tras el golpe, se otorgó un período de 90 días para la convocación de elecciones democráticas. Sin embargo, esta invitación a la democracia del binomio Partido Colorado-Fuerzas Armadas, otorgó  un plazo de 3 meses a una oposición proscrita, prohibida o inexistente para competir con el oficialismo colorado en unas elecciones bajo la normativa electoral stronista

Los partidos tradicionales paraguayos son el ya conocido Partido Colorado y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), ambos de ideología liberal. Por otro lado, la izquierda ideológica no se encarnó como actor político relevante. Una consecuencia de ello es la demonización al comunismo que se realizó durante los años de dictadura – de hecho, Paraguay es el único país en América Latina que tiene relaciones diplomáticas con Taiwán y no con China – dejando vacante la izquierda en el sistema de partidos. Por tanto tenemos un partido de gobierno, un partido de oposición, y un tercer espacio para diferentes fuerzas políticas con poca relevancia institucional.

La transición

El general Rodríguez fue electo presidente del nuevo Paraguay en transición democrática. Posteriormente se aprobó una nueva Constitución – 1992- y las elecciones se sucedieron durante la década del 90 siempre bajo gobiernos del Partido Colorado. 

El año 1999 marca un punto de inflexión en la dinámica política. El asesinato del vicepresidente Argaña (del Partido Colorado) generó una movilización social sin precedentes de seguidores de Argaña, estudiantes y organizaciones sindicales, entre otros, que se juntó con una marcha campesina en  lo que pudiera ser la mayor movilización social del Paraguay democrático hasta entonces. El desalojo de la marcha fue violento, al mismo tiempo que el general Oviedo (del Partido Colorado), presuntamente autor intelectual del asesinato por rivalidad política, quedaba absuelto de pena por un intento de golpe de Estado en 1996, habría dispuesto de francotiradores para disparar a los manifestantes, 7 personas fueron asesinadas. El presidente, Cubas, optó por desalojar la plaza con facciones del ejército no afines a Oviedo. Finalmente el presidente dimitió por la presión del pueblo congregado, presión internacional y presión de la Iglesia Católica. 

Estos hechos, a 10 años de la caída de Stroessner, abrieron una ventana a la voz ciudadana: impulsó a la sociedad civil más o menos organizada. 

Poco después, las elecciones de 2008 fueron disputadas por un obispo y candidato, Fernando Lugo, quien por primera vez desde 1940, arrebató el poder político al Partido Colorado, en su candidatura por Alianza Patriótica por el Cambio. Lugo es un outsider político, que en casos de desafección ciudadana con el sistema político, el outsider genera legitimidad y representatividad, por encima de disciplina partidaria.

No es menor que Lugo llegara a la presidencia en contra del hambre, la pobreza y la corrupción. Su programa  político se basó en una política económica con equidad social, reforma agraria, recuperación de las instituciones públicas, erradicación de la corrupción justicia independiente, memoria y plan de emergencia ante los problemas sociales del país. Lugo será destituido por el Parlamento antes de finalizar su  mandato.

Fernando Lugo, Presidente de Paraguay entre 2008 y 2012

Stroessner construyó una élite afín al régimen en base al reparto de tierras en un país cuya matriz productiva es la agricultura – en particular el agronegocio extractivista para la exportación de soja (transgénica), o carne vacuna, entre otros.

Hoy en día el 80% de la propiedad de la tierra en Paraguay la concentra el 2% de la población. Además, la actividad agropecuaria apenas contribuye tributariamente, por lo que las exportaciones del agro terrateniente están exentas de impuestos en un país sumamente desigual.

El neogolpe a Lugo, el golpe de Estado constitucional

Los acontecimientos que derivaron en la destitución del presidente desde el Parlamento, fue una matanza en el enfrentamiento entre campesinos sin tierra y policía que se produjo durante un desalojo en las tierras del  empresario, ex senador y ex presidente del Partido Colorado Blas Riquelme, en su estancia de Curuguaty de 1748 hectáreas, la mayoría adquiridas en el stronismo. La justicia ha absuelto a los campesinos, sin embargo la política busca su criminalización. Y es que el conflicto de la tierra, pasa por la propiedad privada de los terratenientes aka élites políticas aka élites económicas.

CONOSUR visita asentamientos campesinos en resistencia | Flickr CLOC-VC Paraguay

El Parlamento activó el procedimiento de juicio político contra Lugo ante la matanza de Curuguaty. En 24 horas el Parlamento conformado por las élites tradicionales había destituido al presidente Lugo. El Parlamento siempre contuvo cualquier avance de la reforma luguista y activó una campaña de desprestigio que ante la chispa del desalojo violento, eliminó la amenaza reformista.  El Partido Colorado y el PLRA, en todas las elecciones post stronismo, siempre tuvieron más del 70% de la bancada de la Cámara de Diputados.

Policía Nacional en las inmediaciones de la manifestación contra el golpe | Flickr Mónica Omayra

Paraguay fue suspendido de su membresía del Mercosur y de la Unasur ante lo que se entendió en el orden regional como una ruptura del orden democrático del país.

Adivinen que vino después

En 2013 se volvieron a convocar elecciones presidenciales, y, sorpresa, el candidato del Partido Colorado ganó. Horacio Cartes, empresario (del alcohol, del tabaco, del deporte, fue acusado por una trama de estafa al Estado y presuntamente por narcotráfico) vinculado al Partido Colorado, en parte outsider de la política, en campaña presumía de no haber votado nunca, es propietario de algunas miles de hectáreas adquiridas en el stronismo, ganaba los comicios tras la destitución de Lugo.

En paralelo al mandato de Cartes la llamada primavera estudiantil paraguaya despertó en el seno de la Universidad Nacional de Asunción. Lo que ha sido uno de los movimientos sociales más relevantes después del golpe a Lugo, es también una demanda de reforma democrática en la Universidad, donde el Partido Colorado se vincula con altos cargos ejerciendo doctrina autoritaria en su gestión. Si bien el inicio de la movilización fue estudiantil, de ciudadanos nacidos en democracia, la misma ha movilizado simpatías de otros grupos, y eso es interpretado como cambios en la práctica ciudadana del Paraguay. 

Clientelismo electoral

La dinámmica electoral en Paraguay viene presentando algunas dificultades herencia del stronismo. Así como el reparto de tierras, contratos con el Estado y empleo público era una práctica habitual del estado patrimonial stronista, la transición adoptó nuevas formas clientelares en el universo electoral. La historiadora y socióloga paraguaya Milda Rivarola, describe como dependiendo de la elección – dentro del nivel vertical: local, departamental, nacional – los agentes políticos de los candidatos ofrecen un amplio abanico de insumos: contractuales o materiales, a cambio de votos. Ponen a disposición transporte al lugar de votación como método de control al votante-cliente. Pero el énfasis hay que ponerlo en la desigualdad en derechos que se genera: en un sentido activo, influyendo el voto contrariamente a ideologías y demandas derechos por vías partidarias, y por otro impidiendo la posibilidad de que la población sin recursos sean elegibles políticamente. 

Paraguay hoy

Las últimas elecciones, celebradas en 2018, dieron la victoria a Mario Abdo, candidato del Partido Colorado. Marito es hijo de Mario Abdo, el que fuera secretario personal de Stroessner, persona de confianza del dictador, beneficiario y receptor de algunas miles de hectáreas del stronismo; está casado con Silvana López Moreira Bó, nieta de uno de los empresarios más adinerados y cercanos a Stroessner, quien recupera el despacho de primera dama, clausurado desde 2008.

Mario Abdo y la Primera Dama durante el juramento del cargo (15/08/2018) | Flickr Mario Abdo

Mario Abdo, hereda los desafíos abiertos de Paraguay. La desigualdad, la reforma agraria y la matriz productiva siguen en el eje. Afronta estas dimensiones con una sociedad civil cada vez más movilizada y con una situación beneficiosa para el agronegocio elitista tras las reformas de Cartes: agroexportación, inversiones de multinacionales y represión-criminalización del campesinado organizado. El investigador Gustavo Setrini afirma que un estudio de Base Investigaciones Sociales destaca que entre 2013-2015, una comunidad campesina fue criminalizada cada 15 días.

El mandato de Abdo ha estado al filo del juicio político. La filtración de la intención, secreta, de compra de energía a la hidroeléctrica Itaipú (la mayor central hidroeléctrica generadora de energía), binacional Paraguay-Brasil, ha sido entendida como cesión de soberanía de Paraguay a Brasil, por la oposición. La idea de soberanía de los recursos naturales como patrimonio estatal se fue construyendo con el gobierno de Lugo, ante  la impunidad de Brasil en este recurso compartido. La publicación de este dato le ha costado al gobierno la dimisión de varios altos cargos, entre ellos el canciller y embajador en Brasil. La adquisición se suspendió revolviéndose diplomáticamente entre las jefaturas de Estado. Ni que decir que Bolsonaro es fan declarado de Stroessner y las relaciones actuales entre ambos países están en sintonía.

(Foz do Iguaçu – PR, 26/02/2019) Presidente da República, Jair Bolsonaro cumprimenta o Presidente da República do Paraguai, Mário Abdo Benitez. Foto: Alan Santos/PR

Abdo se ha unido a las filas del Grupo de Lima. Neoliberal por excelencia, conservador en la nueva agenda de derechos, este gobierno cumple con los parámetros ideológicos y políticos de la región en la actualidad (click aquí para más información).

President Donald J. Trump welcomes Paraguay President Mario Abdo Benitez Friday, Dec. 13, 2019, to the Oval office of the White House. (Official White House Photos by Joyce N. Boghosian)

Marchas ciudadanas han estado pidiendo el juicio político. Sin embargo, voilà, el Parlamento de mayoría colorada no garantiza la destitución del Ejecutivo, a pesar de las demandas por falta de confianza de la ciudadanía con el gobierno.

La hegemonía política del Partido Colorado en Paraguay – independientemente de las propias luchas y batallas de poder internas – es asombrosamente camaleónica. Su paso, entendido como ejecución del poder, por los diferentes regímenes políticos así lo indica. El estatismo de las élites políticas en el sistema político paraguayo en conjunto al poder económico – concentrado en el agronegocio de exportación, vinculado a la tierra, propiedad de las élites- generan una dinámica de poder difícilmente penetrable por alternativas políticas, lo cual abre interrogantes en torno a la democracia en Paraguay.

 

Nota: Este artículo está inspirado en un ensayo de la misma autora presentado en el marco de la Maestría en Estudios Contemporáneos de América Latina de la UDELAR en conjunto con la UCM.

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