Ayer por la tarde llegaban, como un golpe seco en el estómago, las primeras noticias sobre el atentado en Barcelona. Según pasaban las horas, los datos se hacían más espeluznantes. Más dolorosos. Más incomprensibles. 13 muertos y más de un centenar de heridos. Y nosotros sin saber dónde meter tanta impotencia.

Esta mañana nos despertamos con el corazón un poquito más pequeño y deshecho oyendo hablar de Cambrils, después de apenas haber dormido. Nuestras camas estaban en Madrid, en Córdoba, en León, en Toledo, pero todos estábamos en Barcelona.

Hoy no quiero hablaros de odio. Podéis meteros en cualquier red social y veréis contenido a raudales culpando a comunidades, poniendo la mira en un color de piel. Ya hay bastante de eso y no quiero contribuir más. Hoy quiero que se incline la balanza hacia otro lado.

Hoy os hablo de solidaridad, de calidad humana. De amor. De incondicionalidad. De bondad  y de empatía entre seres humanos.

Ayer Barcelona fue testigo una vez más de cómo somos capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos para ayudar. Sin recibir nada a cambio. Solo dejándonos llevar por nuestro instinto más primario: la humanidad.

  • Los servicios de transporte (Taxis, Renfe, Cabify…) fueron gratuitos la noche de ayer para ayudar a quien lo necesitase.

  • Las redes sociales se volcaron en la búsqueda de personas no localizadas y en dar voz a campañas de ayuda.
  • Movilización masiva de ayuda para llevar agua para la gente atrapada en los túneles de la ciudad, cargar móviles o para difundir teléfonos de emergencia.
  • Se ofrecieron alimentos y ayudas para personas con bebés y otras necesidades específicas.

  • Los vecinos ofrecieron su casa para la gente que necesitase un sitio donde dormir (#BedInBarcelona)

  • Psicólogos voluntarios fueron a ayudar donde se les necesitase.
  • Los hospitales se llenaron de gente dispuesta a donar sangre, a servir de traductores, a ayudar de la manera en la que pudiesen.
  • Los restaurantes han ofrecido comidas gratuitas.
  • Nació el movimiento #YoTeAcompaño para acompañar a los miembros de la comunidad musulmana y que estuviesen seguros en las calles.

Seguramente se hayan hecho muchas más cosas y no lo sabemos. Y se han hecho sin pensar, sin reparo, sin esperar un minuto. Todos puestos a trabajar para ayudar de inmediato. Porque es lo que nos nace. Porque es lo que somos.

No somos bombas. No somos sangre. No somos crueldad ni injusticia. Somos amor. Amor del bueno.

Nos duele el mundo.

Nos duele siempre.

Nos duele Nigeria, nos duele Kabul.

Damasco, París y Manchester.

Hoy nos dueles cerca, Cataluña.

Dejar respuesta

¡Por favor, deja tu comentario!
Por favor incluye tu nombre aquí