Los próximos comicios del 4 de mayo no son algo rutinario sino excepcional. Después de contenerse durante dos años, la Presidenta Ayuso dio rienda suelta a sus instintos y disolvió la cámara madrileña tras el pretexto de una posible moción de censura motivada por la tentativa murciana. No hace falta ser politólogo para intuir que Díaz Ayuso llevaba tiempo deseando convocar elecciones, basta con observar la evolución de su posición en las encuestas. En su primer año llegó a aumentar sus escaños en un 50% estando a día de hoy muy cerca de duplicar los escaños de los que ya dispone. Estos dos años para la presidenta han sido como mantener a un niño alejado de un caramelo. Esta convocatoria no es algo más, trasciende los límites de la región de Madrid y se cuela en la Moncloa.

El asalto se da entre Díaz Ayuso y Sánchez. Durante todo el periodo pandémico el gobierno madrileño ha sido el único que ha buscado sin descanso la confrontación con el ejecutivo, y no, no hablamos de confrontación ideológica sino puramente estratégica. Pablo Casado, o mejor dicho, sus asesores, han visto en este enfrentamiento dual la oportunidad de recuperar al votante robado por Vox. Los azules cuentan con una ventaja, la ultraderecha no dirige ninguna comunidad autónoma por lo que esta no puede ni siquiera subirse al ring estatal. No obstante, la presidenta no cuenta con que Casado no delegará en su persona. Esta estrategia es algo temporal, a la dirección del Partido Popular no le interesa que Ayuso se haga con el poder a nivel nacional, ya lo vimos cuando Sáenz de Santamaría, siendo la candidata a presidir a los azules más cualificada y con mayor carisma, no contó con los apoyos suficientes para proclamarse victoriosa. Isabel Díaz Ayuso no es más que un eslabón de la cadena popular que busca desestabilizar al ejecutivo de Sánchez. A mayor confrontación y mayor ruido, más fácil pescar votos.

Algo que resulta cuanto menos inverosímil son las motivaciones de muchos madrileños para otorgarle el voto al Partido Popular madrileño, partido que ha demostrado grandes carencias en labores de gestión y administración durante esta pandemia. No entraré a juzgar dicha opción, sin embargo, ante tal contexto observemos la estrategia de Ayuso para este 4 de mayo. ¿Cuál es su programa? Sánchez, Sánchez y más Sánchez. No lo dice servidora, lo dice su propia propaganda electoral en la que no incluye más que la palabra libertad y sus discursos dirigidos hacia el Presidente del Gobierno. ¿Qué pasa con la sanidad y la educación? ¿Y con las residencias de ancianos? ¿Y con la violencia de género? Esto no le interesa a Isabel, no encaja dentro de sus planes de desbancar a Sánchez. Mas Isabel, tenga cuidado no vaya a ser que el monstruo que está creando acabe por devorarse a sí mismo.

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