La República Centroafricana es un país sin salida al mar que se encuentra en el corazón de África. Asolado por conflictos internos desde su independencia en 1960, la República Centroafricana (RC en adelante) sigue sin conseguir mantener una estabilidad nacional que permita a su población salir de la pobreza extrema en la que se encuentra. Sus numerosos recursos naturales – uranio, oro, diamantes y petróleo- no se traducen en riqueza para los centroafricanos, que viven entre la inseguridad y el analfabetismo. La intervención de la ONU y de otras potencias extranjeras tampoco parece ayudar a que la situación mejore y, de hecho, hoy en día parece no hacer más que empeorar.

Desde 2013, el principal problema en RC es la religión, a pesar de que ésta se entrelaza con la política constantemente. Es importante saber que el 50% de los centroafricanos se declaran cristianos, mientras que apenas un 15% es musulmán, si bien ambas religiones han convivido en el país hasta muy recientemente. De hecho, fue en 2013 cuando una milicia armada musulmana llamada Seleka consiguió tomar el control del país tras derrocar al Presidente e instauró el miedo por todo el país, atacando e intimidando a la población cristiana. Esta milicia está conformada por musulmanes mayoritariamente aunque sus orígenes son simplemente grupos antigubernamentales que ya sembraban el terror antes del derrocamiento del Presidente. Desde ese momento el país está sumido en una Guerra Civil que enfrenta a los musulmanes contra los cristianos, que para protegerse de los Seleka han creado grupos armados llamados anti-balaka y que son igual de cruentos que sus enemigos.

Las fuerzas internacionales de la ONU acudieron rápidamente al país para intentar proteger a la población civil, que se va acosada por unos y por otros constantemente y de forma brutal. Desafortunadamente, la misión MINUSCA de cascos azules acabó empeorando la situación después de numerosos casos de abusa de la fuerza por parte de los cuerpos internacionales, y aunque hoy en día son los únicos garantes de seguridad en la mayoría de las zonas urbanas, su imagen ha sido gravemente dañada para la mayoría de los centroafricanos.

Además hay que contar con que hay más de 400.000 refugiados y más de 400.000 desplazados dentro de un país que tiene una población de 4,5 millones de habitantes y que es de los más pobres del mundo. La tensión que se está viviendo en Sudán del sur, y el número de refugiados que está llegando a RC desde allí tampoco ayudan a la estabilidad del país, así como la cercanía de las milicias de Boko Haram tampoco facilitan la seguridad de una población que ya no sabe dónde ir.

El año pasado la visita del Papa Francisco dio un halo de esperanza al país, incluida la población musulmana, que veía en esta visita una oportunidad para el entendimiento y el diálogo entre las partes. Sin embargo, más allá de lo anecdótico y peligroso del viaje del Papa a este rincón de África, los conflictos han perdurado y desde hace unos meses se han recrudecido. Las fuerzas internacionales ya no se sienten ni siquiera capaces de garantizar la paz  en muchas zonas y los esfuerzos se siguen manteniendo en las zonas urbanas, donde apenas vive un 40% de la población. Sin embargo, las zonas rurales –y sobre todos aquéllas del norte- están expuestas a la barbarie de los grupos armados.

Conociendo esta información, y sabiendo que todavía hay mucha más que desconocemos, podemos entender que esta violencia ha creado enormes divisiones, odio y deseo de venganza entre compatriotas, vecinos y familiares que serán difíciles de reparar. Para aquellas personas interesadas en conocer más, abajo tenéis un enlace a un reportaje muy completo que explica mejor la situación de la República Centroafricana, un país al que es difícil –por doloroso- dirigir nuestra atención.

 

Puedes encontrar más información del conflicto aquí.

Javier Quevedo
(Madrid, 1991) tiene un grado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y un Máster en Estudios Europeos por la Universidad Libre de Bruselas. Si fuera por curiosidad, continuaría estudiando toda su vida, pero por ahora centra su interés en los movimientos sociales y la UE.

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