Podemos e Izquierda Unida (y las confluencias varias, no se me enfade nadie) han decidido ir de la mano a las próximas elecciones generales del 26 de junio en una jugada que aunque lógica sería muy generoso catalogar como inteligente, pues la vería hasta una piedra.

Pablo Iglesias, que es como una hemeroteca de contradicciones con forma de ser humano, pues no ha invertido poco tiempo en su pasado reciente en atizar y burlarse de Izquierda Unida o “pitufo gruñón incapaz de entender la realidad de un país durante 30 años” Pablo dixit (no sin falta de razón, dicho sea de paso), ha visto en la vieja izquierda un perfecto taburete con el que intentar alcanzar la altura del PSOE, cosa que habría sido a todas luces imposible si hubieran vuelto a ir con el mismo equipo que en diciembre ya que la estrategia post-electoral de Podemos ha sido de un nivel de torpeza que no te la firma ni Artur Mas. En todo caso, Podemos e IU juntos tienen opciones lejanas de gobernar el país, por separado directamente no tenían ninguna: la unión es entendible y la burla por la burla que estamos viendo de ella muestra nerviosismo en algunos sectores que no querían que esas opciones existieran y están en todo su derecho, claro.

No digo con todo esto que Podemos e IU vayan a alcanzar al PSOE con facilidad, si lo hacen que aún está por ver, será sudando tinta china. Pero sin duda esta era la única oportunidad de hacerlo y es encomiable la facilidad e inteligencia de Iglesias para en tan solo dos años lograr absorber los votos de Izquierda Unida con el beneplácito de esta y situarse en posición de lograr la segunda plaza en unas generales. Estamos sin duda ante una figura política de primer nivel y esto hay que reconocérselo: ha dejado en un ridículo que roza el abuso a los Anguita, Llamazares, Cayo Lara o el propio Alberto Garzón.

Y es aquí donde quería llegar, a la figura de Pablo Iglesias y a su estudio como un político que ha sido capaz de algo extraordinariamente difícil. En dos años, un tiempo ridículo para todo lo que ha logrado, ha sido capaz de constituir un partido político que junte a todas las fuerzas a la izquierda del PSOE no nacionalistas (y porque el contexto en esto no ha sido favorable, si no podría haberlo logrado), consiguiendo que todos las ramas territoriales del mismo sean afines a él, eliminando todo atisbo de rebelión o de grandes giros dentro de un partido que junta grupos de gran heterogeneidad y absorbiendo de facto al partido más longevo y representativo de la izquierda española. Todo esto lo ha logrado haciendo crecer su poder y escribiendo de su puño y letra cada paso de la formación sin apenas oposición de cierta envergadura, sobreviviendo a numerosas y oscuras sospechas y a una hemeroteca criminal en la que no faltaba de nada.

Bien es cierto que ha habido condicionantes que han favorecido en todo o en parte la aparición de Podemos o de Pablo Iglesias, si es que realmente y en la práctica estas fueran cosas distintas, como el contexto de crisis económica, casos de corrupción, impulso de los medios de comunicación, etc. Pero el mérito del Pablo político sigue siendo enorme.

Ahora, tras dos años de trabajo, se dirige al reto definitivo con todo el poder en su mano que las circunstancias le permitían y con la posibilidad pero también el deber, por su bien, de superar al que siempre ha sido su rival, el Partido Socialista. Del Partido Popular no hablo porque juega en otra liga, también para él: Pablo ha sido listo pero no tanto y afortunadamente se quedará a unos cuantos cientos de miles de Gentes de asaltar los cielos. Mariano, al que él y otros tantos tratan de bobo, volverá a ganarle unas elecciones generales.

 

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