Inicio Opinión El cambio que se resiste a llegar

Esta semana hemos sido testigos del abrazo entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón en la Puerta del Sol, días antes del V aniversario del 15M. Esta imagen contrasta con aquélla del sofá de hace unos meses, en la que ambos se sentaron en extremos opuestos como imanes de la misma carga que se repelen. Entonces, parecía que una convergencia era imposible y no había posibilidad de que los partidos que estos dos líderes representan confluyeran. Sin embargo, esta semana el acuerdo ha llegado con una rapidez inaudita y la sintonía entre ambos no puede ser mejor. ¿Qué es lo que ha pasado?

La turbulenta escena política española no para de cambiar, haciendo que los ciudadanos lleguemos a perdernos entre tanta información y tanta acusación que cambia de dirección cada semana. Estos meses hemos sido testigos de una manera de hacer política diferente, aunque igualmente decepcionante, y es comprensible que la mayoría de ciudadanos se sientan todavía desilusionados con el cambio político tan proclamado y utilizado en la campaña electoral que finalmente nadie ha asumido todavía.

En cierta manera, el líder al que más se puede culpabilizar de esto es Pablo Iglesias, ya que es él quien institucionalizó la ilusión del cambio. Sin embargo, su extrema personalización e instrumentalización del partido han acabado con la ilusión de muchos. A pesar de ello, es cierto que ha sido capaz de crear un nuevo espacio político en el que muchos ciudadanos se sienten cómodos (hay que recordar que Podemos es la tercera fuerza política del país). Por detrás de Pablo Iglesias podríamos situar a Albert Rivera, ya que él se proclamó líder del cambio cabal, real en contraposición con la fantasía subjetiva de Podemos. Tristemente, para ser líder del cambio, Albert Rivera no ha dudado en aproximarse al Partido Popular repetidas veces para intentar convencerlos de entrar en un pacto de gran coalición, olvidándose de que el PP es el principal culpable de la miseria y de la necesidad de cambio de nuestro Estado.

Tampoco se le puede negar un puesto en esta lista al líder del PSOE, Pedro Sánchez, quien acusó a Ciudadanos de ser la nueva derecha española durante la campaña y después de ésta pactó con ellos antes de siquiera acabar las conversaciones con la izquierda. Supongo que cualquier ciudadano podría entender que el PSOE tiene mayor facilidad para entenderse con la derecha que con la izquierda, por lo que ¿dónde colocaríamos hoy en día al PSOE en el espectro electoral? La lideresa del partido en el sur, Susana Díaz, lleva meses gobernando con Ciudadanos y tumbando todas las propuestas que le llegan desde la izquierda, muchas de las cuales ya había acordado aprobar cuando gobernaba con el apoyo de IU.

A nivel estatal, ¿no hubiera tenido más sentido ver una aproximación entre los líderes del cambio? Parece ser que no, y que lo más importante para Albert y Pablo ha sido la llegada al poder. Por ello, ambos líderes han demostrado ser camaleones que cambian de color según el paisaje en el que se encuentren: según el camino que necesiten tomar y que les lleve a conseguir mayor poder. Desde mi punto de vista, este hecho consumado no demuestra la malicia de ambos, pero sí muestra que para ellos el fin justifica los medios. Es decir, puede que Albert y Pablo realmente quieran conseguir el poder para mejorar la situación de todos los españoles, pero ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para ello?

Alberto Garzón, el eterno solitario de IU, ha mostrado ser más fiel a sus ideales. Sus concesiones han sido enormes en el acuerdo con Podemos, muchas más de las que les hubieran gustado a sus seguidores, pero con ello ha demostrado que para él la prioridad sigue siendo tener en nuestro país una izquierda unida (y valga la redundancia). Además ha dado una lección de humildad al resto de líderes políticos, mucho peor valorados que él, y que probablemente serían incapaces de aceptar una quinta posición en una lista.

Los resultados del 26J, al igual que lo fueron los del 20D, son impredecibles. El cambio en la izquierda puede suponer un gran cambio en los resultados, pero siempre quedará el escollo posterior de las negociaciones. ¿Aceptará el PSOE negociar un gobierno sin ser ellos quienes gobiernen la coalición? ¿Sumarán Ciudadanos y el PP una mayoría destacable? Lo que sí está claro es que las elecciones van a resultar muy diferentes de las que vivimos en diciembre, y que será igual de importante votar en junio para lograr que los representantes del pueblo no vuelvan a ser personas que no nos representan.

¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!
Y de los labios de todos sale la misma razón:
“¡Que buen vasallo sería si tuviese buen señor!”

Cantar de Mio Cid

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