La historia de Nevenka es la de una mujer valiente que sin saberlo fue la pionera del movimiento MeToo en nuestro país.

Para quién no la conozca, Nevenka Fernández es una economista que desempeñó las funciones de concejal de Hacienda en el Ayuntamiento de Ponferrada, León. Nevenka fue la primera mujer española en lograr la condena por acoso sexual de un político, en este caso del alcalde de dicho municipio, Ismael Álvarez. Fue un proceso muy complicado en el que acosada por la prensa y amenazada por el propio Ismael consiguió alzar la voz y enfrentarse a todo y a todos. Acusar a un político de una cuestión tan poco tratada como era el acoso sexual era un reto, mas Nevenka reunió todas sus fuerzas y decidió ir hasta el final. Podríamos hablar de un litigio entre David y el poderoso Goliat.

La poca conciencia feminista de la época hizo que el alcalde contara con el apoyo mayoritario de su municipio. Miles de personas se manifestaron en señal de apoyo a Ismael Álvarez, pocos dudaron de su inocencia. El conflicto giró una vez más en torno a la víctima, la mujer. «Si a mí me tratarán como ella afirma yo me habría ido del trabajo, si siguió allí es porque es mentira lo que dice. Yo no me dejaría», gritaba una mujer a una cámara que retransmitía la concentración. Ah, espera, que si sufres acoso debes ser tú, la víctima, la que deje todo. ¿No sería lo adecuado denunciar antes que renunciar?

El fiscal de la sala fue sustituido, siendo así el primer fiscal apartado de un caso en nuestro país, debido al trato poco empático e incluso vejatorio hacia Nevenka a la hora de formular sus preguntas. Este cuestionamiento del discurso de la mujer lo seguimos presenciando en la actualidad y no es más que una extremidad de la mentalidad patriarcal y nuestra forma de entender la violencia sexual hacia las mujeres. Otro ejemplo de ello ha sido el caso de la Manada, uno de los jueces llegó a apreciar placer en la víctima y no intimidación siendo cinco los violadores. Esta forma de concebir la violencia sexual tiene asumida la superioridad del hombre y pone en tela de juicio la respuesta biológica de la mujer. Si no reaccionaste y permaneciste en shock, mal. Si reaccionaste y debido al forcejeo el desenlace fue terrible, también mal. ¿Quietas o a la defensiva? Y tú, ¿qué hiciste? Esto escuchamos todas las mujeres cada vez que denunciamos o expresamos situaciones de violencia machista ya sea un comentario o una violación.

En los casos de violencia machista no debe cuestionarse el testimonio de la mujer y no, no es una amenaza para el sistema judicial sino una cuestión de igualdad. En la actualidad muy pocas mujeres confían en los cuerpos de seguridad y en los jueces. ¿Las causas? Absoluciones de maltratadores, violadores que pertenecían a dichos sectores, puesta en duda de sus testimonios a la hora de denunciar… Podemos hablar de violencia sexual sustentada por violencia institucional.

«Juzgar la realidad sobre estereotipos es equivocarnos, dar espacio a los violentos, y que éstos sigan ejerciendo su violencia con la posibilidad de que ocurran agresiones graves e incluso homicidios», añadió el delegado del Gobierno central para la Violencia de Género, Miguel Lorente, durante un acto sobre políticas públicas en favor de la igualdad. En nuestra sociedad existen estereotipos que necesitan cambiar, pero lo más grave es que dichos estereotipos condicionen la actuación policial y judicial. La falta de formación con perspectiva de género de las personas que atienden a las víctimas pone en riesgo los derechos de la mujer. ¿Qué llevabas puesto? ¿Habías bebido? Estas preguntas no deberían permitirse en un interrogatorio a fin de mermar la credibilidad de la víctima. ¿Qué importa si llevaba minifalda? ¿Qué importa si iba bebida? Lo que importa es que un hombre me acosó o me violó.

La suerte, o más bien justicia, de la víctima no puede depender de la sensibilidad de la persona que la reciba.

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