El territorio al que hacemos llamar España es un conjunto de culturas y formas de ver la vida que nos hacen compartir muchas más cosas de las que nos separan. Somos pueblo atlántico y mediterráneo, de secano y de costa, rural y urbano, verde y amarillo y es curioso ver como nosotros mismos no conocemos, en no pocos casos, nuestro país.

En esta ocasión no voy a dedicarme a aspectos políticos, sino que voy centrarme en nosotros, en este pueblo sufrido y trabajador, en España.

Hemos vivido, a pesar de todo, una transformación social, cultural, económica y política sin parangón en nuestra historia y que parece no hemos asimilado aún. Quiero ser optimista, pues bastante tenemos con los análisis, en su mayoría ceñidos a la realidad es cierto, pero que hacen que perdamos de vista lo recorrido hasta este 2015 que se acerca a su final.

Lo primero que podemos destacar son los lastres que por suerte hemos dejado atrás y que en cualquiera de nuestras familias son recordados: dictadura franquista, represión, no existencia de derechos o libertades, hambre, ETA, pobreza… una España en blanco y negro que en estos 40 años que se cumplen desde la muerte del dictador a llegado a una “alta definición” que está por ajustarse bien a la antena pues algunos fallos son los que sufren las ondas transmitidas.

Con esto quiero decir que no se puede uno autoengañar y es evidente que se ha producido un deterioro de las condiciones de vida en capas de la sociedad. Una de ellas y de las que más pueden dolernos es la desigualdad que ha crecido mucho estos años atrás, haciendo aparecer viejos fantasmas del pasado en forma de “clases sociales” estancas con el famoso ascensor social funcionando de forma lenta.

Como bien dice el británico Owen Jones, “El éxito social no será que haya una clase trabajadora orgullosa de sí misma y de pertenecer a ella, el objetivo principal para la sociedad es conseguir que no existan clases sociales. La separación por clases sociales al fin y al cabo es una discriminación”.

Competitividad, igualdad, educación de calidad, cultura con prestigio, justicia social y jurídica, bienestar, transparencia y rendición de cuentas, ciencia e innovación… seguro que me dejo algún punto que crees que es importante destacar como objetivos a los que apuntar en España, estaremos de acuerdo en ello.

Pero también podemos estarlo en que estos conceptos clave en un estado de derecho del siglo XXI están dañados pero están ahí, es decir, no partimos de cero. España cuenta, por suerte con ellos, ya que se pusieron en pie en los años 80 y parte de los 90, solo hace falta gente con ganas de cuidarlos y mantenerlos, para que todas las capas de la sociedad puedan disfrutar de ellas.

Vamos a volver a escuchar de nuevo palabras como responsabilidad, diálogo, talante democrático o consenso. No es poco, es un importante paso y lo vamos a vivir en breve.

Dejar respuesta

¡Por favor, deja tu comentario!
Por favor incluye tu nombre aquí