La sociedad está llena de gente adicta a su trabajo y a la que hemos pasado a denominar “workaholic” en el lenguaje coloquial. Es un vocablo que se utiliza para explicar un fenómeno en auge en el mundo laboral actual que mantiene a un elevado número de personas encerradas en su oficina durante la mayor parte del día, y que en general afecta a personas excesivamente ambiciosas a nivel profesional.

Sin embargo, durante mi experiencia aquí en Grecia me he dado cuenta de que hay otro fenómeno que representa muchas similitudes con el anterior pero que es radicalmente diferente al mismo tiempo: este fenómeno podría denominarse “helpaholic”: el adicto a ayudar.

Todas las adicciones son malas y ésta no es una diferencia, a pesar de que consista en hacer la vida de otros algo mejor. El resultado suele ser agotamiento, frustración y la mayoría de las veces una desconexión crónica de la sociedad que les rodea. Los helpahólicos suelen ser personas con buena voluntad y con dificultad para entender los aspectos más insolidarios de la sociedad –lo cual representa su mayor diferencia con respecto a los workahólicos-. Por ello se ocultan en el mundo de la cooperación y en ayudar a los demás, hecho que también les ayuda a escapar de otros problemas personales que les preocupan y en las que no quieren pensar –lo cual representa en muchos casos una similitud con los workahólicos-. Es decir, estas personas prefieren ocuparse de los demás en vez de ocuparse de ellos mismos y que es otro síntoma de las personas con adicciones: “voy a hacer algo que ocupe la mayoría de mi tiempo para así no tener que pensar en aquello que estoy sintiendo, que me incomoda o me hace daño”.

En ello también hay cierta ambición negativa que puede llevarles a querer ayudar más de lo que pueden, a quemarse y no conseguir estar satisfechos con el trabajo que están haciendo. Este sentimiento, debido a la frustración, les lleva a buscar más intensidad y a intentar empujar sus límites, lo que tampoco suele acabar bien.

Por ello es importante tomarse en serio la cooperación y ser consciente de los riesgos que implica. Hay que estar siempre seguro de que nuestro estado emocional y psicológico es el adecuado –es decir, sano- y que no cometemos excesos. Ayudar es una acción seria que en general nos pone en contacto con personas en una situación única y complicada, lo que requiere redoblada atención. Es importante ser consciente de la importancia de lo que estamos haciendo y de que nuestra acción y esfuerzo siempre tendrá una repercusión positiva en el estado de la gente a la que ayudamos.

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