Leonor Princesa Asturias

No es nada nuevo que España es el país de la envidia, del pisotear al diferente y de, en muchos casos, alegrarnos de nuestras propias vergüenzas.

Vaya por delante, antes de proseguir la reflexión, que un servidor se ha mostrado siempre abiertamente republicano. Y eso no quiere decir apoyar la quema de iglesias o preferir estar en la España de 1931. Para mí es tan sencillo como que la monarquía, por muy limitada y moderna que sea, es un sistema anacrónico que rompe con el principio democrático de que cualquier ciudadano pueda ser Jefe del Estado  y que se ampara en un falso miedo a la inestabilidad política.

Dicho lo cual, el viernes la revista Tiempo publicaba un reportaje sobre algunos aspectos íntimos de los reyes y sus dos hijas, la Infanta Sofía (2007) y la Princesa Leonor (2005). En él se pretendía indagar un poco en la vida privada de la niña que, si nada cambia, sucederá a su padre en la jefatura del Estado como Leonor I. Todo lo interesante que puede tener una niña de apenas 12 años cuya suerte o desgracia es llevar el apellido Borbón.

Una de las frases que más revuelo han levantado ha sido ésta: «Así es la futura reina de España. Lee a Stevenson (La isla del tesoro) y Carroll (Alicia en el País de las Maravillas), le gustan las películas de Kurosawa (Los siete samuráis), domina el inglés y tiene una perrita llamada Sara».

En cualquier país normal, no digo rico ni muy desarrollado, sino normal, este párrafo no hubiera tenido la mayor importancia. Pero como decía Manuel Fraga, «Spain is different». Y casi nunca para bien.

Este es un país en el que quienes usan un Mac, llevan gafas de pasta y escuchan vinilos se creen con la cultura suficiente para mirar por encima del hombro a los demás, cuando la única cultura que realmente aparentan tener es la que consumen un sábado cualquiera en una cafetería con libros de Malasaña y muchos hashtags en Instagram.

Un país en el que otros ni siquiera aparentan ser cultos, porque se sienten orgullosos (¿?) de su propia incultura convirtiendo en modelos a seguir a cantantes machistas o a tronistas y demás elementos casposos de Telecinco.

Un país donde por leer te llamaban «empollón» y donde hablar inglés con la pronunciación correcta es «pedante». Mucho mejor el spanglish, que se vea que sabemos pero manteniendo la esencia…

Ese es el país que no termina de creerse que a una niña de 12 años le puedan gustar las obras maestras de Kurosawa. ¿Alguien se ha planteado entonces por qué los colegios llevan a los niños a los museos? Si no pueden decir en su casa que les gusta Picasso o Goya, ¿no? ¡Cómo van a ser nuestros hijos cultos antes de tiempo!

Está claro que no queremos niños con pajarita y clases extraescolares para ser unos verdaderos genios ya a los 6 (porque los hay exagerados por el otro lado)… Los niños deben disfrutar jugando, sintiendo y experimentando. Pero como persona que de pequeño, además de disfrutar todo eso, veía series como Periodistas o películas como Amadeus o Las bicicletas son para el verano, puedo entender a Leonor.

Vale, es una niña privilegiada en una época en la que muchos niños en nuestro país pasan calamidades pero, ¿de verdad que por eso tenemos que hacerla experimentar su primer linchamiento tan pronto? Luego nos sentiremos de maravilla viendo las campañas anti acoso escolar de Antena 3 o el Ministerio de Educación, ¡por fin las autoridades hacen algo!… Algo contra lo que a nosotros nos ha dado por aplicar a nuestra futura reina. «Va en el sueldo» llegará a decir algún bocazas.

En ningún sueldo, y menos en el de una niña, por muy Borbón que sea, está el que se rían de ti cuando aún estás a muchos años de poder defenderte solo en un mundo en el que, desgraciadamente, poner palos en la rueda de los demás es deporte nacional.

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