Pasado el amargo trámite de la formación de gobierno tras el 20D, el pasado jueves comenzó la campaña hacia las elecciones del próximo 26 de junio, unas elecciones a las que la ciudadanía va desganada y con una arraigada opinión de desconfianza y desafección con los políticos de nuestro sistema, como se encargó de plasmar el último barómetro del CIS, en la que las opiniones “mala” y “muy mala” sobre la situación política llegaron a sumar al 82,3% de los encuestados, a sólo 6 puntos del record histórico. A esto le debemos sumar el alto número de indecisos que según el avance del barómetro preelectoral del CIS sigue existiendo a apenas 15 días de acudir a las urnas. Nada más y nada menos que más de un 32%.

Ante el escenario descrito, los partidos políticos se han esforzado en precampaña en atraer y activar a los votantes desde la originalidad y el positivismo. Hay que reconocer que tras el spot de Ciudadanos, que despertó las mofas de muchos televidentes, llegando a ser bautizado en redes como el spot “cuñao”, las puestas en escena de PP, PSOE y Unidos Podemos han sido francamente originales. El video de los gatos del PP, el catálogo de IKEA de Podemos o el video a lo Estrella Damm del PSOE “Imagínatelo sin Rajoy” son ejemplos de la guerra que existe entre los partidos para empatizar desde la originalidad con el votante medio, pero no sólo desde la originalidad, sino también desde el positivismo. Un positivismo que se plasma en los lemas de campaña del PP –con su “A favor”-,  del PSOE  -con su “Un sí por el cambio- y de Unidos Podemos, cuyo slogan es “la sonrisa de un país”, conscientes de que la población tiene un franco deseo de huir de la política de confrontación de los últimos meses y de conseguir formar un gobierno que acometa las reformas que el país necesita.

La campaña electoral esta vez, como en el 20D, será clave. Recordemos que en las pasadas elecciones se confirmaron pocos de los designios que las encuestas profetizaban en su inicio. Ni Ciudadanos se comió el mundo, ni Podemos se estrelló ni el PSOE y el mismo Pedro Sánchez tan estaban muertos como parecían, como en la canción de Peret. Y esto no fue porque las encuestas fallasen estrepitosamente, sino porque no hicieron otra cosa que tomar una foto fija en un momento de gran volatilidad, por lo que era lógico que la foto saliese movida.

Con un tercio del electorado indeciso, los aciertos y sobre todo los errores de los partidos en campaña serán fundamentales para confirmar o no la foto fija que constituyó el último barómetro del CIS. El cacareado sorpasso de Unidos Podemos al PSOE o la posible suma de los bloques de PP-Ciudadanos y PSOE-Unidos Podemos dependerán de citas como el debate del próximo día 13, de las propuestas que lancen los partidos políticos en estos días –todos recordamos el error que supuso la propuesta de la supresión de los agravantes por violencia de género de Ciudadanos- y sobre todo, de las declaraciones referidas al día siguiente al 26J. Porque si en algo coinciden todas las encuestas, es en que la suma de los bloques que antes citábamos se mueve en torno a los 165 diputados, lo que deja el escenario prácticamente igual de abierto que el 20D.

Siento decirles que esta simplificación de bloques que les he ofrecido no significa nada. Los interrogantes no se resolverán el 26J. Como habrán pensado leyendo estas líneas, todo sigue más o menos igual que en diciembre, luego los resultados no pueden, por sí mismos, responder a las preguntas fundamentales. ¿Dará su apoyo el PSOE a Unidos Podemos si hay sorpasso? ¿Los barones del PSOE volverán a atar las manos de Pedro Sánchez? ¿Querrá pactar Ciudadanos con un PP en el que Rajoy no parece dispuesto a retirarse? ¿Reeditarán Sánchez y Rivera el pacto que ya firmaron tras el 20D?

El voto de los ciudadanos no será más que un punto de partida para que empiece el verdadero juego, el que desarrollarán los partidos conocidos los resultados. Todo indica que será a partir del 27J cuando la ciudadanía asistirá, de manera pasiva de nuevo, al juego de cartas entre las 4 principales fuerzas del país. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero vista lo pésima que fue la primera, nuestros políticos no tienen muy difícil mejorar lo presente. Votemos y que las urnas nos pillen confesados.

 

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