España ha entrado por la puerta grande en los sistemas políticos caracterizados por la cultura del pacto, el diálogo y el consenso frente a las diferencias que todos los partidos políticos tienen entre sí, pues cada uno agrupa una serie de principios ideológicos, identitarios y hasta sentimentales diferentes.

Ese cambio no es otro que el de un sistema multipartidista moderado (que no bipartidista – eso es EEUU-) en el que predominaban dos partidos mayoritarios y otros de menor tamaño a nivel estatal y territorial, jugando un papel clave en estos 39 años de elecciones, a otro pluripartidista, con una presencia más igualada de los principales partidos, que se ven obligados (bendita obligación) a hablar, intercambiar puntos de vista y acordar aquellos que redunden en una mayor satisfacción y representación ciudadana.

En el primer sistema de partidos comentado, el multipartidista moderado, encontramos a países como Grecia, Portugal, México o Chile. En el sistema pluripartidista podemos ver países como Dinamarca, Países Bajos, Finlandia y recientemente España, como se vio en las elecciones autonómicas de mayo y recientemente en las generales del pasado mes de diciembre.

Podemos, por tanto, sentirnos reconfortados y optimistas de que España, su ciudadanía, haya dado un salto adelante importante en las exigencias de calidad y rendición de cuentas de toda nuestra democracia en su conjunto, situándonos a la altura de sistemas políticos de países de larga y asentada trayectoria democrática. Ahora falta ponerlo en práctica.

Ese sentimiento racional y ético, de que la exigencia de rendición de cuentas ha aumentado así como la resolución de problemas mediante la gobernanza (interacción constante de los poderes públicos con la sociedad civil), es algo extendido más allá de fuerzas políticas emergidas en nuestro país durante el pasado 2015. Si bien han abanderado estos puntos, como el de la regeneración democrática y la transparencia en todos los niveles de las Administraciones Públicas (y por tanto es positivo), iniciativas en ese sentido han ido copando las agendas del resto de partidos del arco parlamentario.

Positivo es también, sin duda, que el encontrar nuevos actores en la escena política, ha contribuido a relegitimar el sistema político y a incluir a espectros de la sociedad que se sentían no representados.

Los pasos que ahora se deben poner en marcha no son otros que el sentarse a hablar y acordar una hoja de ruta por la recuperación social de nuestro país, la reconstrucción y ampliación del Estado del Bienestar, la creación de un verdadero sistema fiscal progresivo y unas instituciones que verdaderamente representen a sus representados por que se de una comunicación constante, un feedback que haga que no queden desconectados como sí ha pasado anteriormente.

Esta tarea es la que deben poner en marcha en nuestro país los dirigentes, porque así lo han querido los ciudadanos, y hay que dejar de lado los shows televisivos, los focos mediáticos o de plató y la sobreactuación, porque es la hora de la verdad, la de conformar un gobierno de cambio en este país.

Ese es un mensaje para todos, para PP, Ciudadanos, PSOE, Podemos y Unidad Popular, porque está en sus manos. En el pacto hay que ceder y hay que hacer algo tan difícil en muchas ocasiones como ponerse en el lado del otro, ver cómo ven las cosas, sentir confianza y empezar a construir una casa que nunca ha de empezar por el tejado, paso a paso y siguiendo unos patrones de lo más genérico a lo más concreto, para que nada de eso falle.

Pero también es un mensaje de puertas hacia dentro, en cada partido político, porque siempre y en cada uno de ellos al igual que hay militantes, simpatizantes, dirigentes y votantes, se podrán encontrar posturas inmovilistas y posibilistas, duros y blandos. Es necesario que esas dinámicas corrientes y normales queden a un lado, cuando lo que se está tratando es la gobernabilidad del país y el gobierno del mismo, siempre y cuando se cumplan los procedimientos democráticos que los partidos deben producir en su funcionamiento orgánico, como así les exige la Constitución.

Ese también ha sido un clásico debate, para que nos vamos a engañar, entre aquellos que optan por transformar la realidad y los que se mantienen inmóviles por los principios.

Además, y aunque pueda ser motivo de controversia, los medios de comunicación también tienen un papel importante con los mensajes y su influencia en la sociedad, cada uno con su óptica ¿Vende menos dar la imagen de una negociación seria y productiva que un batiburrillo sin solución? Es clave que vayan al contenido y no se queden solo en el continente.

Recordar, por último, que Bélgica estuvo año y medio sin gobierno, sin que la economía, el empleo o las inversiones se vieran mermadas, más bien al contrario, porque nadie debe temer a la democracia y a la palabra.

Y es que no se le puede acabar algo tan básico a una sociedad como el diálogo, pues mucho menos a los representantes legítimamente votados en elecciones.

La paz es hija de la convivencia, de la educación y del diálogo” (Rigoberta Menchú)

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