Albert Rivera en Palma
Albert Rivera en Palma durante un mítin de La España Ciudadana | Flickr de Ciudadanos Cs

Las primarias en el PP y las medidas de Pedro Sánchez; las medidas de Pedro Sánchez y las primarias del PP. Dos noticias copan la sección de política nacional en España en un verano poco habitual. Nada más.

Sin embargo, poco a nada nos podríamos haber imaginado este panorama hace tan sólo dos meses. Y si hay alguien que no se lo imaginaba, ese era Albert Rivera.

En pocas semanas, Ciudadanos ha pasado de ser un partido estrella líder del centro-derecha liberal en nuestro país a ser una fuerza casi ignorada en los informativos y con una posición estratégica de difícil comprensión.

Aunque pocos recuerden ese momento, todo empezó cuando Pedro Sánchez, durante el debate de la moción de censura en la tarde del 31 de mayo, desveló que el objetivo de Rivera era hacerle agónicos sus últimos meses al Gobierno de Rajoy para terminar de rematar a su electorado. El nerviosismo mostrado a través de los gestos del líder naranja sorprendió al propio portavoz popular, Rafael Hernando. Y es que Pedro Sánchez no estaba dispuesto a convocar enseguida elecciones regalándole una victoria a Ciudadanos sin haber podido demostrar su valía al frente del Ejecutivo.

Ciudadanos se había convertido en la muleta de un Partido Popular asolado por la corrupción y, sin embargo, quería mostrarse como una alternativa útil para su electorado. Una suerte de “Eva al desnudo”: disfruta de mi apoyo para hacerte aún más dura la caída.

Con un PP sumido en su primer proceso interno participativo y un PSOE que remonta en las encuestas con las primeras medidas en el Gobierno, la formación liberal no sólo está totalmente fuera del eje mediático, sino que además no disimula su nerviosismo. Ha sido esta semana, tras la reunión entre el Presidente del Gobierno y el President de la Generalitat (la primera en dos años y medio), cuando todo ha terminado por desmoronarse.

Cataluña ha sido (y es) la causa del nacimiento y éxito de Ciudadanos, pero también podría ser su tumba. Un deshielo de las relaciones entre La Moncloa y el Palau deja sin referencias ideológicas a una formación que ha visto en la polarización del debate político su principal llave del éxito en Cataluña. ¿Qué empujaría, si no, al votante tradicional del PSC de la Barcelona metropolitana a votar a una formación de centro-derecha como la liderada por Inés Arrimadas? (puedes ver el análisis del 21-D por Pablo Cabrera en este enlace).

Es lógico que, en este contexto (similar, por cierto, al del PSOE semanas antes de la moción), se produzcan tensos enfrentamientos en los medios con periodistas incisivos que echen por tierra la imagen de moderación y prudencia que hasta ahora habían exhibido, como fue el caso de Esther Palomera y Rivera en El programa de AR.

¿Qué le queda entonces a Ciudadanos? No es una respuesta fácil y ni siquiera es una respuesta única. La gira de mítines iniciada por el partido bajo la marca blanca “La España ciudadana” prometía ser el “éxito del verano” de la política española. Hoy se muestra más como una llamada de socorro desesperada de un partido que parece aspirar únicamente a superar a Podemos en las encuestas.

No menos aterrador se dibuja el panorama de las elecciones municipales de 2019: sin apenas fuerza local en Cataluña, donde sí la tiene el PSC, y con una hipotética recomposición de las filas populares en muchos territorios, Ciudadanos tendría muy difícil hacerse con el voto conservador, frenando así definitivamente sus aspiraciones a detentar el poder del centro-derecha español.

A día de hoy, Pedro Sánchez no tiene aún frente a sí un líder de la oposición claro con un PP huérfano de liderazgo tras 15 años de mandato de Rajoy y un Albert Rivera que se ha visto arrojado al suelo desde los brazos de la multitud que antes le aclamaba. Nunca un Gobierno con apoyos tan débiles lo tuvo tan fácil frente a sus adversarios. Nunca un partido había pasado del éxito abrumador al ostracismo en apenas dos semanas.

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