Uno de los temas preferidos de esta semana en Madrid ha sido el de la “ocurrencia” de nuestra alcaldesa, Manuela Carmena, sobre los jóvenes y la limpieza. Así, el viernes pasado nos despertábamos con el titular “Carmena plantea que los universitarios ayuden a barrer Madrid”. La propuesta/ocurrencia/delirio (según a quien se pregunte) de la Alcaldesa de la Capital  provocó reacciones de todo tipo en las instancias políticas municipales, limitándose en cualquier caso a planear sobre la propuesta sin ir más allá.

Al escuchar a Carmena, a mí me vino a la cabeza un artículo de la Constitución que no ha sido desarrollado hasta ahora de ninguna forma: el artículo 30.3. Este punto 3 del artículo 30, que pese a tener sólo una frase, se pasa de largo cuando uno lee la Constitución, dice lo siguiente: “Podrá establecerse un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general.”

El debate sobre el servicio civil sólo se ha tomado medio en serio en nuestro país a finales de los noventa, cuando con la desaparición de la mili, fruto del pacto entre Aznar y Pujol en 1996, desapareció también la llamada Prestación Social Sustitutoria (PSS), la actividad de carácter social que desarrollaban los jóvenes cuando alegaban objeción de conciencia para no hacer el servicio militar obligatorio. Fue en ese momento cuando se escucharon voces a favor de desarrollar el artículo 30.3 y establecer una ley del servicio civil. Sin embargo, seguramente fruto de la normalidad con la que se acogió el final de la mili y de la PSS, además de la reconfiguración a través del voluntariado de muchas actividades sociales, cualquier debate al respecto se aplazó sine die.

Declaraciones como las de Carmena a mi juicio son positivas, en tanto que pueden ayudar a poner sobre la mesa debates como este, pero debemos de tener una cosa clara a la hora de profundizar en la posible aparición de cualquier tipo de servicio civil. Un servicio civil debe crearse para dar a las personas que inician su andadura en la vida adulta una serie de valores en los que otro tipo de formación no se detiene demasiado, como la solidaridad, el sentimiento de pertenencia a una comunidad o la responsabilidad, nada más que para eso. No debemos caer en la  trampa que aparece fácilmente en estos debates, y es que un servicio civil nunca debe utilizarse como excusa para camuflar trabajos remunerados que deben hacer trabajadores. Sería cuanto menos de locos el que por la mañana nos rasgásemos las vestiduras a causa de los falsos autónomos, las condiciones de muchos becarios de pega de este país, etc. y por la tarde hablásemos de las maravillas del servicio civil, cuando éste no es una forma de fraude distinta de los hechos de la mañana, si pervertimos su función.

En un momento como el que estamos, en el que constantemente nos planteamos y replanteamos el papel de nuestras instituciones y los mismos cimientos que han regido nuestra convivencia durante años, el debate sobre el servicio civil merece al menos un ratito de nuestro tiempo. Planteémonos qué actividades (y cuáles no) podrían entrar en la formación  que diésemos a nuestros jóvenes durante su servicio civil, debatamos si detener nuestra trayectoria profesional o académica un año (o 6 meses, poned vosotros el tiempo) para obtener una experiencia vital distinta es algo positivo o sólo es una pérdida de tiempo sin sentido. Veamos si debe ser obligatorio o no, pero por favor, ¿no es mejor intentar sacar partido de una propuesta, aunque sea desde el desacuerdo con el planteamiento inicial, que limitarse a rechazarla sin más?

Adelante, debatamos sobre el servicio civil. Y por cierto, no nos olvidemos de escuchar atentamente a las asociaciones juveniles, delegados y delegadas estudiantiles y demás representantes directos de la juventud, que seguro que ayudan a tomar una decisión mucho más acertada.

Dejar respuesta

¡Por favor, deja tu comentario!
Por favor incluye tu nombre aquí