Yemen ha conseguido eludir la prensa internacional desde que hace un año y medio estalló un conflicto político-religioso. Este conflicto, convertido en guerra, está siendo ignorado más por obligación que por elección, ya que al igual que otros enfrentamientos en la región de Oriente Medio, hay demasiados intereses involucrados y demasiados países participando directa o indirectamente en él. Yemen, con una población similar a Siria, no sale en los medios, aunque allí se estén produciendo los mismos -o peores- crímenes humanitarios.

En Yemen se enfrentan dos facciones: por un lado, los partidarios del presidente actual, apoyados por parte de la población local suní y varias naciones suníes, por ejemplo Arabia Saudí, Qatar y Egipto, agrupadas en una coalición. En el bando contrario se encuentran los rebeldes chiíes, que han tomado control de gran parte del país, incluida la capital Saná, y que abogan por la vuelta al poder del ex presidente. Además, estos rebeldes cuentan con el apoyo subrepticio de Irán, cuya población es también mayoritariamente chií y cuyo gobierno apoya las mismas consignas que los rebeldes en Yemen: muerte a América y muerte a Israel. Sin embargo, lo complicado del conflicto no acaba a aquí.

El ex presidente SALEH, durante sus 30 años de gobierno, dirigió campañas cruentas contra los rebeldes que ahora le apoyan y que ya antes eran un problema para el país. De hecho, en una de dichas campañas, SALEH mató al hermano del actual líder de los rebeldes, AL-HOUTHI, haciendo del acuerdo actual entre ambos un claro “matrimonio de conveniencia”. Lo que ambos buscan es el fin de la influencia saudita en el país, que es la principal razón por la que HADI, el presidente actual, cuenta con el apoyo de Arabia Saudí. Sin embargo, HADI apenas es capaz de mantener el control de su ciudad natal, Adén, a la que ha vuelto esta semana tras meses en el exilio.

Mientras, la población sufre el azote de las bombas saudíes, que no cesan de caer al mismo ritmo que aumenta el odio contra los saudíes y el apoyo a SALEH y los rebeldes. Estos grupos rebeldes, a pesar de sus tácticas intimidatorias, no matan civiles ni bombardean a la población civil, y por ello muchos los prefieren. De hecho, los saudíes y los integrantes de su coalición están bombardeando colegios, hospitales de Médicos Sin Fronteras, mercados y zonas residenciales con bombas de fósforo blanco. Estas bombas, además de tener un nombre rimbombante, son altamente mortíferas y su uso contra población civil está prohibido, al igual que lo está bombardear los lugares previamente mencionados. Lo más grave, sin embargo, no es que Arabia Saudí esté incumpliendo las normas internacionales de Derechos Humanos -algo que no nos puede sorprender-, sino que lo esté haciendo con material estadounidense, que EEUU se niegue a cooperar con las organizaciones internacionales en este tema y que oculte información sobre el armamento que vende a Arabia Saudí aun conociendo el mal uso que los saudíes hacen de dichas armas.

Los datos son, como el de cualquier guerra, escalofriantes e imposibles de asimilar: 10,000 muertos; 3 millones de niños, madres lactantes y mujeres embarazadas en situación de desnutrición aguda y un 83% de la población con necesidad de ayuda humanitaria. Un buen ejemplo de lo que está pasando en Yemen lo muestran los bombardeos que los aviones saudíes lanzan contra los barcos de los pequeños pescadores. Estos barcos son utilizados por los rebeldes para introducir armas en el país, pero también suponen el único medio de subsistencia de una población hambrienta, agredida e inocente a la que ni siquiera queremos mirar a los ojos. Por miedo a ser bombardeados, estos barcos salen cada vez menos, dejando a la población local sin ningún tipo de recurso y sin alimentos. Son de nuevo los más vulnerables los que sufren con mayor gravedad las consecuencias de una guerra geopolítica de intereses.

Javier Quevedo
(Madrid, 1991) tiene un grado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y un Máster en Estudios Europeos por la Universidad Libre de Bruselas. Si fuera por curiosidad, continuaría estudiando toda su vida, pero por ahora centra su interés en los movimientos sociales y la UE.

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