Decía Maquiavelo en su obra para gobernantes El Príncipe que “todos los príncipes deben desear ser tenidos por clementes y no por crueles”. Siempre se ha dicho que las obras clásicas lo son porque las lecciones que sacamos de ellas, a pesar de los siglos, podemos aplicarlas hoy día.

Cuando la bomba de relojería que era el PSOE en Madrid estalló a pocos meses de las elecciones municipales y autonómicas y fue intervenida manu militari por Ferraz, parecía que ésta era la única manera de poner paz de una vez en la federación madrileña. El tener preparado un sustituto de la talla de Ángel Gabilondo para Tomás Gómez fue una jugada maestra por parte del Secretario de Organización, César Luena, que permitió que en dos semanas la campaña electoral con el profesor de metafísica en los carteles echara a andar sin el menor sobresalto.

Pasada la resaca electoral, y esperando los socialistas madrileños un verano sin sobresaltos, apareció por arte de birlibirloque una convocatoria a un congreso extraordinario del que tendría que salir la nueva dirección madrileña, elegida por primera vez de manera directa por la militancia: 1 militante, 1 voto.

Listos los resultados, con un 57% a favor de Sara Hernández, Alcaldesa de Getafe, y un 43% a favor del diputado regional Juan Segovia, no cabía otra que entregarse a la pura estrategia y al refrán “mano de hierro y guante de seda” para tratar asunto de tan delicada índole. La federación amanecía nuevamente dividida, más incluso que en los tiempos de Tomás Gómez (cuando la proporción era 70-30 aprox.). La difícil plaza que es la Comunidad de Madrid, donde Podemos tiene un apoyo mayor que en otros territorios, exigía una gran altura de miras para construir un PSM fuerte y unido por convicción y no por devoción.

Sin embargo, hay quienes tienen una verdadera adicción a las luchas internas, a las luchas intestinas que terminan por desangrar los partidos políticos. Y si no las hay, las crean. La elección del equipo por parte de la nueva Secretaria General no ha hecho más que reafirmar la premisa de que la democracia es la dictadura de las mayorías. Ni una sola de las personas del equipo de Juan Segovia fue hecha parte del nuevo proyecto, supuestamente, “común”, no fue aceptada ni una sola de las propuestas programáticas de la otra candidatura. Y si por algo debe caracterizarse un líder, lideresa en este caso, debe ser por la capacidad de hacer de su lema de campaña, “y ahora unidos”, una realidad. Pero qué difícil es renovarse insistiendo en las viejas prácticas… ¿De qué sirve la elección directa de un Secretario General si se siguen cayendo en los mismos errores de cuando eran los delegados los protagonistas? La Historia de los socialistas madrileños es por sí misma lo suficientemente oscura como para querer realmente repetirla.

Y apenas tres días han sido necesarios de rodaje para quitar la piedra angular que hiciera derrumbarse tan frágil edificio. El pasado lunes, uno de los hombres fuertes del partido en Madrid y quizás el más mediático, era apartado de su cargo de Portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Madrid. Antonio Miguel Carmona supone un paradigma en lo que a “hombre fuerte” se refiere. Cuando su íntimo amigo fue apartado como Secretario General del PSM y candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Carmona permaneció al lado de la Ejecutiva Federal de Pedro Sánchez. Cuando Manuela Carmena le ofreció ser Vicealcalde de Madrid para reforzar su pacto pero su Secretario Genera se lo prohibió, Carmona se quedó en la oposición “vigilante”. Cuando su mayor ilusión era presentarse para ocupar el puesto que hoy ocupa Sara Hernández, bastó una llamada de Ferraz para que declinase la idea. Pero si algo hemos aprendido de La Biblia es que quien exige sacrificios los exige, de una manera enfermiza, hasta el límite. Solicitar al candidato “que tenía Madrid en la cabeza” que dejase de ser la cabeza visible de su partido en el Ayuntamiento de Manuela Carmena era añadir varios litros de agua al vaso a colmar.

Meses de incuestionable lealtad al Partido, meses de campaña prácticamente sin el apoyo más que de los militantes, meses de duro trabajo y duros equilibrios como Vicealcalde en la sombra, han convertido a Antonio Miguel Carmona en la pieza intocable con una valoración al alza entre la ciudadanía madrileña, y quién sabe si también en el Waterloo de los tejemanejes de Ferraz en Madrid.

No es conveniente intentar apagar un edifico en llamas echando gasolina en vez de agua, e igualmente no era conveniente sustituir al portavoz de las 21 agrupaciones madrileñas en el Palacio de Cibeles. Sustituir a Carmona supone asestar un golpe de autoridad por parte de Sara Hernández que deje clara una cosa: el poder del PSOE-M reside en el Sur. Móstoles, Alcalá de Henares, Getafe,.. Poco o nada pintan en este nuevo esquema las agrupaciones de una ciudad en la que el PSOE sacó tan mal resultado y, sobre todo, Juan Segovia tan bueno.

Demasiados años fuera del control de Ferraz habían convertido a Madrid en la federación perfecta para ser la única bajo control casi directo de Pedro Sánchez. Por eso no hay que olvidar a los clásicos, que en boca de Maquiavelo decían que la ocupación militar es, pues, desde cualquier punto de vista, tan inútil como útiles son las colonias.

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