No caiga por favor el lector en la conexión fácil de foto de Pedro Sánchez + titular de valentía = aplauso fácil. No, la valentía es tener el valor de hacer algo, para bien… o para mal, pero tenerlo.

En 1998 Antonio Mercero, director de series como Farmacia de Guardia (sí, la de Lourdes y Adolfo), estrenaba sin mucho ruido la película La hora de los valientes, una más de la larga lista de películas sobre la Guerra Civil (que, por otro lado, me encantan). En la secuencia principal de la película Manuel y Carmen, dos jóvenes que viven en el Madrid que soporta las bombas de la Legión Cóndor casi a diario, comienzan a bailar al ritmo de ‘Agua, azucarillos y aguardiente’ en un organillo tras su banquete de bodas en el campo. Al poco rato, se oyen en el horizonte los motores de los aviones que se dirigen a la capital. Pero, a pesar de todo, ellos siguen bailando, porque es su momento, y ningún avión faccioso se lo va a estropear.

Pedro Sánchez está más o menos en ese momento, “amenazado” por la ciudadanía papeleta en mano por un lado, y por la militancia socialista por otro. Desde su elección como Secretario General en julio de 2014, se sabía que los resultados de autonómicas y municipales en mayo iban a ser su prueba de fuego, y logró pasar por encima de las brasas sin apenas quemarse: el PSOE perdió votos en términos generales, pero recuperó un poder institucional que no se vivía desde 1999.

Y claro, cuando uno supera las adversidades, se cree capaz de todo, se viene arriba como solemos decir. Ante la amenaza de su militancia, ha decidido hacer lo que póquer se conoce como all-in, es decir, poner toda la carne en el asador. Así, la ex-comandante Zaida Cantera ha pasado a ser la número 6 y la ex-diputada de UPyD, enemiga acérrima del demonio bipartidista, la número 4. Ante la amenaza electoral, por su parte, y aunque parezca un gesto cobarde, ha resucitado el programa electoral que Rubalcaba llevó para las generales de 2011, pero con una salvedad: esta vez no es tan descabellada la posibilidad de llegar al Gobierno como lo era entonces, ya sea de la mano de Coleta Morada, de Pájaro Naranja, o de los dos.

Religión fuera de las aulas, que la Iglesia pague el IBI por sus edificios no religiosos, que de un Estado aconfesional pasemos a uno laico, Educación obligatoria hasta los 18 años,… cuestiones que la militancia socialista tenía que decir con la boca pequeña cuando su partido estaba en el Gobierno y renovaba el Concordato con la Santa Sede o aumentaba la partida de los PGE destinada a la Iglesia. Esta vez, sin embargo, no existe la posibilidad de la mayoría absoluta, es sólo un vestigio del pasado, y ahora son los partidos que apoyen la investidura quienes aprieten las tuercas a unos y a otros.

La oportunidad de mostrarse como un partido que transmita estabilidad frente a Podemos y políticas de izquierdas frente a Ciudadanos tiene una cuenta atrás que termina el 20 de diciembre a las 9.00, cuando los primeros votantes esperen ansiosos en las puertas de los colegios electorales.

Obligada o no, es valentía, y aunque unos y otros bombardeen, Pedro Sánchez parece querer continuar bailando.

Secuencia de La hora de los valientes (1998), a partir del minuto 2.29

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