Este verano, el fútbol español ha dado la bienvenida a la bandera arco iris. El honor se debe al equipo del Rayo Vallecano, que se ha encargado este año de incluir en una de sus equipaciones dicha bandera, convirtiéndose así en la primera prueba visible de que en España y en su famosa liga de fútbol se lucha activamente contra la homofobia.

Hasta ahora el deporte, y sobre todo los que se juegan en equipo, eran un ambiente extremadamente complicado para la comunidad LGTBQ, ya que tanto en el juego como fuera de él eran comunes los comentarios y las bromas homófobas. Esta discriminación ha provocado que numerosos jugadores eviten declarar su preferencia sexual hasta que se jubilan, y ha potenciado la creciente comunidad deportiva LGTBQ, que tiene sus propios equipos y competiciones. Estos clubes fueron creados con el único objetivo de permitir que todas las personas puedan hacer deporte sin sentirse discriminados, y aunque son más populares en el extranjero también tienen una fuerte presencia en España. Su presencia se focaliza sobre todo en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, lo cual deja a otras ciudades secundarias con menos opciones. A pesar de ello, también se pueden encontrar algunas agrupaciones en Valencia o San Sebastián.

De todos ellos, el equipo más conocido probablemente sea el de natación de Madrid: “los Halegatos”, que participaron este verano en el Torneo Europeo LGTBQ celebrado en Estocolmo -sí, hay competiciones internacionales para equipos asociados al colectivo LGTBQ. Su fama no ha hecho más que crecer desde que Cristina Cifuentes, Presidenta de la Comunidad de Madrid, los recibiera justo antes de que partieran para Estocolmo, deseándoles buena suerte. Además, a su llegada a la capital sueca, la Embajada española también preparó una bienvenida. ¿No son esto pruebas irrefutables del progreso que se está haciendo? Es cierto que, idealmente, todos los equipos tenderían que aceptar la diversidad de sexualidades de sus jugadores Pero mientras no sea así, estos equipos que aceptan la diversidad ayudan a que todo el que quiera pueda hacer deporte sin sentirse discriminado, y además tenga un lugar de encuentro social con gente de su misma preferencia sexual.

Muchas agrupaciones deciden también formar parte de competiciones locales, regionales o nacionales en las que ayudan a dar una mayor visibilidad del deporte LGTBQ en lugares tradicionalmente poco acogedores para este colectivo, lo que potencia aún más la apertura del mundo del deporte a homosexuales, transexuales, bisexuales y un largo etcétera. De hecho, eventos deportivos como los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi o el Mundial de Fútbol de Qatar suponen un paso atrás en este campo, ya que ponen a deportistas de élite no heterosexuales en una encrucijada innecesaria, en la que deben elegir entre su carrera deportiva y la defensa de los derechos de su colectivo. Pero incluso en este aspecto se puede ver un progreso, ya que la organización de tales eventos deportivos en países con unas políticas tan represivas ha sido cuestionada por numerosas organizaciones defensoras de los Derechos Humanos y por miembros de la Sociedad Civil.

Finalmente, no podemos olvidar la inagotable cadena de deportistas que están haciendo pública su sexualidad y que afectan al deporte en todos su ámbitos: natación, rugby, remo… Sus historias son estremecedoras, y nos hace entender el sufrimiento de aquellas personas que deben elegir entre aceptar su sexualidad y ser sinceros con las personas que quieren o continuar haciendo lo que más les apasiona. Afortunadamente, la lista de deportistas declarados no hace más que crecer. ¡Y es que la diversidad en el deporte no hay quien la pare!

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