De lo global a lo local, de Burkina Faso a Barcelona y de París al mundo. El odio no entiende de fronteras, ni distingue entre sexos, nacionalidades, religiones ni etnias. No discrimina.

Esta vez el horror llega a Barcelona y con él llegan distintas reacciones: la más bonita la solidaridad y la unidad.

Frente al odio, no nos queda otra que unirnos, que hacerle frente. No quedarnos callados ni entrar en el juego de los que quieren destruirnos, separarnos y sembrar el caos. Porque si odias, estás perdido.

Si crees que es un “ellos” frente a un “nosotros”, han ganado la batalla.  Frente a la intolerancia y el fanatismo, debemos tener una respuesta única, coherente y valiente.

Ese mismo dolor que sentimos en Europa recientemente, se siente en las últimas décadas por toda la geografía, el horror, el egoísmo y los intereses de unos pocos se han globalizado también.

Ninguna mujer se juega su suerte en una barca inflable con su bebé por gusto, nadie cruza fronteras durante días a pie ni abandona su tierra por capricho.

Mete en una coctelera las siguientes palabras: musulmán, islamista, árabe, maghrebí, refugiado y tendrás una mezcolanza. Quien señala, acusa, discrima y no distingue entre islam y grupo terrorista; juega en un terreno peligroso, el del odio y la ignorancia. Olvidan que más del 80% de las víctimas del grupo terrorista Daesh, son musulmanes. Ajenos a las desgracias que pasan en Oriente Medio, de los hospitales infantiles bombardeados, parques, colegios, mezquitas y cualquier lugar donde pueda morir alguien ajeno a todos sus intereses. Porque es más fácil señalar al moreno, a la chica con velo que acude todos los días a una universidad europea, al frutero, al camarero, al que se levanta todos los días con el único objetivo de sacar adelante a su familia.

No es fácil el mundo que nos ha tocado, donde la desinformación está a la orden del día. Donde no se respeta a las víctimas del terrorismo, y el morbo pesa más que la foto del cadáver de un niño en el Mediterráneo. La sociedad olvidó a Kapucinski, que decía que “el deber del periodista es informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia”.

Unidad frente al verdadero enemigo, no caigamos en la trampa. Unidos somos más fuertes y frente al odio, nos encontraran de frente.

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