-Franco murió en la cama…

Uno de esos reproches que los viejos lobos de este país han soportado toda su vida. De un lado y de otro, la frase abofeteaba a los que, como pudieron, salieron para adelante en medio de una dictadura  fascista y violenta.

El otro día murió en la cama otro ex ministro franquista. José Utrera Molina, el mismo que mandó al garrote vil a Puig Antich en 1974. El mismo cuyo yerno no era otro que Alberto Ruiz-Gallardón.

El funeral, muy íntimo, tuvo su clímax cuando Gallardón, con el féretro de su suegro a los hombros, caminando hacia el coche fúnebre, flanqueado por unos pocos hombres repeinados, escuchaba impasible el Cara al Sol entre vítores a Franco. Nadie dijo nada. Nadie pidió explicaciones. Un par de artículos en los medios y todo olvidado.

Esa impotencia de ver como niños que han nacido con todo en sus manos te decían, a ti, ahora viejo y arrugado, que Franco murió en la cama, es la que empiezo a comprender. Es la frustración de sentir algo que no puedes expresar con palabras ni gestos.

Gallardón, previniendo aquello, podría haberse ahorrado el paseillo. Incluso, podría haber lamentado lo ocurrido en alguna carta a los típicos medios casposos. Eso, quizá, habría bastado. A mí, desde luego que no. Pero al menos habría conseguido disimular un poco ante aquellos que votan a su partido -no sabemos aún las razones- .Al menos para que no pasasen la vergüenza de defender algo indefendible en el bar como forofos que protestan ante un gol bien anulado.

Mientras los saludos a la romana resucitaban la esencia de una España franquista, en Francia, Le Pen, una fascista (que ya es hora de decirlo), pasaba a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales junto al ‘Ciudadanos’ gabacho. Liberalismo atroz o Neofascismo.

En España, desconozco si en el país galo ocurría lo mismo, los analistas políticos más deslumbrantes del show televisivo comparaban a Mélenchon, candidato de izquierdas, con la líder xenófoba del Frente Nacional. -Ambos son populismo absolutista- decían mirando seriamente a cámara.

Gallardón mientras tanto, no sabemos si ya con la camisa azul puesta, continuaba llorando la perdida de su suegro franquista.

Así, como Churchill asemejaba a la URSS con el nazismo, los expertos -todos con carnet de partido; imaginaréis el color- hablaban del odio que Mélenchon ha movido durante su campaña. Quizá se olvidaban, esos mismos analistas del cisma de la política internacional, que un compañero suyo, había estado ese mismo fin de semana desfilando con un muerto, al son del Cara al Sol.

Olvidamos que el liberalismo que canta el Cara al Sol, es el mismo, friedmanita e insaciable de riquezas, que llenaba aviones de hombres y los lanzaba al mar abierto en Chile. El mismo que, auspició a Suharto en Indonesia e invadió Irak.

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