Propongo cerrar esa ventana porque aquí hace un frío considerable” es una frase más propia del invierno que del caluroso verano que nos acompaña desde hace unos días. Su inadecuada pertinencia estacional no es algo que importe mucho, pero si se recurre al anecdotario que la Historia de la Humanidad representa, su valor se matiza… y mucho. Estamos ante las únicas palabras de la primera (y última), intervención que el físico y matemático inglés Isaac Newton pronunció durante los más de tres años (1687-1690) que formó parte del Parlamento británico en representación de la Universidad de Cambridge.

Han pasado ya más de tres siglos desde aquel escueto y dudoso ejercicio de representación política. Pero la apatía institucional que ejemplifica sirve aún hoy como acicate para que muchas personas (especialmente los jóvenes –a quienes quiere dar voz RadioParalela.es-), se planteen la revitalización de las organizaciones públicas, y por extensión de la democracia, a través de un papel activo que va más allá de la observancia del frío parlamentario; pedir que se cierre la ventana no es suficiente para ellos.

Desde 2008, la crisis ha golpeado con fuerza a la sociedad del país y ha despertado el interés de los jóvenes por la política, reclamando un cambio de modelo. Según el estudio Política e Internet. Una lectura desde los jóvenes (y desde la red), elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, dependiente de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, el 46,1% de los jóvenes desconfía de la ´política convencional´ y defiende alternativas en las que prime la participación ciudadana, como sería el caso de la ´política deliberativa´. Esta teoría, propuesta por Jürgen Habermas, incita a que la democracia avance hacia un ambiente más participativo de la sociedad en su conjunto, involucrándose en la deliberación política.

El despertar de los jóvenes reivindicando un mayor protagonismo en la sociedad nos recuerda a un hito televisivo de la década de los ´90 a tener en cuenta. Por aquel entonces, se hizo famoso un anuncio publicitario de la marca de coches Renault en el que se presentaba su nuevo modelo Clio para la ´generación más preparada de la historia’. A estos jóvenes, hijos del ´baby boom´, con varias carreras universitarias, masters e idiomas, se les empezaría a conocer como los Jóvenes, Aunque Sobradamente Preparados, expresión que haría fortuna con el acrónimo JASP, los cuales reclamaban una posición en el mercado laboral acorde con su gran formación.

Hecha esta cuña (sin la menor intención publicitaria), vemos que iniciado el tercer milenio el término JASP es el apropiado para caracterizar a aquel 46,1% referido anteriormente,  eso sí, con un nuevo matiz. Este grupo, del que nos sentimos parte, podría pasar a denominarse como el de los Jóvenes, Aunque Sobradamente Politizados.

Las instituciones, procedimientos y reglas de la democracia son pura formalidad si no tienen vida y sangre humana que las alienten. La actuación de los nuevos JASP es una llamada de atención que aboga por la ´humanización´ de la política, cuya materialización sería deseable a través de la lucidez juvenil que da una inteligencia independiente, adecuada para los momentos actuales, aunque quizás impertinente para los que viven para la política y de la política.

Los Jóvenes, aunque sobradamente politizados son personas que con su presencia, su voz y su testimonio público han de llevar a la democracia por los caminos de la exigencia y la responsabilidad, características que han de residir de igual manera en los propios JASP si no quieren padecer el mismo riesgo de autocomplacencia que puede surgir en una democracia condescendiente. En este sentido, la ética de las virtudes, de la disposición activa, del ánimo y del hábito es un componente esencial para garantizar la calidad de la democracia y su permanencia como la mejor opción posible para el gobierno de las sociedades.

G.K. Chesterton decía que “no puedes hacer una revolución para tener la democracia; debes tener la democracia para hacer una revolución”. Y esa revolución es la “Revolución de los JASP”, la de los jóvenes que, gracias a una interiorización profunda de valores (solidaridad, igualdad, libertad, entre otros), del ejercicio de virtudes y del respeto a unas reglas de juego básicas, serán capaces de regenerar el ´ser democrático´.

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