Qué mejor momento para decir, en una semana con tanta Historia como esta, que ha habido cosas para sentirnos orgulloso de vivir donde vivimos o de nacer donde hemos nacido. Porque no por azaroso deja de ser profundamente humano.

Está en la costumbre del español de ahora, en uno de los peores complejos posibles, azotarnos por ser lo que somos y por ser lo que nuestros antepasados fueron. Y yo me niego. España tiene una Historia que merece ser contada, que merece ser motivo de orgullo, que merece ser admirada. Como en este país vivimos 364 días al año diciéndonos lo malos que somos y lo malos que hemos sido, quizás sea una buena idea dedicar este día para recordar a todas aquellas personas que un día ayudaron a hacer este país, y desde este país a Europa y al mundo, un lugar mejor, un lugar del que sentirse orgulloso un 12 de octubre de 2015, no solo por lo que somos, también por lo que fuimos.

Porque este es el país de Francisco de Vitoria, que desde Salamanca dictó las bases para acabar con la esclavitud dos siglos antes que cualquier otro país del mundo.

El país de Manrique y sus ríos que van a dar a la mar.

El país de Nebrija y la primera gramática de una lengua romance.

El país de Fray Hernando salvando desde la Iglesia a gente de la hoguera.

El país de Abraham Zacut animando a Isabel a creer en un loco llamado Cristobal.

El país de Elcano y su primera vuelta al mundo.

El país de Isidoro de Sevilla y su empeño en ser el primer vendedor de enciclopedias.

El país de Ramón Llull y su gigantesco conocimiento.

El país de La Latina, la primera mujer profesora universitaria de la Historia.

El país de Cervantes, que con un brazo escribió Historia y con el que perdió la cambió.

El país del comunero, que dio su vida para que su país fuera de sus paisanos.

El país de Velazquez, que con su pincel “hiló” arte al mismo tiempo que Lope o Quevedo.

El país de Blas de Lezo, que perdió su cuerpo para que hoy leamos a Neruda.

El país del campesino que con palos bailó al francés tanto en Bailén como con Agustina.

El país del que perdió junto a La Pepa.

El país de Ramón y Cajal y sus neuronas.

El país del que perdió la vida para que las pistolas no sustituyeran a las urnas.

El país de Adolfo, que pudo prometer y cumplir.

El país de Vicente Ferrer y su enseñanza en la India.

El país que siendo el 29ª en habitantes es el 1º en donación de órganos.

El país de Santa Teresa, de Picasso, de Dalí, de Machado, de Lorca, de Severo Ochoa, de Becquer y de tantísimas personas que han quedado sepultadas para siempre en el rodillo de la Historia.

Sirva este minúsculo recuerdo para hacernos ver que en este trozo de Tierra al que llamamos España un día alguien pensó mejor que nadie, escribió mejor que nadie, luchó mejor que nadie, pintó mejor que nadie, enseñó mejor que nadie… Y que por ese mismo motivo debemos pensar que tanto hoy como mañana podremos volver a hacerlo. Eso es lo que fuimos, eso es lo que somos.

“Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles”

Amadeo I, Rey de España de 1870 a 1873

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