La manifestación de las mujeres de hace unas semanas en EEUU, extendida al resto del mundo en solidaridad con ellas, ha sido cuanto menos espectacular. Las estimaciones de asistencia han sido desbordadas, el número y la calidad de las oradoras inmejorable, la entrega de las manifestantes inigualable… Puede que sea el movimiento social más grande de los últimos 30 años de historia estadounidense, y es algo que el mundo entero debe celebrar porque es la señal de un cambio femenino de la sociedad estadounidense. EEUU ha demostrado este fin de semana al mundo que no es una nación dormida y que después de muchos años de silencio el monstruo de los Derechos Civiles ha vuelto a despertar para volver a poner al gobierno estadounidense contra las cuerdas.

Desde su nueva residencia de la Casa Blanca, Trump ha sido testigo de la invasión femenina que tomó las calles de la capital estadounidense el pasado sábado para reclamarle libertad y respeto. El despliegue de poder femenino contó con la presencia de mujeres musulmanas llevando velo, mujeres transexuales dando visibilidad a su colectivo, mujeres latinas hablando español, mujeres negras hablando del techo de cristal y monjas hablando de la importancia de la libertad de credo. Todo lo que se oyó desde la tribuna resultaba tan revolucionario que los europeos no podíamos más que sorprendernos de que EEUU siga tan detrás en materia de derechos sociales con respecto al resto de países occidentales.

Entre las ideas defendidas, cabe destacar la gran defensa que se hizo del aborto libre y gratuito, una idea que Trump no quiere mantener durante su gobierno. Además se defendieron otros avances sociales que pueden verse amenazados como el matrimonio homosexual, la libertad de religión o los derechos de la población negra, que sigue sufriendo el hostigamiento de las autoridades policiales. Sin embargo, lo más revolucionario de la manifestación del sábado fueron nuevas ideas que se promulgaron para un nuevo modelo de convivencia dentro de EEUU y que nunca antes habían sido tratadas de un modo tan abierto por la sociedad estadounidense. Entre ellas, las más interesantes son probablemente la reforma del sistema penitenciario, que se ceba con las minorías étnicas y que fue calificado como “esclavitud moderna”; la aceptación de los inmigrantes en territorio estadounidense, ya que “ningún ser humano es ilegal”; la educación pública y la sanidad universal como derecho fundamental y el fin de los préstamos estudiantiles que tienen secuestrada a gran parte de la juventud estadounidense, incapaz de costearse la universidad de otro modo.

Las celebridades pasearon por el escenario una tras otra: Madonna, Scarlett Johansson y Alicia Keys fueron las caras más conocidas, pero la actriz Ashley Judd y la feminista Gloria Steinem fueron las que protagonizaron los mejores discursos del día. “Yo he conocido a la gente y tú no eres la gente. La gente somos nosotras”, le dijo Gloria a Trump; “soy una mujer asquerosa- una mujer ruidosa, vulgar y orgullosa”, dijo Ashley en un discurso radical que el público no dejó de aplaudir. Además se trataron otros temas como la injusta política exterior, la igualdad salarial o la necesidad de un liderazgo femenino dentro del país.

Las mujeres han mostrado su poderío en Washington D.C. y han demostrado que el movimiento feminista puede ser el mayor contestatario de los líderes que hoy están intentando llevarnos por el camino del odio y la división. Las mujeres han tenido más éxito que los hombres en convocar masas de gentes que defienden un mundo de cariño y entendimiento, y es que no debemos olvidar que historia es un sustantivo femenino –al igual que memoria- y que las mujeres están destinadas a reescribir nuestra historia actual para que superemos esta etapa de barbarie y egoísmo. Sin embargo tengo que dejar la última frase de este artículo a un hombre, o más concretamente a una frase del discurso que uno de ellos pronunció en la manifestación y que creo define muy bien la posición que debemos tomar los occidentales ante la situación actual: “cuando se hace difícil amar, hay que amar más fuerte”.

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