Pedro Sánchez, sus barones, baronesas, los 90 escaños, el Comité Federal… Ya antes de celebrarse las elecciones, y por supuesto después, el líder del PSOE y su partido han sido el blanco de todos los medios y del resto de partidos.

Pero como dice el refranero, no todo el monte es orégano, y en todas partes cuecen habas. El liderazgo de Pablo Iglesias y la fidelidad inquebrantable de su círculo más próximo (Errejón, Bescansa, Irene Montero,…) no hacía pensar apenas en verdaderos líderes territoriales o lo que es lo mismo, en ‘barones’ y ‘baronesas’. Y, hasta cierto punto, esto no ha cambiado. Las figuras de Echenique en Aragón o Teresa Rodríguez en Andalucía siguen sin causarle demasiados problemas al líder madrileño, no digamos los del resto de Comunidades Autómonas.

Han sido, sin embargo, las alianzas territoriales con otros partidos, las que han terminado por ponerle difíciles las cosas. Sin una estructura fuerte en Cataluña y Valencia, han terminado siendo Ada Colau y Mónica Oltra respectivamente las que han tomado las riendas. Con papeles diametralmente opuestos, por otro lado.

La alcaldesa de la ciudad condal fue la más votada en mayo, aunque lejos de la mayoría absoluta. Necesitó el apoyo de ERC, el PSC y las CUP. Necesitó un pacto y ceder. Ahora, habiendo sido la imagen visible de la candidatura, parece no recordar el espíritu de diálogo que permitió que cogiera el bastón de mando: En Comú Podem ha asegurado ya que bloqueará cualquier pacto con el PSOE que no incluya la celebración del referéndum en Cataluña.

La Vicepresidenta de la Generalitat Valenciana, Mónica Oltra, era la candidata que prometía convertirse en la Presidenta que acabara con los 20 años de dominio popular en Valencia. El socialista Ximo Puig quedó por delante, y tras intensas semanas de negociación, consiguieron conformar un gobierno bipartito PSOE-Compromís con apoyo puntual de Podemos que se muestra como uno de los más estables. Ayer mismo, Oltra apuntó que el referéndum catalán no debía ser una línea roja para un nuevo Gobierno de izquierdas en España.

Necesidad de pactos, diálogo y cesión de espacio en los programas. Tanto Colau como Oltra han vivido la misma experiencia como políticas, a nivel municipal una y a nivel autonómico la otra, pero tras las elecciones del 20-D han resultado ser la cara y la cruz de las ‘baronesas’ de Podemos.

Entre tanto, desde Madrid, las cuentas mandan: mientras Compromís-Podem conseguía 9 escaños en la Comunitat Valenciana, En Comú Podem suma 12 en Cataluña, es el partido más votado. En un momento en que ni siquiera la unión de PSOE y Podemos es suficiente para alcanzar la mayoría absoluta, cada escaño cuenta, y Pablo Iglesias se ha encontrado con algo que no se esperaba: el descontrol de sus grupos parlamentarios. El acudir juntos a unas elecciones no iba a significar sumisión a lo que dijera el Consejo Ciudadano, máximo órgano de Podemos; el acudir juntos ha terminado por convertirse en un verdadero contrapoder a su liderazgo, aunque de puertas para afuera se venda como una sana pluralidad o democracia. Curiosamente, el mismo lenguaje que utiliza el PSOE para denominar sus disensiones internas.

Ahora bien, ¿quiere de verdad Podemos llegar a un acuerdo? De ser así, cuesta creerlo. Mientras a día de hoy los socialistas no han puesto ninguna, Pablo Iglesias salía la mañana del 21 de diciembre a poner la primera línea roja, tan sólo 12 horas después de los resultados definitivos. Y no sólo eso: en las semanas siguientes en las redes sociales, el terreno donde mejor se desenvuelve Podemos, se han terminado por hacer virales campañas como #JuntosPorSoraya en las que se aseguraba que el PSOE terminaría por conformar la famosa Gran Coalición con el PP, cosa prohibida por el Comité Federal socialista y, de modo más extraoficial, por sus propios votantes.

Sí, definitivamente España no es Portugal. Cuando se celebraron en octubre las elecciones lusas seguí con curiosidad las declaraciones de los tres partidos que han terminado por conformar el pacto de izquierdas que hoy gobierna: el Partido Socialista, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista. La máxima en los tres casos fue la prudencia, el diálogo y el respeto mutuo de los interlocutores, así como la unidad. La máxima del Bloco de Esquerda no fue, desde luego, intentar minar el liderazgo de António Costa, líder socialista y hoy Primer Ministro, a pesar de sus resultados electorales. La máxima para el acuerdo fue, por evidente que parezca, la izquierda, esa izquierda unitaria soñada reflejada en el verso de Benedetti al que que Luis Pastor puso música: ‘Con tu puedo y mi quiero, vamos juntos, compañeros…’

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