Venezuela es a la vez uno de los temas más recurrentes en política y los medios como de las realidades más complejas que se viven en América Latina.

La paradoja de que un país, extractor, productor y exportador de petróleo esté sumido en una crisis económica descomunal es difícil de entender. Sin embargo, sucede que el entramado de crisis está expandido no solamente a la economía, también está presente en la política, el Estado, la geopolítica y la sociedad. Todo ello conforma un cóctel inflamable en un país petrolífero.

Desde entrado el siglo XX en adelante, Venezuela diseñó un modelo de desarrollo entorno al petróleo. Extracción, producción y exportación de petróleo. 

De entre gobiernos militares, la conformación de la democracia socialdemócrata contemporánea en Venezuela da inicio con el Pacto de punto fijo de 1958. De este período se excluyó a la izquierda comunista en el panorama político legal, en sintonía con EEUU, su Guerra Fría y la Revolución Cubana acechando. 

Ya desde entonces el petróleo fue el eje del Estado y de la democracia en Venezuela. Los ingresos estatales derivados de la extracción del petróleo permitieron una socialdemocracia en el medio plazo que no necesitaba de recolección impositiva y por tanto el empresariado campaba tranquilo ante un Estado redistribuidor igualmente fornido. 

El gasto público se instauró de mano de la justicia social en la cara del ciclo de auge del petróleo. Sin embargo los ciclos económicos suben y bajan. Cuando el petróleo redujo los ingresos estatales, el gasto público disminuyó, si bien las expectativas de la población no son ni debieran ser quizás tan cíclicas. Se estima que el ingreso per cápita en 1998 era un 35% menos que en 1970. La disminución del gasto público en su forma más neoliberal además de reducir los niveles de bienestar social, aumentó significativamente la desigualdad y la pobreza. La sintonía popular con la política se desvaneció, al igual que la justicia social que había otorgado entonces el petróleo. Llegaron el FMI y el Consenso de Washington

Entre los años 80 y finales de las 90 la democracia sufrió atentados como control de las protestas por los ajustes económicos. En el 92 se da un intento de golpe de Estado por facciones de izquierda de las Fuerzas Armadas, que fue mitigado, en cámara, por un joven teniente coronel y desconocido Hugo Chávez, quien persuadió de dejar las armas a los compañeros aún sublevados. El golpe no prospera, pero Chávez se convierte en figura política bajo el lema de rendición: hemos sido derrotados, por ahora.

Si bien el golpe no prospera, queda de manifiesto el rol político de una facción de las Fuerzas Armadas. A la liberación de Chávez, este, inició un recorrido por el país de difusión de su figura creando movimiento político, desestimado por los grandes medios por no considerarse figura política relevante. 

Se presentó a las elecciones presidenciales de 1998 por Movimiento V República, para las que las estimaciones le daban alrededor del 10% de los votos, contrariamente a la candidata favorita Irene Sáez, ex miss universo y politóloga. Chávez comenzó a subir en las encuestas y los partidos tradicionales retiraron a sus candidatos para apoyar a un candidato en común, Salas Römer. Estas elecciones ponían fin al bipartidismo del Pacto de Punto Fijo, muy desgastados por política y economía.

Irene Sáez, candidata presidencial y Miss Universo (Flickr)

Chávez, sin partido político y sin programa de gobierno, ganó las elecciones con el 62,46% de los votos. Las comandas políticas de Chávez se referían a una forma alternativa de política, con un discurso anti hegemónico, en pro de la democracia directa y del socialismo (no en el sentido histórico-soviético) y lejano al neoliberalismo. Grandes conceptos y poca precisión.

La primera instancia política por el cambio fue la reformulación de la Constitución. Bajo el lema Refundar la República, el 88% del sufragio convocado a referéndum, aprobaba el cambio. Se preservaron en el nuevo texto, el capitalismo como orden económico y la separación de poderes. Se sumaron dos poderes más: poder electoral y poder ciudadano. Se preserva también la democracia representativa a la que se suman nuevas formas de participación directa. Se mantiene el tradicional Estado como eje central de la realidad venezolana. Se nacionaliza los hidrocarburos cuya explotación y nacionalización pasan a ser monopolio del Estado. El auge del proceso se constituye con la toma de control de Petróleo Venezuela SA, una corporación que trascendía lo político y cuyo manejo de los hidrocarburos le había conferido un poder espectacular en el país. Chávez logra el control de la corporación que en adelante operará en favor de los intereses del proyecto político.

Se preserva un sector privado, un fuerte sector público y se sientan las bases para un sector social. La fórmula ganadora es la del discurso radical anticapitalista con una política económica bastante continuista con garantías al sector privado.

Por otro lado, se enlaza el poder militar con la presidencia,excluyendo control parlamentario sobre las Fuerzas Armadas, y ensalzando el poder militar con pinta de civil en el Ejecutivo.

En abril 2002, el proyecto político de Chávez es estrangulado por un intento de golpe de Estado del que participa la oposición venezolana de todo el espectro ideológico y un sector del ejército. Chávez queda preso en un islote en el Caribe mientras que la ciudadanía repudia masivamente el golpe, tal presencia de la ciudadanía en las calles impide que los militares actúen ante lo que hubiera sido una masacre. La fuerza del chavismo se vio multitudinaria y organizada.  

Hubo apoyo al golpe de parte de EEUU, el FMI se posicionó en favor del nuevo gobierno al igual que el gobierno de España, el cual fue de los últimos países en condenar el golpe.

El segundo episodio de falta de aire al gobierno de Chávez se produce a finales del mismo año con un paro empresarial y petrolero que prácticamente paralizó al país ante la falta de suministro de gasolina. Nuevamente el fin político de esta estrategia era la salida de Chávez. Las consecuencias económicas ante la falta de exportación de petróleo fueron aumento de la inflación, desempleo y pobreza, unos 8 mil millones de dólares para las arcas públicas. 

Para paliar la emergencia social se implementó un plan de contingencia denominado las Misiones (cuya variable del área de la salud fue posible gracias a la cooperación cubana) de organización comunitaria con el fin supremo de generar ciudadanía y democracia participativa a la vez que proporcionar bienestar básico.

El proyecto político de Chávez fue ganando elecciones presidenciales en los años que siguieron. Adoptó sintonía política con el resto de países de la región que tumbaron el proyecto de Área de Libre Comercio de las Américas (iniciativa de EEUU). En su lugar se impulsó PetroCaribe, una iniciativa solidaria de cooperación y estrategia política , y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) de cooperación, gobernanta política alternativa y anti hegemónica donde prevalecen las relaciones Sur-Sur. La política exterior de Chávez si bien constituyó toda una declaración de intenciones a EEUU, también impulsó alternativas geopolíticas que equilibraran el poder hegemónico en el continente.

Nicolás Maduro gana las elecciones presidenciales de 2013 (Flickr)

El proyecto político de Chávez avanzó entorno a su figura y al binomio chavismo cada vez más institucionalizado en el aparato de partido y el petro Estado rentista. La renta petrolera empezó a subsidiar todo aquello necesario, desde la nacionalización de empresas ineficientes a planes sociales (llegó a ser el 70% del gasto público).

Los recursos naturales se convirtieron en aval del Estado para la financiación del mismo.

Sin embargo, el modelo bolivariano se ha venido sumiendo en una crisis financiera de la que no se ve una salida clara.

El precio del petróleo en los mercados internacionales es variable, el precio del mismo a la baja y los avance tecnológicos no incorporados, supusieron el inicio del fin de la bonanza petrolera bolivariana.

Chávez moría en marzo de 2013, unas semanas después, Maduro ganaba las elecciones presidenciales por una estrechísima diferencia con el candidato opositor, Capriles.

La caída del precio del petróleo ha comprometido el modelo bolivariano. La coyuntura internacional ha debilitado la credibilidad del modelo, el desprestigio político (bloqueo, acusaciones ideológicas y persecución judicial a la cúpula gubernamental por narcotráfico) llevado a cabo por Estados Unidos se ha expandido a la mayoría de la comunidad internacional, además que: la financiación internacional se ha ido cerrando a Venezuela. China ha dejado de financiar deuda pública ante los impagos y una Asamblea Nacional opositora que puediera incidir en los acuerdos con Maduro sobre concesiones en petróleo y minería. El bloqueo aplicado por Estados Unidos y acatado por todos sus socios geopolíticos han disminuido las opciones de adquirir y pagar deuda en una situación de déficit de ingresos petroleros.

Para hacer frente a la crisis de financiación, además de intensificar los controles y la regulación de la producción, el gobierno de Maduro ha agrandado la base monetaria de forma incontrolada. Se estima que en 2017 la hiperinflación superó el 2000% y que las importaciones disminuyeron en un 75%.

La hiperinflación y pérdida del valor monetario, sumado a la incapacidad de importar y el déficit de tejido industrial, acentúan la escasez de alimentos y de insumos médicos que agravan la crisis humanitaria. 

Las cifras para determinar el estado de la economía no son oficiales, son publicaciones de agencias, universidades, ONGs y otros. El partido de gobierno con Maduro se muestra opaco en cuanto al estado del país en una argumentación anti imperialista y de guerra ideológica declarada a Venezuela. Irán trata de enviar gasolina pero los buques vienen siendo interceptados antes de llegar a destino por EEUU bajo el pretexto del bloqueo.

La desinversión en el modelo productivo petrolero, ha mermado la producción a niveles de la década de los años 50 y también ha influido en una peor calidad. Se estima que en la actualidad la producción de petróleo de bajo valor añadido en Venezuela se destina al mercado interno, y genera escasos ingresos que son usados para pagar la deuda externa contraída con China y Rusia principalmente.

Se especula con que Venezuela pudiera perder la certificación de país exportador de petróleo de la OPEP a pesar de tener las mayores reservas de petróleo del mundo.

Planta petrolífera del Estado en Venezuela (Flickr)

Como estrategia productiva para hacer frente a la crisis, el gobierno de Maduro propone un nuevo proyecto extractivo minero a gran escala del Arco Minero del Orinoco, una de las reservas con más minerales de América Latina, en la búsqueda de nuevos inversores, mercados internacionales y financiación para el pago de la deuda y reactivar las importaciones. Este proyecto está custodiado por el ejército y propone incentivos tributarios y de poca normativa medioambiental.

La situación de inestabilidad socio económica se acompaña de una situación de inestabilidad política desde las elecciones parlamentarias de 2015. Electorado que antes votaba al chavismo, bajo la ley electoral diseñada para inflar los resultados oficialistas ahora, revertidos, votaron a la oposición generando una mayoría contraria a Maduro. El gobierno de Maduro ha ido modificando la institucionalidad para preservar el control del gobierno y del Estado en lo que cada vez más se acerca a una gobernabilidad autoritaria. El Tribunal Supremo de Justicia, oficialista tras nombramientos in extremis después de las elecciones, declara a la Asamblea Nacional de mayoría opositora, en desacato y por tanto sin competencias. Maduro ante la declaración de estado de emergencia económica se auto otorgó competencias extras para la gobernabilidad por decreto. Se vuelve a convocar elecciones a la Asamblea Nacional en 2017. Para ello se aprueba una nueva ley electoral con un diseño que dejaba fuera del circuito aproximadamente 5 millones de ciudadanos. El rechazo se materializó en forma de protestas convocadas por la oposición que dejó un balance de 130 muertes.

Supporters of opposition leader Leopoldo Lopez riot against police during a protest against Nicolas Maduro’s government in Caracas February 19, 2014. (Flickr)

La oposición optó por la abstención. Se crea una nueva Asamblea Nacional Constituyente, está integrada por miembros del partido de gobierno únicamente y cuenta con poderes supra constitucionales. 

Se repitió el diseño electoral para las elecciones presidenciales de 2018, además de la falta de partidos autorizados para postular candidatos, la convocatoria sucedió con altos niveles de abstención. La abstención ha sido un llamamiento externo desde el Grupo de Lima y desde la Organización de Estados Americanos.

En enero de 2019, Juan Guaidó se proclama presidente interino bajo el pretexto constitucional de vacío de poder. Argumentando que las elecciones presidenciales de 2018 fueron fraudulentas, no reconoce la presidencia de Maduro y así se genera la figura de presidencia interina liderada por la presidencia de la Asamblea Nacional, hasta la convocatoria de elecciones presidenciales legítimas. 

El liderazgo político de Guaidó, reconocido en los últimos años por la mayoría de la comunidad internacional, con EEUU, la UE y varios países de la región a la cabeza, viene perdiendo fuelle. 

El episodio de la fallida operación Gadeón, en la que mercenarios tenían como objetivo llegar a Maduro para deponerlo del gobierno, se ha vinculado con Guaidó dañando su liderazgo que acentúa el déficit de proyecto político hacia reponer la crisis institucional.

Se han convocado elecciones a la Asamblea Nacional para diciembre de este año. Parte de la oposición si va a ser partícipe, hasta la fecha hay 17 partidos políticos que han inscrito a sus candidatos, y que optan por el proceso electoral como salida de la crisis institucional. Guaidó ha afirmado su intención de no reconocer dicha elección. Además, está recopilando fuerzas políticas entorno a esta postura, acusando de cómplices del gobierno aquellos que participen de la convocatoria electoral.

President Donald J. Trump meets with Interim President of the Bolivarian Republic of Venezuela Juan Guaido Wednesday, Feb. 5, 2020, in the Oval Office of the White House. (Official White House Photo by Shealah Craighead)

Partidos políticos venezolanos y el gobierno de EEUU están vinculados a la estrategia de la abstención bajo el nombre de Pacto Unitario en pro de una salida política alternativa a las elecciones del 6D.

Por otro lado, la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, pocos días atrás, anunciaba un cambio de estrategia ante los comicios. Se ha solicitado a Maduro la presencia de una delegación de observadores electorales de Naciones Unidas para garantizar la legitimidad del proceso. A lo que el gobierno ha accedido, la UE también ha sido invitada como observadora.

El opositor Capriles celebraba la disposición del gobierno a invitar observadores internacionales. Capriles, está liderando una campaña política y social en pro de participar en los comicios abriendo una grieta así en la estrategia opositora de negar la elección que sostiene Guaidó. Habría una negociación entre el oficialismo y la oposición de Capriles, recientemente se liberaron e indultaron a 110 presos políticos (y presos vinculados a presos políticos) a la par que se alienta a la participación electoral. La liberación de los presos no ha sido un pacto confirmado producto de las negociaciones. Guaidó ha desvinculado a la opositora Asamblea Nacional de estas negociaciones y persiste en el boicot electoral.

Capriles votando en 2013 (Flickr)

Del Grupo de Lima, Argentina es por ahora el único Estado que apoya el proceso electoral. La Conferencia Episcopal venezolana también ha hecho un llamamiento a participar en el proceso electoral.

El panorama actual tiene varios frentes abiertos: además la gravísima crisis humanitaria (denominada por Naciones Unidas en 2016 como crisis humanitaria compleja, se estima que el 87% de las familias venezolanas se encuentran en situación de pobreza) y la falta de ingresos estatales sumado al bloque financiero, Venezuela contempla: la gestión de la pandemia ante un sistema sanitario que hace años viene denunciando la precaria situación que padece y la falta de insumos; la recesión constante de la economía en los últimos años y la dolarización caótica de la economía que supone la pérdida dramática del poder adquisitivo en bolívares; el déficit de tejido industrial para la manufactura de bienes básicos ante la problemática a la importación en la actualidad; la convocatoria electoral de diciembre para la Asamblea Nacional con una oposición con Guaidó como líder en horas bajas que planea quedar fuera del proceso electoral y la estrategia contraria de Capriles; la lucha contra el bloqueo (se cuantifica en unos 10.000 millones de dólares y 31 toneladas de oro) de los fondos elevada al Tribunal Internacional de La Haya. Relatores de Derechos

Humanos de Naciones Unidas, también han solicitado la suspensión de las sanciones dada su poca eficacia y el impacto infrahumano en la población de las mismas.

Por último, se consolida el giro hacia la derecha en el continente, donde las tensiones con la vecina Colombia y el vecino Brasil vienen escalando; las relaciones con EE.UU. son a pura agresión y alusiones de intervención militar, con la UE y todo aquel que apoye el bloqueo, las relaciones están cada vez más deterioradas. La elección presidencial norteamericana puede ser determinante también para Venezuela y la provisión material del país. Además la internacionalización de la crisis institucional en Venezuela agudiza la complejidad de la resolución ante las presiones e intereses del gran abanico de actores internacionales y que según académicos, la internacionalización de la crisis ha agudizado la misma y alejado una resolución de recuperación política e institucional democrática.

El papel del Estado es central en el modelo de desarrollo en Venezuela, el petrosocialismo es controlado y gestionado desde un Estado vertical que define las posibilidades de consumo de la población. Este rol viene acompañado de un modelo político personalista que compensa la muerte de Chávez con la adquisición de tintes totalitarios. Las bocanadas de aire que la economía venezolana ha tenido en los últimos años han sido las relaciones internacionales políticas y de los mercados de exportación, desviadas de los ejes centrales financieros, en parte por el bloqueo de Estados Unidos. China y Rusia vienen siendo inversores e importadores del petróleo en Venezuela. Sin embargo, estas estarían congeladas ante los impagos y la incertidumbre política e institucional.

El petróleo, eje de las finanzas estatales en Venezuela desde comienzos del siglo pasado, estaría siendo insuficiente para la viabilidad del modelo de desarrollo bolivariano, pero incluso, ante el déficit productivo de los bienes y productos de consumo básicos, quizás podría decirse que el petróleo como única fuente de financiación estatal es insuficiente para el bienestar básico de la población y de la viabilidad del Estado. 

El futuro político es incierto, la oposición que no reconoce la legitimidad del gobierno no está encontrando vías de reformular la crisis institucional al unísono. Parte de la oposición si va a participar en las elecciones de diciembre, pero el hecho que no concurra toda ella, fragmenta la estrategia de cambio al no estar dando con otros espacios mientras que el Pacto Unitario tenga una línea más concreta y legitimada por todos los actores políticos. 

Mientras tanto, el chavismo de Maduro se mantiene en una estrategia de trincheras y desgaste. Mientras el nudo institucional se sigue retorciendo, la crisis económica, humanitaria y las penas injustas  se siguen acentuando. 

A dos meses de las elecciones, la incertidumbre afloja con algunas bocanadas de acercamiento y resolución interna, to be continued

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